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sábado, 17 de julio de 2010

Educar o Aguantar en el Aula

No sólo el aula es un sitio para aprender

¿Extener el horario escolar singifica más de lo mismo?


Muchas veces he escuchado la expresión “es mejor que los niños y los jóvenes estén en los centros educativos que en la calle”, sin dudas que esta afirmación es muy acertada. Pero hasta qué punto el centro educativo deja de ser una institución de enseñanza para transformarse en una “aguantadero” o guardería de niños y jóvenes.
Tanto en el ámbito público como en el privado se propone aumentar la carga horaria de los alumnos como solución a varias de las necesidades y realidades sociales existentes – delincuencia, fragmentación social, abandono, dificultades de aprendizaje, ampliación del currículo escolar, aumento cualitativo de la demanda educativa, extensos horarios de trabajo de padres y adultos responsables de los menores, etc…- Todas muy válidas y de distinta índole.
Cuando se trata este tema muchos docentes se niegan y se les “achaca” (acusa) socialmente de no querer trabajar más horas y de estar mal acostumbrados a jornadas cortas… No voy a negar en este artículo que muchos docentes desean trabajar menos horas, ¿quién no? Y que además les molestaría aumentar la carga horaria… Pero seamos sinceros y vayamos al grano la mayor problemática a la que se enfrenta la extensión del horario escolar es otra.
¿Por qué el simple hecho de aumentar el horario escolar lo garantiza una mejora educativa ni social?
Sencillamente porque más tiempo no significa más calidad educativa.
Las escuelas recogen alumnos con una inmensa problemática social y familiar, muchos de ellos carecen de los hábitos más simples de higiene, alimentación y convivencia –sin escapar ningún sector social- así como de la contención familiar necesaria para el desarrollo de un “psiquismo” sano o en otras palabras para la conformación de un individuo saludable física, mental y emocionalmente. Podría pensarse entonces que la mejor solución para esta realidad que nos desborda es justamente aumentar el horario en que los alumnos se hallan en el centro educativo a fin de brindarle todo aquello que su familia no le proporciona. ¡Grave error!, el docente, más específicamente, el maestro o profesor, no es un profesional formado para cumplir el rol de padre o madre. Más allá de los esfuerzos que muchos realizan y que merecen nuestro mayor reconocimiento, la función del docente no es un “apostolado”, en la que muchos se basan para cargarles al hombro cruces que no les corresponden.
Son profesionales que trabajan igual que otros para vivir de los ingresos que les proporciona la tarea que realiza. Existe una mala concepción social de que la única recompensa de un docente es ver a sus alumnos crecer como personas.
La preparación que recibe este profesional es de formador, de educador, de brindar a los alumnos estrategias de aprendizaje, o más bien debería decir, de poner a los alumnos en situación de aprendizaje –aplicando el concepto de situaciones a-didácticas de Brousseau, al cual me sumo- y procurar que construyan conocimientos significativos. Es cierto que los conocimientos que procuramos transmitir o construir con ellos no son sólo los aportes de distintas disciplinas científicas (matemática, lenguaje, física, química, historia, geografía, etc.) sino también un cúmulo de valores sociales que nos hacen como “personas”. Por eso hace un buen tiempo se puso de “moda” hablar de contenidos educativos conceptuales, procedimentales y actitudinales – según nos explica Pozo- , siendo estos últimos los que parecen más carentes en nuestra sociedad global. No discrepo con esta idea, cuando un docente enseña: forma, y le debe dar suma importancia a la carga de valores sociales que procura favorecer en sus alumnos. Esto no es más que la función de agente de la socialización que tiene y que tanto le pesa –de la que nos hablaba el “viejo y querido” Durkheim. Pero esta función no es la única que posee, también está formado para brindarle a sus alumnos conocimientos que la humanidad en su conjunto a recogido y que parecen quedar en segundo plano frente a la realidad de una extensión horaria que busca solucionar problemas de índole social y no tanto educativos, y que además carga a los docentes con un peso para el que no están ni preparados ni dentro de su rol.
Muchas veces he sentido el deseo de gritar. ¡No quiero ser padre de mis alumnos, quiero ser su maestro! Jamás asumiría una responsabilidad que no me compete, ayudar en la tarea claro que sí, pero ocupar un rol que sería tan nocivo para el alumno como la ausencia del mismo, eso sí que no lo deseo, ni para mí ni para ningún docente que se precie. Ser padre o madre es para toda la vida en cambio ser docente dura un año lectivo.
Si vamos a extender el horario hagámoslo con coherencia, brindándole a los alumnos una mayor oferta educativa y locativa. Tampoco construyendo más salones se arreglan las cosas, sino ampliando los espacios educativos –gimnasios, talleres, teatros, campamentos, bibliotecas- que en muchos casos pueden estar fuera de la escuela.
Cuando el horario se extiende la escuela corre el peligro de convertirse en una cárcel para los alumnos que se sienten bajo control y para el docente que lo vivencia como carcelero. No es novedad mía que los centros educativos tienen mucho en común con las cárceles ya lo decía Foucault; por ello es preciso extender la oferta educativa, sustancialmente.
Extender el horario sí, pero no bajo la simple tutela de los docentes en el salón de clase. Extender en horarios, significaría que se extiendan también los espacios, físicos y de participación. A qué me refiero, a que se construyan centros recreativos, deportivos y de asistencia psicológica. Donde convivan docentes, médicos, psicólogos, asistentes sociales y otros profesionales vinculados a la problemática que queremos atacar. No mandemos a los docentes a “la guerra con un tenedor” y creemos un falso discurso político de “más educación igual a mayor carga horaria”, depositando cruelmente la responsabilidad del total éxito de proceso de socialización en los docentes y ya no en otros miembros de la sociedad.
Conozco un excelente profesor de literatura, calificado y efectivo, trabajaba en un centro educativo complejo socialmente desfavorable. Un día me dijo tuve que hacer a un lado los mejores autores de la literatura mundial para enseñarles a mis alumnos como lavarse los dientes… Veamos las cosas desde esta perspectiva, ¿aquel docente que ama las letras, las artes o los números, que tiene la habilidad de cobrarlos de significado para sus alumnos, merece la frustración de tener que dejar de lado aquello para lo que se formó para tomar un rol que no le compete y para el cuál no recibió ningún tipo de preparación? Sin dudas que no, no lo merece y no debe ser de ese modo, porque entonces estamos limitando el conocimiento de la humanidad a unos pocos…
Si queremos atacar una necesidad de aumentar la oferta educativa hay que hacerlo sustantivamente, es decir, cuantitativa y cualitativamente. Es importante además integrar a los padres y adultos responsables a fin de ayudarlos en la tarea de formar a sus hijos y no sólo hacerla por ellos.
También es preciso poner a disposición de los alumnos, docentes y otros profesionales recursos reales y no ficticios. Quien no sintió satisfacción cuando le informaron que un psicólogo trabajaría en vuestro centro educativo y luego sintió la frustración cuando le dijeron que sólo era para orientar a los docentes en “algunos casos puntuales” y que no trabajaría con los alumnos directamente. ¡Vamos! Dejemos de hacernos trampas al solitario, debemos poner de verdad todos los recursos profesionales disponibles al alcance de nuestros alumnos si en verdad queremos una mayor educación una mejor integración social. Sin menor importancia son los recursos físicos que hacen y crean a un buen ambiente educativo, para qué tener un aula llena de computadoras (ordenadores) si después no hay un profesor calificado, ni un servicio técnico disponible… Sin duda que requiere un esfuerzo económico, estructural y social de parte del Estado y de toda Empresa Educativa Privada, un esfuerzo en el que los decentes acompañen pero no en el que sean los únicos en la batalla. Valdrá la pena ese esfuerzo colectivo si lo que pretendemos en mejorar la calidad educativa y social y no tan sólo crear espacios de depósitos de menores y de responsabilidades de sus adultos a cargo.
Finalizo con la reflexión de un querido alumno: “Maestro podemos venir otro día a la biblioteca municipal así perdemos tiempo de estar en la escuela”. Me uno a este alumno y digo: Ojalá perdamos más tiempo de escuela y recuperemos más tiempo de otros espacios educativos significativos…

Mtro. Carlos García Egures

lunes, 15 de febrero de 2010

Los productos sociales y culturales de la sociedad capitalista: el pan nuestro de cada día.

Está en todos los discursos: “Se necesita más educación para evitar la violencia, la desintegración social, la marginación, la delincuencia,...” Es una consigna histórica, casi un cliché trillado y repetido; una obviedad y un caballito de batalla de políticos, filósofos y parlanchines de todo tenor. Entonces cabe preguntarse: ¿en qué consiste la educación? ¿Qué tipo de educación es necesaria para un intento con pretensiones de éxito frente a estos problemas? ¿Qué otros factores se deberán aglutinar junto con lo estrictamente educativo, a modo de conformar una alianza cultural que asegure progresos en el sentido que se busca? ¿Se está realmente dispuesto a un esfuerzo radical y decidido (y por demás necesario) para promover una revolución cultural y un cambio profundo de las estructuras sociales y mentales que sostienen y retroalimentan estas problemáticas? ¿Se seguirá apostando por medidas causi-estériles, cortoplacistas y aisladas, que se saben de antemano insuficientes?
Para hacer un análisis medianamente responsable es necesario ir a la base, a la raíz (aplicar el correcto significado de la palabra radical, satanizado tendenciosamente por los conservadores).Y la raíz, la esencia, es el ser humano y su organización social. El ser humano y el conjunto de estructuras que conforman la realidad existencial.
¿Qué rasgos distintivos presenta la sociedad uruguaya actual y las personas que la conforman? ¿Cuáles son los problemas más acuciantes para esos conglomerados humanos? Dos preguntas claves para comenzar a pensar y a vislumbrar respuestas que vallan garabateando un horizonte de alternativas viables y sustentables al desafío que hoy se plantea: ¿qué y cómo puede hacer la educación para lograr cambiar las condiciones sociales, para ir a la construcción de una sociedad más justa, inteligente, culta, sensible y humana?
Sabido es que la sociedad uruguaya, así como la de la totalidad de los países capitalistas está conformada por clases sociales, pero los grandes problemas que presentan involucran a su conjunto (a todas las clases) de una u otra manera. Pongamos un ejemplo: en el problema de la delincuencia, no solo las personas marginales y con escasísimo nivel cultural son la matriz del asunto, también un ciudadano de clase social alta, con alto nivel educativo pero esencialmente egoísta, individualista, hedonista e insensible, también lo es. El primero es empujado al robo, la violencia y la degradación moral y física por su entrono y su realidad (marginación, miseria, falta de valores, nula autoestima, etc.) y el otro incapaz de hacer algo para tratar de evitar que otros seres humanos se sigan corrompiendo, que la brecha entre clases se siga profundizando. Es su cultura, la del consumismo y la frivolidad, la que se trasmite por todos los medio y estalla de la peor forma en las mentes más traumatizadas y alienadas por la miseria y las drogas. Es el cóctel perfecto de irracionalidad y resentimiento que desemboca en violencia bestial. Lo que pasa es que desde hace muchos años la pobreza es un problema de los pobres para las clases más acomodadas; sólo se preocupan cuando las consecuencias del problema llegan a niveles críticos y la violencia los envuelve y los martiriza llevándose vidas y bienes. Sólo ahí, parece que ponen pie a tierra, pero la reacción casi siempre va en dirección de más medidas represivas, cárceles, paramilitares, medidas de seguridad extremas. En definitiva, más desintegración social, más fragmentación, más enfrentamiento y violencia. No se atacan las causas del problema sino sus consecuencias, y la historia continúa. Eso es los que nos toca vivir hoy.
Volviendo al núcleo del análisis: ¿qué acciones educativas serían las más potentes para transitar un camino de soluciones al problema de la desintegración social, la delincuencia y la violencia en nuestras sociedades? Estoy convencido de que si no existiera ni un ser humano martirizado por la insatisfacción de las necesidades básicas, los abusos y la violencia, los índices de delincuencia serían mínimos. Tendríamos otra sociedad, mucha más plena y armónica, realmente integrada. Entonces se trata de separar, de cortar el vínculo que une a muchos seres humanos con esas condiciones espantosas que lo vuelven rápida e irremediablemente en una bestia desalmada. Pero el problema es complejo, ya que cada niño que nace destinado a esas lamentables condiciones de vida, nace en el seno de una familia portadora de nefastas influencias que se vienen trasmitiendo de generación en generación. Entonces tenemos que atacar el problema de distinta manera, según a quién esté destinada la ayuda. Como el problema no es una cuestión de todo o nada, sino de grado; tenemos que hacer llegar los medios necesarios para generar oportunidades de cambio en los adultos: correcta alimentación e higiene, empleo, mejoramiento de las condiciones de la vivienda, asistencia sanitaria, psicológica, etc. En definitiva un tremendo esfuerzo humano y económico organizado. Habrá muchos que por su alto grado de alienación y deformación rechazarán todo tipo de ayuda que les demande un mínimo esfuerzo, tal vez sean los insalvables cuyo destino estará en los centros de reclusión donde el trabajo también estará presente como método de corrección y castigo.
Pero habrán otros que estarán dispuestos a transitar el camino de la humanización, sobre todo si les hacemos comprender que de verdad nos interesamos por ellos porque los vemos como seres humanos con iguales derechos que nosotros, que queremos ayudarlos porque sentimos su dolor y su situación nos angustia, porque poseemos conciencia social y somos capaces de visualizarnos como especie, rompiendo los perimidos esquemas del individualismo.
Mientras estos procesos se desarrollan en la vida de los adultos, en los niños y adolescentes habrá que actuar como se dijo, aislándolos de los factores sociales deformantes que emanan de la urbanidad marginal, de la basura material e intelectual que irradian nuestras ciudades. Son necesarios otros ambientes, otros contenidos, otras influencias para ir creando el cambio de mentalidad que buscamos. En ese sentido el ambiente rural, la vida comunitaria en escuelas-colonias, donde se respire respeto por el trabajo intelectual y manual en forma cooperativa, comprenden un horizonte alternativo. Porque donde haya esfuerzo constante, dedicación, producción cooperativa y valores, junto a al rechazo radical ante cualquier intento de individualismo, soberbia, violencia e insensibilidad por parte de niños, jóvenes o adultos; se irán conformando las simientes de una nueva sociedad. De aquí saldrán los hombres nuevos que forjarán la nueva sociedad.
Como se dijo, esto no es sólo el problema de una clase social, sino de todos. Si bien los pobres son el eslabón más débil y el sector más vulnerable a los efectos deformantes de esta cultura antihumana y bárbara, también las capas medias y altas están afectadas. La insensibilidad, la búsqueda del placer inmediato, del éxito instantáneo, la frivolidad, la comodidad, el individualismo y la alienación atraviesan todos los estratos sociales en forma transversal. Todo gobierno serio y dispuesto a dar una lucha frontal para mejorar las condiciones de vida de la población y promover la revolución cultural se tendrá que meter con los grandes medios de comunicación. Que no son otra cosa que grandes empresas con fines de lucro, mucho más interesadas en el marketing y en promover el consumo inconsciente, que en impulsar contenidos culturales que ayuden a la gente a ser más libres e independientes respecto al mercado y sus prácticas.
Vivimos bajo una dictadura mediática alienante. Si no fuera así, como se justifican 8 o 10 horas por día de contenidos banales, chabacanería chismes y pavadas. A eso hay que sumarle la publicidad y las noticias catastróficas, el recorte policial, las novelas, etc. ¿Qué queda para la cultura, el desarrollo de la conciencia y la sensibilidad? Casi nada.
Por eso reclamamos una intervención enérgica por parte de los gobiernos, a fin de limitar este tipo de contenidos. No se trata de impedirlos, cualquiera es libre de atentar contra su salud mental y tiene el derecho a idiotizarse, pero también debe tener derecho a probar otra cosa, a tener un espectro más amplio de contenidos y propuestas para ver y oír. Lo que reclamamos es que haya más equilibrio, que la flecha de las propuestas radiales y televisivas no esté tan sesgada para el lado de la tilingería, la banalidad y el consumismo. ¿Podrá ser?
También deberá de haber más control respecto a los cyber y a los juegos electrónicos a los que acceden nuestros niños. Muchos cyber no tienen ningún tipo de filtro para prohibir el acceso a páginas peligrosas, sobre todo a pornografía (20% de las páginas Web son pornográficas). Y muchos juegos electrónicos se basan en formatos que promueven explícitamente la criminalidad, la violencia y la muerte. Es decir, aquí tenemos una fuente de antivalores peligrosísima que actúa con el camufle del entrenamiento. ¿Por qué nadie hace nada ante esto?
La clase media está mayormente afectada por la sobreexplotación, sobre ella recaen la mayoría de los impuestos y la presión consumista. Como resultado se manifiesta una tendencia reaccionaria hacia los pobres, al mismo tiempo que se idolatra y persigue el modo de vida de las clases más acomodadas. Es una lucha por mantener un status y una ilusión de ascender en la escala social por la vía de los ingresos económicos y la posesión de vienes materiales. No queda tiempo para reflexionar, sensibilizarse y trabajar en proyectos colectivos que ayuden a construir una sociedad mejor. El sistema ha logrado compartimentar y aislar también a este sector por medio de sus dispositivos económicos y la cultura mediática. Abundan los casos de personas que trabajan 10 o 12 horas por día y si les queda algo de tiempo y energía lo dedican a mirar TV, chatear, mandar mensajes con el celular, leer el horóscopo, etc. Esas personas están abstraídas, estresadas y alienadas y no encuentran el camino para librarse de esa situación. Lo peor es que están creídas que la solución es de tipo individual y hasta cuasi-mágica. Algunos se encomiendan a religiones inescrupulosas que ofrecen el milagro instantáneo, otros se abrazan a los vicios, recurren al tarot y cualquier clase de escape que les prometa la ansiada liberación. ¿Qué se puede hacer ante esto? Desacelerar, tratar de juntarnos, reflexionar, cooperar, involucrarnos en proyectos colectivos que promuevan la mejora de la sociedad, convencer a otros para participar honesta y desinteresadamente Nada da más satisfacción que ayudar a los demás, que socializar los problemas y unirnos para reclamar cambios en las cosas que están mal. En definitiva luchar, luchar juntos, militar por la vida, vivir por fuera de los mecanismos perversos de la sociedad de consumo. Hay mil formas: sociedades de socorro, protectoras de animales, sindicatos, etc. Es practicar la solidaridad y el compromiso social. Ayudando a otros también nos ayudamos a nosotros, estamos todos en el mismo barco que hace agua por todos lados. Pero no solo se trata de poner alivio a las yagas que va provocando el sistema, para que éste siga actuando sin sobresaltos, se trata también de reclamar para cambiar, porque sabemos que otro mundo es posible y porque no queremos ni aceptamos la basura que nos quieren hacer comer todos los días. Compasivos y solidarios sí, pero no idiotas y resignados. Acción, reflexión, conciencia y lucha, esa es la consigna.
Con cada pequeña acción de reflexión y lucha que hagamos en este sentido le estaremos asestando un nuevo golpe al sistema avanzando hacia su sustitución por algo merecidamente mejor. Y al hacerlo, créanlo, nos sentiremos útiles y liberados.
Boris Caballero

sábado, 6 de febrero de 2010

Las propuestas de matemáticas a través del tiempo

Conociéndome una buena amiga me madó el siguiente mail y me pareció una forma muy graciosa de autoevalurarnos en las propuestas de enseñanza de matemáticas que aplicamos...
Se los dejo y espero que los haga pensar y reirse como a mí.

Como han cambiado las cosas......

1. Enseñanza de matemáticas en 1950:
Un cortador de leña vende un carro de leña por $ 100.00. El costo de producción de ese carro de leña es igual a 4/5 del precio de la venta.
¿Cuál es la ganancia?

2. Enseñanza de matemáticas en 1970:
Un cortador de leña vende un carro de leña por $ 100.00. El costo de producción de ese carro de leña es igual al 80% del precio de la venta.
¿Cuál es la ganancia?

3. Enseñanza de matemáticas en 1980:
Un cortador de leña vende un carro de leña por $ 100.00. El costo de producción de ese carro de leña es de $ 80.00.
¿Cuál es la ganancia?

4. Enseñanza de matemáticas en 1990:
Un cortador de leña vende un carro de leña por $ 100.00. El costo de producción de ese carro de leña es de $ 80.00. Escoja la respuesta correcta que indica la ganancia:
( ) $ 20.00 ( ) $40.00 ( ) $60.00 ( ) $80.00 ( ) $100.00

5. Enseñanza de matemáticas en 2000:
Un cortador de leña vende un carro de leña por $ 100.00. El costo de producción de ese carro de leña es de $ 80.00. La ganancia es de $ 20.00.
¿Es correcto?
( ) Si ( ) No

6. Enseñanza de matemáticas en 2009:
Un cortador de leña vende un carro de leña por $ 100.00. El costo de producción de ese carro de leña es de $ 80.00. Si Ud. sabe leer coloque una X en los $ 20.00 que representan la ganancia.
( ) $ 20.00 ( ) $40.00 ( ) $60.00 ( ) $80.00 ( ) $100.00

martes, 29 de diciembre de 2009

Figuración y Abstracción: Conceptos básicos para enseñar artes plásticas

Figuración y Abstracción: Conceptos básicos para interpretar la pintura y comprender las distintas corrientes pictóricas

¿Qué es la Pintura Abstracta?

Para entender qué es la pintura abstracta primero tenemos que definir qué es la pintura figurativa.
Comprender ambos conceptos nos ayudará a entender e interpretar de un modo claro, sencillo y básico todo tipo de pinturas y corrientes.

Figuración
El arte figurativo busca representar la realidad y los objetos tal cual los vemos, de la manera más fiel posible, copiar la realidad y plasmarla como se ve y se percibe a través la vista humana. Siempre existe un lugar u objeto real de referencia de donde se parte, es decir, un modelo.

Abstracción
El arte abstracto no busca representar la realidad ni los objetos tal cual los vemos, no busca realizar una “copia fiel” de la realidad. Usa el lenguaje visual de las formas, los colores y las líneas para crear una composición que puede existir independientemente de que éste presente o no en el entorno. No requiere de un objeto de referencia observable.

Analicemos el siguiente ejemplo:
 

¿Qué vemos en cada una de las pinturas?
Pareciera que cada una representa una realidad distinta pero sin embargo ambas se refieren a un mismo objeto: un toro o buey. La diferencia es que lo hacen de un modo distinto desde el punto de vista plástico. La primera imagen recurre a la figuración intentado realizar una representación fiel del objeto, una copia de la realidad. En cambio la segunda imagen recurre al lenguaje abstracto para expresar más bien una idea, un concepto, un "sentir el objeto" por parte del autor. Quien la contempla no tiene porque ver el "toro" en ella para que ésta tenga éxito desde el punto de vista plástico sino captar un sentimiento, una sensación producida por esa imagen visual. El autor se propone transmitir más lo que le produce ese objeto que retrata que lo que ve de él. Por ello es sumamente importante que al enfrentarnos, con humildad, a una obra de tipo abstracta no nos concentremos tanto en que podemos ver del mundo real en ella sino en qué sentimientos nos produce esa forma, ese color, esa composición como un todo. Ante ella intentaremos interpretar qué sensaciones nos provoca, qué emociones evoca, a dónde nos remota, es decir, mirarla de un modo más subjetivo que objetivo. Una vez realizado este ejercicio podemos afirmar "me agrada" o "no me agrada" con mayor propiedad y no decir simplemente "no me gusta porque no la entiendo".

Para los docentes:
Nuestros alumnos necesitan aprender a manejar ambos lenguajes para comprender mejor el mundo que los rodea. Es bueno proponer instancias de análisis y de producción con dicha temática, los ánima muchísimo. He comprobado el desafío que significa para un alumno de sexto año intentar dibujar su casa de un modo abstracto y no figurativo, se los recomiendo se llevarán sorpresas en muchos sentidos. Considero fundamental este conocimiento en el desarrollo de un pensamiento complejo, abstracto y creativo que les permite a nuestros alumnos una mayor nivel de abstracción y por ende de desarrollo intelectual. Favorece además la ruptura de estructuras que obstaculizan las capacidades de crecimiento y desarrollo cognitivo, crea un conflicto cognitivo y aumenta el aprendizaje significativo. Atiende a la diversidad de los alumnos y en muchos casos fortalece la autoestima de aquellos que se sienten incapaces de expresarse a través de la pintura. Intentar este ejercicio con los alumnos suele ser muy recomendable, hace mucho tiempo que lo vengo haciendo con los míos (antes de que estuviera en el programa o currículo) y me da muchas satisfacciones...
Carlos García (maestro de educación común)

Artículo dedicado a un gran amigo: Nicolás Parma
Te debía una explicación


Otros artículos relacionados:
artes plásticas y abstracción
Descargar presentación en power point: ¿Qué es la pintura abstracta?






martes, 1 de diciembre de 2009

Reforma Educativa en Uruguay

Del discurso reformista a la acción conservadora


¿Hasta que punto una serie de cambios dentro de determinado ámbito se pueden considerar reforma? Esta pregunta viene al caso debido a que en la realidad social y educativa se suceden cambios diariamente, pero son cambios superficiales dentro de unos parámetros preestablecidos. Algo así como un devenir previsible en el marco del estatus-quo imperante. Cositas, detalles que no afectan las variables duras de los sistemas.

Reformar significa dar nueva forma, modificar ciertas estructuras. Ni si quiera es sinónimo de cambio radical, de suprimir las bases de un sistema constituido y sustituirlas por otras. En pocas palabras, reformar no es hacer una revolución sino establecer ciertos cambios con un grado mínimo de trascendencia, modificando algunos parámetros y variables que operan en un determinada realidad.

La Reforma Educativa llevada adelante actualmente por parte de las autoridades de la educación en Uruguay, no parece tener siquiera el carácter reformista que pretende; más bien se inscribe en lo que podríamos denominar pretensiones teóricas de bajo impacto en la realidad educativa y en los problemas estructurales que esta presenta.

¿En qué consiste esta reforma educativa? Básicamente en una ley que crea más cargos burocráticos de cúpula (nuevas instituciones para evaluar y dirigir), una coparticipación de los gremios del ramo en las altas esferas del sistema, pero siempre en minoría, en otras palabras: un adorno inoperante que legitima una participación domesticada.

Esboza una autonomía y un cogobierno institucional sin muchas pretensiones, ya que no asegura recursos y potestades para que cada institución educativa establezca autónoma y participativamente un proyecto educativo potente, novedoso y viable. El centralismo sistémico continúa mandando y se advierte un ánimo de descentralizar y privatizar la obtención de recursos económicos por parte de cada institución, algo que por otra parte ya está en rodaje desde hace tiempo, sino pregúntenle a los maestros directores que se desviven haciendo beneficios para pagar los gastos mínimos de funcionamiento de su centro educativo.

Por otro lado, con la reforma también llegó un nuevo programa. Considerado por muchos como una muy buena construcción teórica, muy abarcativa y ambiciosa en cuanto a contenidos curriculares. Está inspirado en la llamada corriente de pensamiento crítica y se apoya en la didáctica globalizadora (conceptos claves constituidos por atributos interrelacionados) y en el concepto de educación integral.

Lo que se evidencia de inmediato es que el nuevo programa está concebido para implementarse en otras condiciones materiales, académicas, funcionales y temporales respecto a las hoy existentes.

Sin tener para nada en cuenta esto, se exigió empezar a trabajar con el nuevo programa, al mismo tiempo que lidiábamos y seguimos lidiando con los viejos problemas de siempre. Esto es, edificios y mobiliario en estado de vetustez y deterioro, falta de nuevas aulas y equipamiento moderno, carencia de material didáctico (libros, láminas, audiovisuales, etc.); falta de actualización y atraso académico de muchos docentes, ausencia de horas de coordinación y análisis rentadas para avanzar en la aplicación de propuestas institucionales y áulicas concertadas y potentes; más un continuo ambiente de tensión , violencia y pobreza que envuelve a la mayoría de los contextos sociales de las instituciones escolares, y cuyo epicentro principal son los propios alumnos y sus problemáticas cotidianas.

El resultado de todo esto es previsible: el intento bienintencionado de muchos docentes por enseñar nuevos contenidos adaptándolos a las condiciones de cada grupo clase, pero navegando siempre en la eterna mediocridad y falta de recursos. Lo que redunda en un magro impacto en la calidad de la labor educativa.

Es indudable que no se puede intentar cruzar el océano en una canoa por más que se lleven a bordo los manuales de un submarino nuclear. En otras palabras, ¿qué hacemos con un nuevo y ambicioso programa sino no existen las condiciones mínimas para su cabal aplicación? Dentro del marco de una reforma educativa, la elaboración de un nuevo programa tal vez sea lo más barato y hasta lo más sencillo si se contrata a técnicos calificados y solventes en cada área curricular. Conseguir que ese programa opere en la realidad y provoque un cambio sustancial en el ámbito de la educación pública es otra cosa, y demanda otros costos y otros esfuerzos que por el momento no se han dignado a emplear.

Boris Caballero