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viernes, 2 de marzo de 2012

Caratulas de Super Héroes y Otros

Para colocar en los cuadernos de clase las caratulas que le gustan a los niños.
Decora tus cuadernos con los héroes de siempre: Batman, Superman, Spiderman, Ben 10, Capitán América, y otros.










lunes, 3 de octubre de 2011

Guión u Obra teatral para niños: El Kiosko

Teatro Infantil

Teatro para niños

Guiones infantiles, guiones para niños, guiones para alumnos de primaria

Obras teatrales para representar o dramatizar con grupo de niños y alumnos


Autor: José Luis Marqués Lledó

El Kiosko

jose.marques@educa.madrid.org

Personajes por orden de aparición



11 niñas y 3 niños



Candelas

D. Anselmo

Hortensia

Mª Luisa

Juan

Susana

Clarita

Cristóbal

Mª de la Encarnación

Dolores

Laura

Asunción

Celeste

Esperanza

Niño

Un kiosco de periódicos en un barrio cualquiera de Sevilla. Candelas, la kiosquera está abriendo el negocio y quitando el polvo mientras coloca los periódicos, las revistas, los tebeos y demás chismes de un kiosco .Mientras canturrea esta copla :

** LA ZARZAMORA **

(Pasodoble)

En el café de Levante entre palmas y alegrías,
cantaba la zarzamora;
se lo pusieron de mote porque dicen que tenía
los ojos como la mora.

Candelas.- Han visto Ustedes lo contenta que estoy por las mañanas, y tengo motivos pa estar alegre. Estoy alegre por este Kiosquito que ma concedío el Ayuntamiento, si señores. Yo soy viuda y cuando murió mi marío “que en gloria esté”, me quedé sin un real, porque Agapito era muy bueno, pero se lo gastaba to en la taberna, así que me dejó con una mano alante y otra atrás. No, no señores, no estoy contenta porque se me muriera mi Agapito, sino porque una ha batallao y batallao, hasta conseguir esto.. Ahora les cuento mientras coloco los cachivaches de mi kiosquito, que ya no sabe una donde ponerlos ¡Osú María y José!

Le hablo primero a un tratante, y olé,
y luego fue de un Marqués
que la lleno de brillantes, y olé,
de la cabeza a los pies.
Decía la gente que si era de hielo,
que si de los hombres se estaba burlando,
hasta que una noche, con rabia de celos,
a la zarzamora pillaron llorando.

¿Que tiene la zarzamora
que a todas horas
llora que llora por los rincones,
ella que siempre reía
y presumía de que partía los corazones?
De un querer hizo la prueba
y un cariño conoció
que la trae y que la lleva
por la calle del dolor.
Los flamencos del colmado
la vigilan a deshora
porque se han empestillado
en saber del querer desgraciado
que embrujo a la zarzamora.





Candelas.- Yo solita, yo solita me he conseguío, to lo que tengo, que es poca cosa, dicho sea de paso, pero a mí me basta y me sobra. Yo he ido de departamento en departamento, de negociao en negociao, de asistente sosial, en asistente sosial. Unos me han cerrao las puertas , otros me las han abierto de “par en par”, hasta que llegué a D. Pascual Miravalles Garsía (Recalcando el nombre) ; un santo., se lo digo yo. Consejal del Ayuntamiento de Sevilla, pero un Señor Consejal, no como los otros; éste sí se interesa por las clases humildes.

(Sigue canturreando La Zarzamora)


Cuando Sonaban las doce una copla de agonía
lloraba la zarzamora,
mas nadie daba razones ni el intríngulis sabía
de aquella pena traidora.
Pero una noche al levante, y olé,
fue a buscarla una mujer;
cuando la tuvo delante, y olé,
se dijeron no se que.
De aquello que hablaron ninguno ha sabido
mas la zarzamora lo dijo llorando
en una coplilla que pronto ha corrido
y que ya la gente la va publicando.

Candelas.- Allá que me presenté, yo sola en el despacho de D. Pascual; la secretaría no me quería dejar pasar naturalmente, y entre, lloriqueos, lágrimas y suspiros, se abrió aquella puerta, y allí estaba él: alto, moreno, bien paresío, elegante, simpático, cautivador , atento, gentil, bueno que les voy yo a desir a ustedes. Me pasó a su despacho , me colmó de atensiones y me escuchó como antes nadie me había escuchao. Yo naturalmente, le enseñé la foto de mi marío, le dije que era el hombre más bueno y honrao que había existido, que yo vivía estupendamente con él, que no me faltaba de na y que su muerte me había destrozao la vía... bueno , y ...la alcancía... y me eché a llorar, y lloré, y lloré y di un hipío, y otro y después otro. Hice que perdía el sentío y él solícito me dio a oler un frasco de sales aromáticas, y por fin entre unas cosas y otras, salí de allí con el permiso conseguío, y aquí está el resultao. ¡¡Qué el que no llora no mama!! Y yo solita. Si mi Agapito levantara la cabeza, que no me dejaba nunca tomar decisiones , y viera esto, se moriría otra vez del susto. Pues que se fastidie que esto es mío y sólo mío. (Candelas sigue canturreando “La Zarzamora”, mientras termina de colocar su kiosquito)


Lleva anillo de casado,
me vinieron a decir,
pero ya lo había besado
y era tarde para mi.
Que publiquen mi pecado
y el pesar que me devora
y que todos me den de lado
al saber del querer desgraciado
que embrujo a la zarzamora.



Candelas.- Verán Ustés, ya va pa sinco años que tengo este kiosco y ya me conozco la vía y milagros de toos los vesinos de este barrio; les puedo desir a la hora que viene ca uno al kiosco, cuales son sus ideas políticas, me se de memoria sus chascarrillos, se quien se lleva mal con quién, quien se casa, quién se separa, quién va a tener un niño, a quién han echao del trabajo, en fin, too. Pero yo siempre tengo una palabra bonita pa cada cual, una palabra de ánimo, de consuelo, de enhorabuena y ellos me lo agradesen ¿Qué trabajo cuesta eso? Y así mi negosio va viento en popa. Verán ahora a las nueve menos diez minutos vendrá D.Anselmo , un funsionario jubilao que to los días compra su periódico y una bolsita de alpiste pa las palomas. Miren por allí viene. Es puntual como el carillón de Córdoba.

D.Anselmo.- Buenos días Candelita, presiosa

Candelas.- Buenos días, D. Anselmo, ¿Lo mismo de siempre, verdá?

D.Anselmo.- Así es , Candelitas, dame mi ABC y la ración de alpiste, que mis palomas y mis pajaritos me estarán esperando como agua de Mayo y además con la buena mañana que hase , en el Parque de María Luisa se tiene que estar muy bien.

Candelas.- Pero abríguese D.Anselmo, que luse el sol, pero la mañana está fresquita y usté con su reuma no debe coger frío.

D.Anselmo.- ¡Ay hija! Y que lo digas , que cada vez tie uno peor las bisagras. Hoy me he levantao con un dolor de rodillas que ya, ya.

Candelas.- Ande, ande, no se queje que está usted todavía pa partir corasones , nadie le diría la edad que tiene.

D.Anselmo (Estirándose todo lo que puede) ¿De veras Candelita, tú crees que estoy todavía de buen ver?

Candelas.- Pues claro, D. Anselmo, pues claro , Vamos que yo porque le guardo el luto a mi marío, si no yo misma le diría algún piropo.

D.Anselmo.- ¡Qué guasona eres Candelitas! No, yo te lo digo porque hay una señora en el parque, que también le lleva comida a los pajarillos, que está de muy buen ver. Sólo tiene 75 años, es muy educada y ya me ha tirao alguna que otra indirecta: qué si vive sóla, que que mala es la soledad, que cómo vivo yo sólo sin una mujer que me atienda. Y yo, claro, me he hecho el distraido, pero he cogío la indirecta

Candelas.- ¡Pues adelante, D. Anselmo, no se lo piense que la vida es muy bonita

D. Anselmo.- Toma Candelas, 1,80, ¡Qué pases una buena mañana!

Candelas.- ¡Vaya Usted con Dios! D.Anselmo . Qué cándido , Mira va como un chaval de 20 años. No hay cosa más bonita que desirle una frase amable y cariñosa a los ansianos ¿Y que trabajo nos cuesta? (Sigue colocando cosas en el kiosco)

(Entran en escena Mª Luisa y Hortensia. Se paran a charlar delante del kiosco)

Mª Luisa: ... Y me dise el jardinero, con una grasia que no se pue aguantá : Otra vez cuado pases por este jardín, ¡Morena! avisa con tiempo a los rosales mujer, que se me mueren toas las rosas de envidia. Claro, que te voy a desí ; ver a aquel hombre chequetillo, desgarbao y sesentón, desir esas cosas tan bonitas a una mujer, solamente pasa aquí en este Sevilla de mi alma. Naturalmente yo me hise la estirá, pero me iba partiendo de risa.

Hortensia: (Riéndose) Es verdá, aquí los hombres tienen una grasia especial .El otro día iba yo por la calle Villegas a salir a la Plasa El Salvador y estaban sacando un camión de un garaje y le desía el ayudante al conductor : tira, tira ya, dale , dale hombre y como tardase un poco el conductor va y le dise : Hombre dale ya, que a este paso lo que le va a da es un infarto al camión .

Mª Luisa: (A carcajada limpia) Y un guasón el otro día en la calle Cabeza del Rey Don Pedro, a la verita La Alfalfa , uno que vende cupones de siegos y que ve mejor que tú y que yo. Pues verás: Pasaba un cheposo a su vera cantando el hombre mu contento, será una rosa, será un clavé y va el guasón de turno y le dise: y lo que llevas atrás compadre, ¿que es la maseta? No se pue aguantá la grasia de este pueblo.

Hortensia: (Riéndose a mandíbula batiente) Y lo optimista que somos. No nos entristese na, aquí hay poca gente con depresión. Pues yo no sé si sería el mismo que tu dises porque me lo encontré en la calle Sales y Ferré que está allí al lao , mira: jorobao, contrahecho con una muleta en ca braso, era un cromo y el gachó iba cantando aquello de: grasias a la vía que ma ha dado tanto, grasias a la vía y por eso canto... Mira la gente se tenía que poné una mano en la boca pa no echá la carcajá, y no pa reirse de él (Dios me libre, pobresito) , sino por la ocurrencia; se pue aguantá mejor humor y más optimismo.

Mª Luisa: Los sevillanos somos así. El otro día iba por la calle Sierpes un borrachín que iba dando tumbos de un lao a otro, los viandantes, claro, se apartaban pa dejarle pasar y ya le para un monicipal y le dise : váyase pa su casa amigo, que va Ud dando más giros que curvas tiene la serranía de Ronda. Y le dise el beodo, ¿insinúan Sr monisipa, que estoy bebido? Pues sepa Ud que yo no bebo por prescrisión facultativa y que como llevo un día sin beber pues he entrao en ese bar pa celebrarlo, ¿He cometío algún delito?.

Las dos.- ( Nueva carcajada )

Candelas.- Ya veo, ya, que os estáis partiendo de risa ¿Acaso hay algún chisme nuevo que yo desconozca?

Mª Luisa: ¡Qué va! Estamos riéndonos del ángel que tienen los sevillanos, que no se pue aguantá.

Candelas.- ¡Ah! En eso somos únicos. Aquí en el kiosco, se ven muchas cosas de too tipo y algunas mu grasiosas. La otra tarde se aserca un turista chapurreando el español y le dise a una señora que estaba comprando el periódico: .¿Poder decir Vd, donde quedar la Torre Eiffel, por favor? Y le dise la señora con mucho ángel: Hombre, yo por desirle donde queda la torre Eiffel se lo diría, pero no sé si es esa que está a punto de caerse o una de hierro mu fea, que parese las vías del tren saliendo de la estación de Santa justa. Pero si le da a usté igual, vaya usté a ver a la Giralda que está hecha de encajes y bordaos y es la más bonita der Mundo, y esa, esa se queda aquí con los sevillanos. Mira er muchacho se quedó alusinao, ¡Mira que venir a Sevilla a preguntar por la torre Eiffel!

Hortensia.- Bueno, chicas que yo tengo mucho que haser y a las dos y media tengo que tener la comía pa mi marío que viene de trabajá.

Candelas.- Sí, sí, ya veo que tenéis mucha prisa las dos y lleváis delante el kiosco una hora y media dándole al palique.

Hortensia.- ¡Hombre! De arguna manera se tie una que expansioná ¿no te parese?

Mª Luisa .- Yo como no tengo esas atauras, me pudo permitir el salir a paseá todo cuanto quiera. El matrimonio es una esclavitú. Anda dame la revista de cotilleo, haber que ha pasao por fín con el pretendiente de Terelu Campos, que me tiene en ascuas.

Hortensia.- Es que a las mujeres nos gusta el “morbo” , no hay más que ver que vendes más revistas que periódicos.

Candelas.- ¡Ojo! No te pases que las revistas del corazón las compran las mujeres pero luego las leen también los hombres, que lo sé de buena tinta.

Las dos.- Bueno, nos vamos , que se te de bien hoy Candelitas.

Candelas.- Grasias y que ustedes lo vean. (Comentando para sí) ¡Vaya dos!, estas no tienen preocupaciones, se ríen de la vida misma. ¡Qué humor!

Juan.- ¿Dónde hay una maseta pa plantar esta flor? ¿Adónde está el escultor que ha diseñao este rostro? Díganme donde está el poeta que ha escrito este bello poema ¿Dónde se han metío? Ésta es la mujer más bonita de toa Sevilla.

Candelas.- Uyuyui , que zalamero vienes Juan, algo me vas a pedir, seguro.

Juan.- ¿Yo? Qué mal pensá eres Candelitas, Yo sólo te pediría a ti... en matrimonio, pero tú te niegas.

Candelas.- Con que en matrimonio ¡eh! ¿Ya te has gastao los veinte euros que te presté ayer, pa no se que negosio?... ¿Y los diez, que te dejé anteayer porque no tenías suerto?...

Juan.- ¡Hombre Candelitas! No me fastidies, un negosio fallido lo tie cualquiera, pero cuando yo digo que te lo devuelvo es que te lo devuelvo y además ahora mismo, ¡fíjate! (Se echa la mano a la cartera)... Y digo yo veinte y diez son treinta ¿no?. Mira vamos a haser una cosa pa redondeá. Como tengo que ir a la plasa a comprar y no me quiero quear sin dinero, tu me das un billete de sincuenta euros, yo te doy estos treinta que llevo aquí y es como si te pagara y tú me prestaras sólo veinte ¿Qué te parese?

Candelas.- ¿Que qué me parese? ¡Qué eres un sirvengüensa! Eso me parese ¿Pero tú te has creío que yo soy tonta?

Juan.- ¡Qué mal pensá eres Candelita de mi corazón ! Si tú eres pa mi lo primero como dise el cantá, como te voy a engañar yo a ti; lo que pasa es que últimamente no me sale na bien, por mucho empeño que le ponga, y estoy desesperao, pero nunca engañaría yo a la dueña de mi corasón. (Poniendo voz compungida)

Candelas.- ¡Anda salamero! Toma veinte euros y empléalos bien ¡eh que ya no te dejo ni una gorda más

Juan.- ¡Dios te lo pague mujé ! Qué vendas to la prensa y tos los cachivaches en un santiamén y que como er cuento e la lechera, te pueas comprar una tienda y después unos almacenes y después...

Candelas.- Anda, anda y que como er cuento e la lechera, se me caiga er cántaro y adios, almacenes, adios, tienda y adios kiosco que es lo único que tengo.

Juan.- (marchándose) Adios Candelas, no te pongas así mujé. Bueno, me voy, que los negosios no esperan y además tú no estás de humor.

Candelas.- (Hablando en voz alta, consigo misma) ¡Qué los negosios no esperan ! ¡Qué los negosios no esperan! Er que no esperas es él ar trabajo, éste ve un pico y una pala, y dise que no lo toca porque tien la gripe aviar. (pausa). Pero en fin me da pena el pobresillo.

Susana.-¡Hola guapa! Dame el periódico y el fásiculo de coches antiguos, su historia y su montaje, que es la colesión de este año de mi marío, que tos los años empiesa alguna y no termina ninguna.

Candelas.-Como la mayoría. Toma tu fascículo y en esa bolsita va una de las dos ruedas delanteras; que no se te pierda.

Susana.- A este ritmo le va a salir más caro el Ford T, de 1921 que si se comprara la giralda por piesas.

Candelas.- Por sierto, sabes algo de Matilde, hase mucho que no viene por aquí. ¿ se habrá casao?

Susana.- ¡Ah! , ¿pero no lo sabes? Se casó por fin con Juanito el madrileño. Ha tenío mucha suerte, Juanito es un buen muchacho y con un buen ofisio, es na menos que oficial fontanero.

Candelas.- ¡Hombre qué bien! ¿Fontanero? Entonses tiene la vía resuelta. ¡Total no ganan na!

Susana.- ¿Qué si ganan? Yo el otro día llamé a uno para que me arreglara un “chisperito” del desagüe de la cosina; me lo arregló en sinco minutos y cuando le digo que le debo me dise: Poca cosa paisana, veinte euros de la visita, localizar la avería seis euros, restañar y soldar doce euros, total, 44,08 Euros, y no le cobro el IVA. Hombre, muchas grasias, casi sincuenta euros por arreglar un “chisperito” de na. Fíjate si llega a ser algo.

(Llegan Clarita y Cristóbal)

Clarita.- Muy buenos días tengan ustedes.

Cristóbal.- Muy buenos días

Candelas y Susana.- Buenos días.

Clarita.- Y verdá que hase un buen día, una buena mañanita pa pasear, por eso le he dicho al señor Cristóbal: Vamos a por el periódico y después nos vamos a dar un paseíto por la Plasa Nueva y ahí nos dirigimos ahora.

Cristóbal.- Por sierto, que les he oído a ustedes hablar de lo caros que son los fontaneros. ¿Y que me dise de los mecánicos? Esos si que te cobran hasta por sonreír y yo debo sonreír mucho.

Clarita.- Yo de eso no entiendo, pero creo que ser mecánico trae más cuenta que estudiar pa ingeniero industrial.

Susana.- Toma, como que yo le he dicho a mi hijo. Cuando termines la escuela te voy a apuntar a una escuela de artes y oficios pa que estudies pa mecánico y ya tienes la vida resuelta hijo.

Cristóbal.- La semana pasada llevé el coche a que me hisieran una revisión rutinaria, de esas que te recomiendan las casas cuando compras un coche. El coche está nuevo, lo compre hase seis meses y yo creí que entraba en el presio y que me lo harían gratis.

Candelas.- ¿Y se lo cobraron.?

Cristóbal.- ¿Qué si me lo cobraron? Mirar, por aquí tengo la factura (Saca la factura del bolsillo y la lee en voz alta)

Factura



Revisar sistema de frenos................. 50 Euros

Revisar líquidos............................30 “

Revisar Niveles.............................40 “

Revisión y reglaje de luces............30 “

Comprobar salida de humos..........60 “

Comprobar motor por ordenador......40 “

Mano de obra.................................... 90 “

_______

TOTAL 340 “



IVA 16% 54,4

__________

TOTAL A PAGAR 394,4

Menos mal que era una revisión rutinaria porque si no les regalo el coche. Toma como que les dije: Oiga, ahí irá incluida la cuota de este mes ¿no?

Susana.-Yo no sé adonde vamos a ir a parar como se está poniendo la vida. Antes iba una al mercao y hasía la compra con 2000 pesetas y ahora con esto de los euros dichosos, te dejas 50 euros y paese que te han dao to de balde y cuando descubres que tas dejao más de 8000 pesetas te echas a temblar.

Clarita.- Y que lo diga, como que yo no me aclaro aún con lo de los euros y cuando me disen tantos euros pues yo me creo siempre que es una ganga. La otra tarde fuimos, una amiga y yo, a merendar a una cafetería. Nos tomamos dos chocolatitos con una rasión de calentitos, y cuando pido la cuenta, me dise la chica, seis euros y voy yo, tan inosente y le digo ¿na más?¿No te habrás equivocao? Claro la chica se echó a reír y me dise: mujer, si quiere le cobro más, pero eso es lo que vale. Tonta de mí que estaba pagando 1000 pesetas y no me había dao ni cuenta.

Cristóbal.- Bueno Candelas, dame mi periódico que me marcho pitando a mis obligaciones. Con Dios señoras.

Candelas.- Toma Cristóbal, aquí tienes El País y un suplemento de Siensia y Naturalesa que trae esta semana. A este paso los periódicos, en vez de ser periódicos van a ser la Biblioteca nasional.

Cristóbal.- Y que lo digas, que dentro de poco vamos a tener que venir a por la prensa con un puñao de porteadores. Toma el importe Candelas, te lo doy justo ¡Qué lo pases bien mi arma!

Candelas.- Lo mismo te digo Cristóbal, lo mismo te digo… ¡Qué buena gente! Aquí, donde le ven, ha enviudao tres veses, le duran las esposas menos que una gamba en la boca un tiburón. Cuando pretende a alguna mosuela y le tira los tejos, ella sale corriendo como alma que lleva el diablo. Cualquiera le tienta.

Mª de la Encarnación.- Candelas, ¿me has guardao la revista Pronto de esta semana? Que no me la quiero perder, viene una reseta de Arguiñano, sobre Chipirones a la Boloñesa, que tienen que estar riquísimos.

Candelas.- Mª de la Encarnación ¿Le he fallao yo a usté alguna vez mi arma? A mis clientas preferías les guardo yo lo que me pían, aunque me quede yo sin comer pa buscárselo, ¡faltaría más!

Mª de la Encarnación.- ¡Eres un Ángel! Pues mira a cambio te voy a contá el último cotilleo del barrio.

Candelas.- ¡Cuente, cuente! Me muero por los cotilleos.

Dolores.- Lo he escuchao to y no me lo quiero perder! Cuente usté Dña Encarnación, que yo después contaré los míos, que yo también se unos cuantos.

Candelas.-¡Paresen ustedes la gasetilla del Norte!

Mª de la Encarnación.-¿Saben ustedes que Paco el del puesto le ha pedío en matrimonio a Rosita la de la floristería?

Candelas y dolores.- ¡No me lo puedo creer!

Mª de la Encarnación.- Pues créanselo, créanselo ustedes que son noticias frescas, vamos tan frescas como que son de esta mañana.

Dolores.- ¡Pero si se llevaban como el perro y el gato! ¿Quién la fuente de información?¿Seguro que no es una traca?

Mª de la Encarnación.- Y tan seguro. Miren, no se debe desir la fuente de información, pero como confío en ustedes se lo diré. Me lo ha contao Doña Angustias la mujer del melitar, que es una señora muy digna y muy de fiar, pero eso sí, me ha pedío por favor que no lo contara a nadie, porque ellos no lo quieren divulgar toavía ; yo se lo cuento a ustedes porque sé que son una tumba.

Las dos.- Por supuesto, Mª de la Encarnación, no faltaba más. Somos una tumba.

Dolores (Poniendo cara de cotilleo) .- Bueno y cuente, cuente ¿Cómo ha sío eso?

Mª de la Encarnación.- Parese ser que el muchacho andaba ya detrás de ella desde hase bastante tiempo, pero Rosita le daba de lao, e incluso de malos modos, paresía que lo menospreciaba, pero hijas mías, como dise el dicho, el amor está mu serca del odio, o al revés.

Candelas.- Que cosas tiene la vida, me acuerdo una pelea que tuvieron a las puertas de su casa Rosita y la madre de Paco y las cosas que se dijeron.

Dolores.- ¡Qué usted es una cotilla! Pues mira quien fue hablar so lenguarona, y usted es un tapón de botella , y tú medio metro de sinta aislante, y usted parese una pastilla de jabón lagarto y tú.... Y no sé cuantas cosas más se dijeron.

Mª de la Encarnación.- Pues ahí las tenéis ahora, a partir un piñón hija mía, que van hasta haser la compra juntas.

Candelas.- Si es lo que yo digo: pa cuatro días que vive una, que nesesidad tenemos de pelear los unos con los otros, si en un cambio de aire a lo mejor estamos hasta emparentaos.

Dolores.- Si no hay que ver más que a los políticos, que se están poniendo de ropa e perejil, que paece enteramente que son perros de presa y en cuanto termina la sesión los ves a partir un piñón.

Mª de la Encarnación.- Y que lo digas. La otra tarde echaban en la tele lo del parlamento ese y había dos , uno de un partío y otro de otro, que se estaban disiendo de to menos bonitos y los demás aplaudían cuando gritaba, uno de ellos y silbaban y abucheaban los otros y al revés claro. ¡Qué espectáculo! Lo tuve que apagar pa que no lo vieran mis niños.

Dolores.- Como que tenían que poner dos rombos cuando hay temas de política en la tele.

Candelas.- Es que es lo que digo yo. Podían desirse las cosas con respeto y buenos modos y así los siudadanos no tendríamos excusa pa pelearnos entre nosotros.

Dolores.- Bueno les desía yo que también tenía noticias frescas ¿verdad? Pues las tengo, las tengo.

Candelas.- Somos todo oídos.

Dolores.- Bueno, yo más que cotilleos os voy a contar unas cuantas anécdotas de los vesinos de mi casa, que son únicos. ¿Conocéis a la Seña Basilia la mujer de Cándido?

Las dos.- Sí claro.

Dolores.- La mujer no ve tres en un burro. Total que como han abierto una óptica nueva en el barrio, pues allá que se escampó la Sña Basilia, observando al personá. Delante de ella había otra mujer probándose gafas, y según se las probaba pues le iba disiendo al óptico, con estas no veo, con estas tampoco, con estas algo mejor, hasta que dio con las lentes apropiadas. Cuando le llegó el turno a mi buena Basilia, le empesaron a probar gafas y ella iba disiendo: con estas no veo, con estas tampoco, ni con éstas y así hasta que se probó todo el muestrario. El chico desesperao, va y le dise, pero bueno Señora, usted sabe leer, a lo que La Basilia responde: ¡Hombre si yo supiera leer, ¿a que iba yo a haber venido aquí?

Todas.- (Sueltan una sonora carcajada)

Mª de la Encarnación.-¡Escuchá! Dos vesinas mía, mu presumías las dos, en edad casaera. Yo las estaba oyendo desde mi casa. Y le dise una a la otra: Po ¿zabe que me echao novio? ¿Ah si?¿Y cómo es? Po mira, e otorrinolaringólogo. ¡Ozú! ¡Vazco como el mío! No se pue aguntá.

Todas.-(Nueva carcajada)

Dolores.- Y otro dos vesinos, que se las dan de curtos. Le dise uno al otro ¡Oye quillo! ¿Cómo se dise uno en inglés? Uan, dise: ¡Anda como mi primo!

Todas.- (Otra carcajada)

Candelas.- Pero que guasonas sois las dos.

Mª de la Encarnación.-Algunas veses somos un poquito crueles. El otro día llega la Paula, la del portal 38, que ha tenío un niño, mu feo, porque la verdá es que es feo el chaval y le dise la vesina dal lao, que se tienen mucha enquina. Dise: oye Paula , mía que es feo tu chavá, y claro algo ofendida le contesta la Paula, como quien no quie la cosa, pa no demostrá su escozor. ¡bah! Pero los niños dan muchas vuertas; y le dise la otra con mu mala idea: Pues yo creo que éste, ni gastando mil duros en el tío vivo.

Todas.- (Nueva risotada)

Dolores.- ¿Habéis visto que el barrio está llena de sanjas? Este alcalde se ha propuesto dejar Sevilla como un queso de Gruyere. Pues el otro día no me podía aguantar de la risa. Había una sanja mu profunda y dentro de ella había un obrero y le estaba disiendo al que estaba fuera : ¡Pepe isamé! A lo que el de fuera que era un poco sordo le contestaba: ¿Qué me ises? ¡Que me ises! Contesta el de abajo. ¡Ah creí que me desías algo.

Todas.- (Otra carcajada)

Mª de la Encarnación.- Bueno, chicas yo me voy que todavía no he hecho la compra ¡Cómo pasa el tiempo!

Dolores.-¡Es verdad! ¡Qué barbaridad! Candelitas, dame el periódico que me marchó escapá.

Candelas.- ¡Vaya par de guasonas! Toma Dolores, haber si lo pierdes por el camino , que yo ya te lo he dao.

Dolores.- No, el periódico es para mí, antes que el pan. ¡Con Dios!¡Qué lo pasen ustedes mu bien!

Mª de la Encarnación.-¡Con Dios Dolores! Toma y dame mi revista Candelas.

Candelas.- Aquí tienes, No te la vayas a leer toa de golpe, deja algo pa mañana.

Mª de la Encarnación.-No sé si me va a llegar a mañana, pero si se me agota pa eso están los programas de cotilleos, que son la monda. ¡Abur!



(Asunción, Laura y Celeste, tres vecinas del barrio que están discutiendo sobre los planes del Sr Alcalde)

Asunción.- Os digo que es una vergüenza como tiene este Alcalde, las calles de Sevilla, toas levantás.

Celeste.- ¡Qué exagerá! Toavía le queda el barrio Santa Cruz, mujé. (risa irónica)

Laura.- Hombre yo creo, que cuando lo acabe nos vamos a alegrar porque va a dejar Sevilla de rechupete; vamos a ser la envidia de toa España. (Nueva risotada)

Asunción.- Sí, es posible, pero nosotras lo veremos desde el asilo, mejor dicho, no lo veremos, nos lo contarán, si es que vienen a vernos, que esa es otra.

Celeste.-¡Hombre, yo creo que sí!

Asunción.- No sé, no sé, que de todo hay, pero bueno, hablemos de cosas más alegres chiquillas. ¿Qué os parese cómo va mi Betis del arma?

Celeste.- ¿Como va a ir? Como os merecéis, si no dais una patá a un bote, no como mi Sevilla, que ya ves, aspirando a jugar la champión, y es que tenemos unos jugadores que ya los quisiera el Real Madrid, con to su golpe de Galácticos.

Asunción.- ¡Ah, amiga!, Ya no me acordaba yo, que tu eras del Sevilla y del Señor del Nido, ese, que ca vez que habla, de seis palabras mete la pata en sinco.

Celeste.- ¡Pero que dises! Vas a comparar tú al Sr Lopera con el Sr del Nido, El Sr del Nido es todo un Sr: prudente, sosegao, nunca arremete con nadie, hombre no compares.

Laura.- Yo opino que...

Celeste.- Tú no opinas ná, ésta es una forofa impresentable que no sabe na de fútbol y to lo tiene que criticar.

Laura.- Pero es que el domingo pasao...

Asunción.- Ni domingo pasao, ni na, hombre, que Laura es una lenguarona de tres al cuarto que habla lo que oye y na más.

Laura.- Pero si yo lo que digo es ...

Celeste.- ¡Tú aquí no dises na! ¡Qué esto es entre esta y yo! ¿Vas a comparar na der Betis con el Sevilla? Nuestro estadio, el estadio del Sevilla es el estadio más bonito de toa España, Er Ramón Sánchez Pizjuan. Lo vas tú a comparar con esa cafetera llamada “Estadio Ruiz de Lopera”, que además se lo ha otorgao vuestro presidente como si fuera suyo? Vamos que ni harta vino.

Asunción.- Tú lo que eres, es una envidiosa que crees que lo tuyo es mejor que lo de los demás (Haciendo muecas de burla) , que si tu hijo ha hecho la mejor carrera, que si se ha colocao en una empresa de director gerente...

Laura.- Digo yo que...

Celeste.- ¡Digo yo, digo yo! ¿Tú que vas a decir de esta envidiosa? Que llama envidiosas a las demás cuando es a ella a quien la corroe. En cuanto te compras algo nuevo, ya está criticando, incluso a ti, Laura, cuando te compraste el chaquetón de garras, o bueno que paresía de garras…

Laura.- Era de garras, pero...

Asunción- Tú si que la criticaste cuando su boda: ¡que si vaya entrantes, que el lugar del convite era mu feo, que...

Celeste.- Mentirosa, que eres una mentirosa, te voy a dar una bofetá que...

Asunción.- Tú a mi, yo te voy a arrancar los cuatro pelos que tienes so fea.

Celeste.- (yéndose hacia ella) Ahora verás

Laura.- (Poniéndose en medio de las dos y chillando) .- Bueno, ya está bien, ¿no os da vergüenza? Toa la vía juntas, habéis cresío juntas en el barrio, os queréis como hermanas, os ayudáis como hermanas y cada dos por tres armáis una de éstas.

Asunción.- ¿Yo querer a ésta?

Celeste.- ¿Yo haber cresío con ésta?

Laura.- Sí, Naturalmente, sois hermanas, o ¿es que ya lo habéis olvidao después de cincuenta años? y yo vuestra hermana mayor o ¿es que queréis que vayamos al diario de Patricia a contar nuestra historia?

Asunción y Celeste.- (Dándose un abrazo)

Laura.- Así está mejor

Candelas.- Os estoy observando desde aquí y desia pa mis adentros: con lo que se quieren estas tres hermanas que siempre van juntas a tos laos y luego como regañan por cualquier cosa. Totá , ¿ por qué ha sío esta vez?

Laura.- Po el fútbol , que una es der Betis y la otra der Sevilla, ya ves que tontiá

Celeste.- ¡Hombre! Es que no va a compará a mi Sevilla con er Betis. Mi Sevilla va to de blanco, como la inmaculada Concepción.

Asunción.- Mira quien fue a hablá pues er Betís va vestío con los colores de la bandera de Andalusía, porque es quien mejor la representa.

Laura.- ¡Basta, basta! A ver si vais a empesar otra ves, que sois como la der pelo de mi pueblo, que to los años regañaba con er marío por un pelo que había caío en la sopa y al año siguiente hasían las pases y cuando salía la conversación, empesaban siempre con lo mismo: Cariño ties que reconocer que er pelo era tuyo y él, no mi vía era tuyo porque era más largo que los míos y así se ensarsaban de nuevo, volvían a regañar, se volvían a separar y así hasta el año siguiente.

Asunción y Celeste.- Pues vaya pareja.

Laura.- Aplicaros er cuento.

Candelas.- Bueno me vais a comprar algo, o sólo vais a discutir.

Laura.- Es verdá Candela, a mí dame el Mundo.

Asunción.- Pues a mí El País.

Celeste.- Pues yo ni uno ni otro, dame la revista Semana.

Candelas.- Toma Laura, tu Mundo, el País para Asunción y tú Celeste toma la revista Semana, que creo que viene un patrón para haser una chaqueta de lana que es un primor.

Todas.- Con Dios Candelas, que nos vamos a comer.

Candelas.- ¡Vayan ustedes con Dios! Y fúmense la pipa de la paz, que por hoy ya han peleao el primer Round.

Candelas.- ¡Hasta más ver! ¡Qué tres hermanas. Ven ustés, así se me pasa toa la mañana, con los chascarrillos de unas, los cotilleos de otra y las peleas de éstas y ya ven las dos menos cuarto, ya estoy a punto de serrar y terminar la jorná de la mañana y se ma pasao en un santiamén. ¡Ah! Pues toavía me falta una. Esta es la más tardona, casi siempre llega cuando voy a serrar el kiosco y le temo, porque además de que me cuenta toas sus penas tie un chiquillo que es un diablo, así que le temo. Ya puedo guardar tos los cachivaches dentro del kiosco porque si no, no me queda uno sano. Mira por allí viene. Ya desía yo que no podía faltar.

Esperanza.- ¡Niño! ¡Quieres dejar de perseguir a las palomas!¿Qué diantre de niño!¡Niño no te metas en la fuente! ¿Quieres venir aquí? Niño no hagas burla al monisipal .¿Pero tu has visto Candelas? No hay quien haga carrera de él.

Candelas.- No es por na, Esperancita, pero tu niño está desbocao, está farto de un buen asotillo que le ponga firme y que le haga ver quien manda, porque te tiene cogío el pan debajo er sobaco.

Esperanza.- ¡Hombre Candelas! Eso es un martrato y yo no voy a martratá a mi niño. Es un poco revoltoso pero no es mala gente. Mi marío dise como tú que le dé un asotillo de vez en cuando, pero eso lo dise porque es un poco bestia como tú. A mi niño se le gana mejor por las buenas.

Candelas.- Sí, sí, ya lo veo que te lo tienes ganao.

Esperanza.- ¿Qué no? ¡Ahora vas a ver! ¡Luisito mi amor ven con mamita, que mira lo que tiene Candelas para ti, a Drake, el guerrero supersónico, Ven corre.

Niño.- ( Corriendo a todo correr )

Esperanza.- Ya viene, ves como mi niño al final es mu noble. Ya está aquí. Luisito dale un besito a mami y saluda a Candelitas.

Niño.- (Le da un beso fugaz a su madre mientras emite un gruñido) ¡Dame mi Drake supersónico!

Esperanza.- Candelas, ya que Luisito se ha portado ya bien y ya no va a hase más travesuras, dale ese muñeco tan presioso que le he prometio, pero me tienes que prometer que vas a ser más obediente ¡eh! Promételo aquí delante de Candelas.

Niño.- (Nuevo gruñido del niño) Síiiiiii ¡Dame mi Drake!

Esperanza.- ¿Pero nos lo prometes?

Niño.- ¡Que síiii, pesá!

Candelas.- ( Con retintín) ¡Qué rico!

Niño.- (Simulando el ruido de una ametralladora y disparando figuradamente contra todos los viandante, incluidas su madre y Candelas). Ra-ta-ta-ta-ta

Esperanza.- ¿No es una monería? Con que poquito se conforma la criatrura, si lo han dicho hasta los psicólogos, que a los niños se les gana antes por las buenas que por las malas. Tú como no tienes hijos, pues no tienes experiencia, pero ya ves.

Candelas.- Eso es verdá, no tengo ninguna experiencia, pero digo yo que alguna vez se le acabaran los regalos ¿no?

Esperanza.- ¡Ah! Para entonses ya habrá madurao y será todo un hombre de provecho.

Candelas.- Pues mira me has convensío. Yo soy como mi padre, ¡que en paz descanse! Que no le gustaba discutir y cuando alguien le desía ¿de qué está usté tan gordo? Él contestaba ¡de no discutir! ¡Eso no pue ser!, desía el otro, Pues no será contestaba mi padre tan orondo.

Esperanza.- Pues no lo he cogío mu bien Cuentas unos chistes y unos chascarrillos que no hay quien los entienda Candelas.

Candelas.- ¡Pues será así Esperanza! ¡Pues será así!

Esperanza.- ( Corriendo tras el niño de nuevo )¡Niño, no dispares a los patos que te van a echar una multa! ¡ Niño no hagas burla a la gente! ¡Niño que salpicas a ese señor! ¡Qué niño más desobediente!¡Ve aquí ahora mismo!

Candelas.- Y esta es mi vida Señores, un poco monótona y repetitiva, pero simpática y alegre ¿verdad?. Ninguno de los personajes tienen desperdicio. Ya ha llegado la hora de cerrar y no se ha dao mal la mañana, de todo ha habío.

(Van saliendo todos los personajes al escenario mientras suena a lo lejos la canción de la Zarzamora)

D. Anselmo.-Candelas es el alma

Hortensia.- que tiene la grasia española

Mª Luisa.- y rinde Sevilla a sus pies.

Juan.- que tiene entre sus cortesanos

Susana.- a todos nosotros y ...

Esperanza.- y al niño también...

Clarita.- que con este humilde sainete..

Cristóbal.- pretende que lo pasen bien.

Mª Encarnación.- sentados ahí un buen rato

Dolores.- Sin otro problema entre manos...

Todos.- ¡¡¡Que el estricto deber de aplaudir!!!

¡¡¡Que el estricto deber de aplaudir!!!

¡¡¡Que el estricto deber de aplaudir!!!


Fin

Guión u Obra teatral para niños: El Patinillo

Teatro Infantil

Teatro para niños

Guiones infantiles, guiones para niños, guiones para alumnos de primaria

Obras teatrales para representar o dramatizar con grupo de niños y alumnos


El Patinillo

Autor: José Luis Marqués Lledó

jose.marques@educa.madrid.org



ACTO 1



El escenario representará un patio vecinal del Madrid antiguo. Es el mes de Julio y a la caída de la tarde los vecinos bajan al patio a combatir el calor. Unos juegan a las cartas, otros conversan, otros estarán haciendo la limonada y los distintos grupos contertulian, sobre los distintos temas vecinales y sociales que surgen a lo largo de esta obra.



Actores por orden de aparición



Ambrosio

Celipe

Patricio

Juan

Remigio

Venancio

Sña María

Carmencita

Eduvigis

Rosario

Nicolasa

Sarita

Rita











Ambrosio.- Tú das Celipe, y haber si te estiras un poco, que paece enteramente que te ha comío la mano un cerdo. Me has dao menos triunfos que a ti, tu Atlético en veinte años.

Celipe.- No empecemos Ambrosio, no empecemos, dejemos al Atlético en paz que yo no me he metío con tu Madrid y los árbitros que compráis, además tienes las cartas que te mereces por lo piante y bocazas que eres.

Patricio.- Bueno, dejemos la fiesta en paz y juguemos a las cartas, que este “tute” va a ser mío. Ya sabéis que yo soy antifutbolero, porque eso, es el opio del pueblo y mientras habláis de fútbol, tú y éste, éste y tú, no pensáis en los temas sociales que son los que nos interesan a los proletarios oprimidos.

Celipe.- Bueno éste, con la que nos sale ahora, pero bueno Patricio ¿Tú duermes bien por las noches? Paece que piensas demasiao, ¿no?. ¡Que nadie va a solucionar tus problemas Patricio, no te engañes, sólo tú y tu trabajo diario te dan de comer ¡no te digo!.

Ambrosio.- ¿Trabajar éste? Pero tu le has visto trabajar dos meses seguíos a éste en algún currelo como Dios manda.

Patricio.- Sois un par de descerebraos, incultos e ignorantes, que no sabéis defender vuestros derechos. Yo no aguanto dos meses en un curro, porque no soporto la explotación y la opresión de las clases dirigentes; yo soy un proletario con vergüenza y dignidad y no como vosotros.

Celipe.- Y tú que opinas de esto Juan, que no te pronuncias ni pa sacar el paraguas y decir “Jesús”.

Juan.- Yo no pierdo el tiempo en desquesiciones filesóficas y clasistas. Yo me conformo con traer el pan a mi casa, que ya es bastante.

Patricio.- Pues así te va, que eres esclavo en el trabajo y en tu casa, porque sabemos de buena tinta, que la Dorotea te saca hasta las telarañas del bolsillo, ca vez que le traes el jornal. ¡hay que espabilar !, Juan, ¡hay que espabilar! Fíjate en mí; mi media naranja, está siempre a mis pies; yo la digo: Carmencita hazme un estofao de alubias como me gustan a mí y me pone el mejor plato de la mesa, Carmencita plánchame pa hoy el mono de trabajo y como una bala, Carmencita, hoy me apetece ir a echar un baile a las vistillas y ya tengo a mi Ginger Rogers particular enganchá a mi brazo.

Juan.- Tú lo que eres es un fantasma, pero dejemos las controversias y volvamos al tute. Venga Ambrosio, vamos a darles una manita a esta pareja de “tórtolos inocentes”



( Grupo de señoras cosiendo y haciendo puntos, mientras cotillean de todo lo que se les antoja)



Sña María.- (Mientras hace un jersey de punto) .- Habéis oído la última noticia sobre la vecina del segundo. Creo que tiene un nuevo pretendiente. Yo no lo he visto, pero me lo han contao.

Carmencita.- La gente es mu mal hablá ; no hay que hacer mucho caso a las habladurías. Yo la veo una chica mu formal y mu decente; además está en la edad de merecer. ¡Ya quisiéramos nosotras!

Eduvigis.- Tú, Carmencita eres más inocente que un cubo; esa, es una espabilá, te lo digo yo. Va a la caza de un buen marío con buen jornal que la mantenga y la quite de trabajar en la Tabacalera, que ser cigarrera no le gusta a naide.

Rosario.- Yo la veo mu presumía y creerá que le sientan bien los vestíos que se pone; amos, que me pongo yo eso y mi marío me echa de casa.

Nicolasa.- Hombre, pues que queréis que os diga, yo la veo bastante mona, la muchacha es joven y bonita y too le sienta bien. No hay más que ver como la miran tos los hombres del patio, que a toos se les cae la baba.

Rosario.- Pues tú no pues hablar porque el tuyo es uno de los que más la mira.

Nicolasa.- ¡La miran toos, no te digo! Haber si es que el tuyo mira pa otro lao; y se la come con la mirá.

Eduvigis.- Bueno, bueno señoras, tengamos la fiesta en paz; mira, por cierto , hablando del rey de Roma ...ahí viene.

Sarita.- Buenas noches, tengan toas ustés . Cuando venía pa ca y las veía cuchichear desde lejos mirando hacia mí, me he dicho a mi misma: Sarita, ya están toas tratando de averiguar hasta tu partía de nacimiento, así que facilítales la labor pa que no la tengan que quebrarse la sesera, y sálvese quien pueda., naturalmente.

Sña María.- ¡Hay hija, Qué importante se cree usté!, ¿no?

Sarita.- No, hija, son ustés las que me dan la importancia que yo no tengo, ni merezco, porque hay noticias más importantes en el país, que mi humilde condición. Pero pa saciar la curiosidá de algunas de ustés, les diré que soy cigarrera, que me mudao hace poco a esta casa y que estoy soltera y sin compromiso, pero eso sí, como soy bien parecía, se fijan en mí muchos hombres, entre ellos sus maríos, pero yo no tengo la culpa. Así que atenlos corto, a ellos, no a mí ¡Queden toas ustés con Dios!

Eduvigis.- ¡Habrase visto, una niña más insolente!

Sña. María.- ¡Presumida!

Rosario.- Yo no he visto una insolencia mayor.

Sña María.- No la teníamos que haber permitío ese descaro; la próxima vez la voy a dar una guantá que.. ( Haciendo el gesto )

Carmencita.- No dé usté tantas guantas, hombre; la verdá es que tiene parte de razón , desde que ha venío aquí no hemos hecho más que criticarla, ninguna la hablao pa ofrecer su amistá y en cuanto a si la miran nuestros maríos ¿de quien es la culpa?

Sña María.- ¿No me negará Vd, que la niña es una orgullosa y una descará ...

Carmencita.- No será que nos corroe un poco la envidia al ver en Carmencita, lo que nosotras ya hemos perdío: su juventud, su alegría, su desparpajo.

Eduvigis.- Hombre, que una tan poco está mal, que no somos un grupo de uvas pasas de la última cosecha de Valdepeñas.¡No sea Vd tan derrotista, mujer.

Carmencita.- ¡Claro! Pero hemos perdío su frescura, su gracia, nos hemos hecho más viejas antes de tiempo; nos pasamos la vida “cotilleando” a los demás.

Eduvigis.- ¡Qué exagerá! Nosotras solo comentamos los sucesos de socieda´.

Carmencita.- ¿De qué sociedad?

Eduvigis.- ¿De qué sociedá va a ser mujer, pues de la nuestra, porque nosotras no tenemos capacidá pa criticar a las sociedades de más alta alcurnia, que si pudiera..., porque también tien lo suyo.

Rita.- ¡Hola a toas! Vengo mu contenta y quiero compartir con Vds la buena noticia ¡

Todas.- Comparta, comparta.

Rita.- El carnicero le ha pedío en matrimonio a mi hermana, que ya era hora después de 10 años de noviazgo.

Rosario.- Enhorabuena Sña Rita, paece que le ha costao un poco al chaval, porque si se descuidan van a tener nietos en vez de hijos, ¡qué indecesión!

Nicolasa.- ¡Y cuente, cuente! ¿Cómo ha sío el feliz acontecimiento? Se la declarao o la mandao un telegrama

Rita.- Pues no lo sé, porque como son tan cortos, no sé como lo habrán conseguío, pero la verdá es que ya está too resuelto, y hasta han fijao la fecha de boda.

Eduvigis.-Si serán cortos que un día que yo estaba asomá a mi balcón, mientras pelaban la pava, les oía decir: ¡Qué bien está usté Manuela! Pues anda que usté Remigio, le contestaba ella, y otra vez, él: pero Vd está mejor Manuela y otra vez élla, qué no que Vd está mejor Remigio, y así se tiraron una hora , amos que me partí a reír

Todas.- ( Soltando una tremenda carcajada)

Sña María.- ¿Y pa cuando es la fecha del feliz acontecimiento? Hombre, lo digo pa ir apañando el vestío que me voy a poner, porque supongo que estamos toas envitadas.

Rita.- Pal doce de Julio del año que viene, Sña María, pal doce de Junio, así que ya podéis tirar la casa por la ventana y poneros vuestras mejores galas.

Rosario.- Y tú que te vas a poner, porque me imagino que serás la madrina, así que elige un buen vestío.

Sña María.- Eso, no vayas a hacer como la Sña Amparo, que cuando se casó su hijo, se compró un patrón pa ahorrar en la mano de obra y lo que le salió fue un traje e bombero.¡Causó sensación! (Una gran carcajada)

Nicolasa.- ¡Toma! Como que cuando encendieron la tarta, la gente decía: Esto si que es seguridá contra incendios. Han pensao en too y han traío su bombero particular.

Eduvigis.- Os acordáis el traspiés que dio en la iglesia al ir al altar, que casi se abraza al cura sin que la invitaran.

Rosario.- Se tuvo que arremangar, al bajar las escaleras, pa no bajarlas a trompicones.

Rita.- ¡Oh hijas! Yo, pienso comprarme un vestío de marca, Acudiré a la moda italiana si es necesario. No pienso hacer el ridículo..

Todas.- ¡Uf que fina!

Rita.- Es que mi hermana se lo merece too. ¿No les paece?

Eduvigis.- A mí, lo que me paece es que Vd, quiere también que le paezca bien al Ceñó Celipe ¿No?

Rosario.- No seas mal pnsá Eduvigis, lo que pasa es que el Ceñor Celipe también se lo merece.

Todas.- Ahí le has dao ( Sueltan todas una sonora carcajada)

Rita.- A mi Celipe, me paece bien parecido y muy formal, pero yo no he pensao en na con el Celipe y él es muy caballeroso conmigo y na más que hablar. ¡Sois un atajo de “mal pensás”!

Sña María.- Muy caballeroso, muy caballeroso, pues por ahí va diciendo que eres una chulapa muy guapetona, y muy apañá y que no le importaría tirarte los tejos.

Rita.- ¡Ah sí! Pues eso no lo sabía yo. Ya le diré yo, ya.

Rosario.- (Haciendo una burla) Ya lo dirá ella, ya ¿ Qué le vas a decir Rita?, ¿que por qué ha tardao tanto?.

Todas.- (Soltando una carcajada)

Rosario.- No, le va a decir, que ya está comprometía (Nueva carcajada)

Rita.- Sois toas unas guasonas. La envidia que os corroe. Por cierto, ¿habéis visto a la nueva vecina?

Sra. María.- ¿A Sarita quieres decir? A esa... ya la hemos dao un buen repaso, ¿verdá chicas?

Todas.- Ya la hemos dejao las cosas mu claritas

Rita.- ¡Sin lugar a dudas!, ( Con guasa )¿y no sa echao a llorar? ¡Seguro que la veis asustao!

Sña María.- Menos guasa Rita, que eres mu guasona ¿Acaso la vas a envitar a la boda? Porque si es así, a lo mejor nos repensamos nuestra asistencia.

Rita.- Pues mira ahora que lo decís, creo que sí la voy a envitar, haber si a alguna se le revuelve la mala sangre y mi hermana tiene a alguien que le alegre su boda y no se convierta en la gaceta del cotilleo.¡Abur, Señoras, abur y que Vds, lo sigan cotilleando bien

Todas.- (Con cierta guasa) ¡Adios Rita, adios y cuidado con el Celipe, que está al acecho (Fuerte carcajada)

(La escena pasa de nuevo a la partida de cartas de los hombres, mientras las mujeres continúan con sus dimes y diretes, sus cotilleos vecinales , mientras siguen haciendo que hacen sus labores)



Ambrosio.- Pero Juan, no me has visto la seña e trenta y una , so pasmao, que te la he hecho dos veces. Estás más cegato que un congrio en un campo acelgas. Tan bírlao el juego por toa la jerobi.

Juan.- Pero tú que dices , si ties el ojo pegao a la conjuntiva que paece una morcilla. No se sabe si haces señas de trenta y una o le guiñas el ojo a la mujer deste.

Patricio.-¡Oye tú, deja a mi mujer en paz , que esa además de no sabe jugar al mus, no está presente en la partía.

Juan.- ¡Hombre, es un decir! Lo que le digo a este “mastuerzo”, que se pasa la vía regañando y no gana una partía ni aunque se la regalen, que le guiña el ojo a to er que pasa menos a mí que soy su compañero, ¡no te digo lo que hay!

Ambrosio.- Tú, lo que necesitas son unas buenas antiparras, porque pa no gastar llevas las de tu abuelo, el Ceñor Zacarías, que en gloria esté, y claro así te va .¡Que estás cegato!

Celipe.- Bueno tres cero pa los baldaos, y otra partía que los dejamos zapateros. Pasa la limoná , que esto merece un buen trago.

Patricio.- Bueno, Celipe, cuando le vas a tirar los tejos a la Rita, que está por tus huesos. Además ahora ties una buena ocasión en la boa de su hermana. No sé a que esperas chico, que ya ties treinta dos tacos. Ya es hora que te recojas.

Celipe.- Pero bueno, éste, ¿te digo yo a ti cuándo ties que coger el tranvía? Celestina, que eres una Celestina

Ambrosio.- ¡Hombre Celipe! No hay que ponerse así que Patricio te lo dice por tu bien .

Celipe.- Pero si es que ya está bien, hombre, que un consejo se pue escuchar, pero es que éste no te da un consejo, te da una conferencia: ¿Cuándo te casas Celipe? ¿Cuándo le tiras lo tejos Celipe? ¡Mira que guapa está Celipe... Me desayuno, me almuerzo y también me ceno con Rita, gracias a este pesao, paece que lleva comisión por ca boa que consigue. Y yo no tengo ningún interés de momento ni en Rita, ni en nadie. ¿Me se ha comprendio?

Juan.- Y ninguno ha reparao en la nueva “vecinita”. Sarita, creo que se llama,(Pausa) Ésa cuando taconea, paece enteramente que ha empezao un terremoto, ¡que manera de mover el edificio!

Patricio.- ¡Hombre Juan! No sabía yo que tú también te fijabas en esas cosas, con lo recatao que tú eres. ¡Mira la mosquita muerta!

Juan.- Hombre , que uno tiene ojos en la cara y los tiene pa mirar, y también sabe reconocer a una chulapa bonita , aunque yo tenga la mía, que es una alhaja, por cierto. ¿u no?

Patricio.- ¡Eres un poco pelota, Juan! Pero eso está bien porque así queas mu bien con to er mundo, si señor.

Ambrosio.- ¡Oye, por cierto! ¿Sabéis algo del Venancio y del Remigio? Hace unos cuantos días que no aparecen por aquí, ni pa invitar a un cacahuete, aunque eso sería estirarse demasiao, porque mira que son tacaños y miserables.

Patricio.- Hombre, yo supongo que Remigio estará liao con los preparativos de su boa con Manuela y...

Juan.- Pero si entoavía le falta un año

Patricio.- ¡Ah pero ya sabéis como es Remigio, sa tirao 10 años pa declararse a la novia, así que lo mismo se tira otro tanto pa elegir al cura y a la iglesia.

Todos.- (Risotada colectiva)

Juan.- Tengo entendío que Venancio anda metío en un negocio de ferralla.

Todos.- ¿De fe rra lla?¿Y eso que es?

Juan.- Pues no lo sé con seguridá, pero creo que algo tie que ver con los hierros.

Ambrosio.- Así me dijeron que le habían visto días atrás, buscando por los cubos de basura y por las chamarilerías, con un carrito repleto de flejes, muelles, varillas, etcétera , etcétera, ya me entendéis , ¿u no?...

Todos.- ¡Menudo negocio.

Juan.- Seguro que cuando venga nos contará que es director gerente de una empresa en construcción. ¡Menudo es ese pa las batallitas!

Ambrosio.- Bueno, ¿nos dais la revancha u no?, Haber si este pasmao se entera mejor y conseguimos ganar una.

Juan.- Pasmao yo, tú que ties el ojo taponao. Despierta ya chico, despierta y abre el ojo que ya ha cantao er gallo.

Patricio.- Venga Celipe vamos a darles otra buena paliza.



(Aparecen en escena Remigio y Venancio, hablando aparte entre los dos mientras los otros dos grupos siguen a lo suyo)



Venancio.- Bueno Remigio, ya me enterao que tas echao al ruedo, ya era hora , bueno la verdá es que Manuela es una buena moza y tú eres un buen chaval.

Remigio.- (Tartamudeando) Pos gra, gra, cias, hom, hombre ; la ver, ver dá es que al, al , al go me ha cos, cos tao, porque, porque con mi tar-tar-tar, ta-mu-deo mea-mea-mea, costao un poqui, un poqui, poquillo deci-deci-deci-dirme.

Venancio.- Hombre Remigio, la verdad es que a la velocidad que hablas, los diez años de noviazgo me paecen pocos, Remigio, ¿qué quieres que te diga?

Remigio.- ¡Oye tú! Me-me-me-nos ca-ca, menos ca-ca, menos ca-ca-chondeo, ¡eh!

Venancio.- Hombre Remigio, no te enfades, que es una broma; ya sabes que yo te aprecio y sólo deseo que seáis muy felices.

Remigio.- ESPE-espe-espero que vengas a la bobo, a la bobo, a la boda. , bueno y tos estos tam-tam-también.

Venancio.- ¡Claro hombre! Iremos to er barrio , no te preocupes, es too un acontecimiento.

Remigio.- Yo so, yo so, yo sólo espero que mi-Ma, que mi-Ma, que mi Manuela sea como Carmen, Carmen, Carmencita, la mumu, la mumu, la mujer de Patri, la mujer de Patri, la mujer de Patricio, que es mu buena, mu do, mu do, mu dócil.

Venancio.- ¡Oh ¡ no te lo creas, esa sabe más que los ratones coloraos, el Patricio va siempre fanfarroneando de que su mujer esto, de que su mujer lo otro, de que a su mujer la tiene a sus pies . Pura pantomima.

Mira Remigio, no te fíes de las mosquitas muertas. Carmencita le hace cuatro cucamonas al Patricio y a él se le cae la baba, pero luego le saca too lo que quiere, mantones sortijas, viajes, Vamos que lo tie arruinao, que el negocio sólo da pa los caprichos de ella.

Remigio.- Pos-pos, pos no me lopa, no-me-lopa recía a mí. Mi Manue, mi Manue , mi Manuela es mu buena y mu, mu y mu,mu y mu rica y mu rica y mu ricatá.



Todos,- (Voz en Off) Vamos chicos que ya está la limoná y el chotis preparao, asín que quien quiera marcarse un baile y mover el esqueleto, que empiece a coger a su media naranja que esto está ya liao .

Sña María.- Y aunque parezcamos “cotilla”, no lo somos es que entoavía no existía la tele y la Salsa Rosa” así que de alguna manera había que matar el tiempo.

Sarita.- Pero en el fondo nos llevamos bien y por eso les invitamos a beber limoná y bailar el chotis con nosotras como está mandao, y gritad todos con nosotros:



¡¡Vivan los Patios de vecinos!!

Todos.- ¡Vivan!



Sarita.- ¡Vivan las corralas y el pueblo de Madrid!



Todos.- ¡Vivan!



Remigio.- Vi-vi, Vi-vi, pos que Vivan. Note, note, note digo.



(Suena la música y todos empiezan a bailar el chotis mientras se cierra el telón)

Guión u Obra teatral para niños: La Decisión de Villalimpia

Teatro Infantil

Teatro para niños

Guiones infantiles, guiones para niños, guiones para alumnos de primaria

Obras teatrales para representar o dramatizar con grupo de niños y alumnos


Autor: Ignasi García Barba

ignasigarciab@gmail.com

LA DECISIÓN DE VILLALIMPIA

Personajes

Sr. Campos

Campos-niño

Sr. Barros

Sr. Fuenteseca

Sr. Cenizo

Flora

Sr. Montes

Hada Madrina

Niña

Charlie

P-2



Una mesa enorme de despacho. Encima, un ordenador, un fax, un router, dos teléfonos, un montón de papeles y un interfono. En un extremo del escenario, una percha donde hay colgado un traje y una corbata de marca. Entra el Señor Campos por la izquierda. Viste camisa blanca, pantalones vaqueros y calza zapatillas deportivas. En la mano lleva un cuadro: es un paisaje donde aparece un pueblo rodeado de campos y bosques. Mira el cuadro, satisfecho, y después mira la pared de su despacho, buscando con la mirada. Finalmente cuelga el cuadro en un clavo. No le gusta cómo queda. Lo descuelga. Lo cuelga en otro clavo de la pared del fondo. Mientras lo hace suena una voz de mujer por le interfono. Es Flora.

VOZ DE FLORA- ¿Señor Campos…?

El Señor Campos mira el interfono y mira el cuadro. No sabe qué hacer. Finalmente termina de colgar el cuadro y coge distancia para ver cómo queda, sin responder al interfono.

VOZ DE FLORA- ¡Señor Campos…!

El Señor Campos se dirige al interfono, contrariado.

SEÑOR CAMPOS- ¿Qué pasa, Flora?

VOZ DE FLORA- Ha venido el Señor Montes, dice que quiere verle.

SEÑOR CAMPOS (molesto)- ¿Montes? (Pausa breve. Duda. Finalmente se decide). Dile que ahora no puedo recibirlo, que estoy muy ocupado.

VOZ DE FLORA- Es que insiste mucho.

SEÑOR CAMPOS- ¡Pues que espere! Dale una revista.

VOZ DE FLORA- Es que no tengo ninguna.

SEÑOR CAMPOS- ¡Pues un periódico!

VOZ DE FLORA- Es que todos son antiguos.

SEÑOR CAMPOS (contrariado)- ¿Y el de hoy? ¿Por qué no ha llegado aún? ¡Como secretaría, deberías encargarte de…!

VOZ DE FLORA- Lo tiene usted. Se lo dejado encima de la mesa.

El Señor Campos busca sobre la mesa. Lo encuentra.

SEÑOR CAMPOS- Vaya, es verdad. (Duda) ¡Pues déjale las Páginas Amarillas!

VOZ DE FLORA- Es que…

VOZ DEL SEÑOR MONTES (interrumpiendo a Flora, por al interfono)- Oye, Campos, he venido a hablar contigo y no pienso irme hasta haberlo hecho, ¿te queda claro? Si hace falta esperará todo el día.

SEÑOR CAMPOS (enfadado)- ¡Pues ponte cómodo, Montes, porque tienes para rato!

El Señor Campos desconecta el interfono, enfadado. Mira el cuadro. Le gusta cómo queda. Suena el teléfono. El Señor Campos lo coge)

SEÑOR CAMPOS (al teléfono, enfadado)- ¿Y ahora qué pasa? (…) (Suave, caríñoso) Ah, eres tú… Hola, bonita. (…) Claro que sí, bonita, hoy papá te irá a buscar a la salida del cole. (…) ¿A coger moras? Pero si no es época, cariño, no vamos a encontrar ni una….(…) Vale, vale, iremos a coger moras, no llores, mujer…(…) Sí, también amapolas. (…) Y haremos un ramo muy grande para mamá, sí. Bueno, ¿y qué has hecho esta mañana en el cole? (…) ¿Has dibujado un árbol, en serio? (…) ¿Y has pintado de rojo la letra “A”? ¡Vaya, pues has hecho muchas cosas! (…) Hasta luego, bonita.

Cuelga. Se oye la voz de Flora por el interfono.

VOZ DE FLORA- Señor Campos…

SEÑOR CAMPOS (al interfono, enfadado)- ¿Y ahora qué pasa? No me lo digas: ¡Montes no quiere leerse las Páginas Amarillas!

VOZ DE FLORA- No, es que…

SEÑOR CAMPOS (interrumpiéndola, enfadado)- ¡Pues que se lea el prospecto de un medicamento! ¡Aún te tomas ese jarabe para el resfriado! ¿No? ¡Pues préstale el prospecto, haz lo que sea, pero no le dejes entrar!

VOZ DE FLORA- ¡Pero Señor Campos, déjeme que le cuente…!

SEÑOR CAMPOS (interrumpiéndola, enfadado)- ¡Te he dicho que no! ¡No quiero que entre nadie! ¿Es que no me has entendido? ¡Tengo muchas responsabilidades y no puedo atender a todo el mundo!

VOZ DE FLORA- Es que han llegado los caballeros de la empresa “Basuras y Asociados, S.A.”

SEÑOR CAMPOS (nervioso)- ¿Por qué no lo decías antes? ¡Hazlos pasar!

El Señor Campos se dirige rápidamente a la percha, se pone la americana y empieza a ponerse los pantalones elegantes sobre los pantalones vaqueros, nervioso. Le cuesta. Está a punto de tropezar. Finalmente consigue ponérselos. A continuación se pone la corbata, pero con los nervios no consigue hacer bien el nudo. Alguien llama a la puerta con los nudillos.

SEÑOR CAMPOS - ¡Un momento!

Finalmente consigue hacerse el nudo de la corbata. A continuación se quita las zapatillas deportivas sin desatarse los cordones. Busca dónde esconderlas. Finalmente las mete de cualquier manera en un cajón de la mesa de despacho. Empieza a buscar algo desesperadamente.

SEÑOR CAMPOS (nervioso)- ¿Y los zapatos?

Vuelven a llamar a la puerta con los nudillos.

VOZ DEL SEÑOR FUENTESECA (impaciente)- Señor Campos, ¿podemos pasar o no?

SEÑOR CAMPOS- Sí, sí, un momento. (Se sienta en la silla de despacho, de manera que la mesa impida ver que va descalzo. Adopta la posa de ser alguien importante). Adelante.

Entran el Señor Fuenteseca, el Señor Barros y el Señor Cenizo por la izquierda. Ambos visten con un traje y una corbata idénticos a los del Señor Campos, y además llevan elegantes zapatos. Cada uno de ellos lleva también un maletín de ejecutivo. Se paran a unos metros de la mesa, esperando que el Señor Campos se levante y vaya hacia ellos para darles la bienvenida. El Señor Campos se levanta pero no va a darles la bienvenida.

SEÑOR CAMPOS- Señor Fuenteseca, Señor Barros, Señor Cenizo…

Los Señores Fuenteseca, Barros y Cenizo, un poco contrariados porque el Señor Campos no ha ido hacia ellos para darles la bienvenida y acomodarlos, van hacia él, dispuestos a darle la mano.

SEÑOR FUENTESECA (dándole la mano) – Buenos días.

SEÑOR BARROS (dándole la mano) – Buenos días.

El Señor Campos le ofrece la mano al Señor Cenizo, pero el Señor Cenizo deja su maletín sobre la mesa y apoya en ella las manos.

SEÑOR CENIZO- Vamos al grano, alcalde, ¿podemos ampliar el vertedero o no?

SEÑOR CAMPOS (cohibido)- Es que aún no lo tengo muy claro.

Los otros tres se miran entre sí.

SEÑOR CENIZO- ¿Cuál es el problema?

SEÑOR CAMPOS- Bueno… Algunos vecinos del pueblo… que no ven que el vertedero sea muy seguro y…

SEÑOR BARROS (cortándolo, ofendido)- ¿Cómo que no lo ven seguro? ¿Y ellos qué saben? ¡Pero si hemos invertido un montón de millones en el tema de la seguridad medioambiental!

SEÑOR CAMPOS- No, si yo ya lo sé… pero…

SEÑOR FUENTESECA (ofendido)- ¡Hemos hecho exactamente lo que marca la Ley!

SEÑOR CAMPOS- Si ya me lo imagino, pero…

SEÑOR CENIZO- ¿No están contentos, los vecinos, con las mejoras que ha conseguido el pueblo gracias al dinero del vertedero? Porque es obvio que el pueblo ha mejorado, ¿no es verdad?

SEÑOR CAMPOS- Sí, hombre, claro que sí, pero…

SEÑOR BARROS- Por fin ha podido llegar la canalización del agua…

SEÑOR CAMPOS- Si yo eso no lo niego…

SEÑOR FUENTESECA- Y se han podido asfaltar todas las calles.

SEÑOR CAMPOS- Sí, sí, es verdad…

SEÑOR CENIZO- ¿Y qué me dice de las piscina municipal? ¿O del polideportivo?

SEÑOR CAMPOS- Sí, es verdad, todo eso está muy bien…

SEÑOR BARROS, SEÑOR FUENTESECA, SEÑOR CENIZO (al mismo tiempo)- ¿Entonces cuál es el problema?

SEÑOR CAMPOS- Pues… La ampliación… Si ahora ya se huele la peste que echa…

SEÑOR FUENTESECA- ¿Peste? ¿Pero qué tontería es ésa?

SEÑOR CAMPOS- Hombre… No huele a colonia, precisamente.

SEÑOR BARROS- ¡Pero si, a pesar de estar en su término municipal de Villalimpia, lo pusimos más cerca de los pueblos vecinos precisamente para que no les molestara a ustedes el olor!

SEÑOR CAMPOS- Ya… Y los vecinos de los otros pueblos también se quejan.

SEÑOR FUENTESECA- ¡Venga ya! ¡Si ésos no pintan nada en este asunto! Así que tranquilo.

SEÑOR CENIZO- ¿Sólo es ése, el problema? ¿Los olores?

SEÑOR CAMPOS- No, no sólo es eso…

SEÑOR CENIZO- Pues explíquese, alcalde.

El Señor Cenizo empieza a pasear por el despacho como si fuese suyo. Se sitúa detrás del Señor Campos. El Señor Campos se muestra intranquilo ante la posibilidad de que descubra que va descalzo.

SEÑOR CAMPOS- Pues… La gente dice que las arcillas de la zona prevista para la ampliación no son tan impermeables como aseguran ustedes, y que eso es peligroso porque al parecer en esa zona hay aguas subterráneas que van a parar a nuestras fuentes.

SEÑOR CENIZO (tranquilo)- Continúe.

SEÑOR CAMPOS-… Y además… la ampliación prevista les parece muy grande. Dicen que más que una ampliación parece un nuevo vertedero. Y habría que talar una parte del bosque.

Los tres visitantes se miran entre sí. El Señor Cenizo se sitúa ante su maletín, mira amenazadoramente al Señor Campos y abre el maletín lentamente. Saca de su interior una botella de champán. A continuación el Señor Fuenteseca abre su maletín, saca de su interior 4 copas y las deja sobre la mesa. El Señor Cenizo sirve champán en las copas. Le ofrecen una al Señor Campos.

SEÑOR CENIZO- ¿Quiere brindar con nosotros?

SEÑOR CAMPOS- No, no, gracias.

SEÑOR CENIZO- Como quiera. (ofrece las copas a los otros dos y él se queda con otra. Brinda) ¡Por el progreso!

Los tres visitantes beben.

SEÑOR CENIZO- Señor Barros… Cuando quiera.

SEÑOR BARROS (como recitando una lección)- Según los estudios geológicos de nuestros expertos formados y licenciados en diversas universidades europeas y norteamericanas, las arcillas de la zona prevista para la ampliación superan de sobra el grado de impermeabilidad que marca la Ley. Pero, a pesar de ello, y como muestra de nuestra voluntad de extremar las precauciones, la empresa “Basuras y Asociados, S.A.” tiene previsto llevar a cabo una fuerte inversión para evitar eventuales filtraciones en el subsuelo de la nueva ampliación del vertedero, aplicando láminas de… (se atasca y no sabe como seguir. Lo intenta de nuevo) láminas de…

Se atasca de nuevo. Mira a los otros dos, disculpándose. El Señor Cenizo, contrariado, gesticula apremiándolo a seguir. El Señor Barros saca discretamente una “chuleta” del bolsillo, la consulta y vuelve a guardarla).

SEÑOR BARROS- … de polietileno, de un grosor y una densidad que será el doble de lo que marca la Ley para suelos arcillosos permeables que han de acoger los lixiviados, es decir, los líquidos procedentes de la descomposición de los residuos…

SEÑOR CENIZO y SEÑOR FUENTESECA- ¡Muy bien!

SEÑOR BARROS- ¡Pero aún hay más! Por lo que se refiere a los malos olores procedentes de gas metano procedente de la descomposición de los residuos procedentes del vertedero de Villalimpia procedente de la comarca de…

SEÑOR CENIZO (interrumpiéndolo, enfadado)- Por favor, ahórrese los detalles superfluos.

SEÑOR BARROS- Pues decía que el olor del metano se mitigará considerablemente gracias a la construcción de una planta de biogas con la que está previsto alimentar al alumbrado público de las urbanizaciones cercanas, biogas que le recuerdo procederá del metano procedente de…

SEÑOR CENIZO- Gracias por su intervención, Señor Barros, le felicito.

SEÑOR BARROS (a su bola)- …la descomposición de los residuos procedentes del vertedero procedente de…

SEÑOR CENIZO- ¡Basta! (El Señor Barros se calla) Bueno, ¿qué le parece, alcalde?

El Señor Campos duda.

SEÑOR BARROS (al Señor Fuenteseca, preocupado) ¿Lo he hecho bien, Señor Fuenteseca?

SEÑOR FUENTESECA (dándole golpecitos en la espalda, entusiasmado)- ¡Muy bien, Fuenteseca, en serio! Es todo un experto. No he entendido nada, pero ha sido impresionante.

SEÑOR FUENTESECA (satisfecho)- Gracias.

SEÑOR CAMPOS- La verdad es que parece que lo tienen todo muy controlado.

SEÑOR CENIZO- ¡Claro que sí! “Control, control y más control”, ése es el lema de nuestra empresa.

SEÑOR CAMPOS- Pero es que… una ampliación tan grande… Los niños del pueblo juegan en ese bosque.

Pausa tensa.

SEÑOR CENIZO (severo)- Señor Campos, hay miles de personas… ¡qué digo miles!, ¡millones!, que dependen de su decisión. No puede dejarse influir por unos cuantos vecinos que no saben ni lo que dicen, que hablan mucho pero no son expertos en residuos. Toda la agrupación de municipios agradeció el gesto solidario de Villalimpia cuando aceptó instalar en su término municipal el vertedero de todos sus desperdicios…

El Señor Campos avanza hacia el Señor Cenizo, pensativo y atento al discurso del Señor Cenizo, sin percatarse de que expone a la mirada de los otros sus pies descalzos.

SEÑOR CAMPOS- Sí, pero entonces ustedes se comprometieron a no realizar ninguna ampliación, y ahora…

SEÑOR CENIZO (ignorando el comentario, sigue con su discurso)- …Ese gesto nos habla de un pueblo generoso dirigido por el más generoso de sus hijos, usted, señor alcalde, que sabe que no se le puede dar la espalda al progreso, que tiene los pies en el suelo y conoce el terreno que pisa, que camina hacia el futuro con… (se da cuenta de que el Señor Campos está descalzo)… ¿Por qué anda descalzo?

El Señor Campos se ve descubierto y se siente muy avergonzado. Duda, sin saber qué decir.

SEÑOR CAMPOS- Pues… por eso mismo… Porque… porque en este asunto hay que tener los pies en el suelo.

SEÑOR FUENTESECA- Sí, pero tanto…

SEÑOR CAMPOS- Ya me gustaría ver qué hacían en mi lugar. (Señala el cuadro) Todo el pueblo está pendiente de mi decisión.

SEÑOR FUENTESECA (mirando el cuadro)- Es verdad, es Villalimpia. ¿Quién lo ha pintado?

SEÑOR CAMPOS- Yo.

SEÑOR CENIZO- ¿Usted?

SEÑOR CAMPOS- Sí.

El Señor Cenizo, el Señor Barros y el Señor Fuenteseca se miran con complicidad)

SEÑOR CENIZO, SEÑOR BARROS Y SEÑOR FUENTESECA (al mismo tiempo)- ¡Qué bonito!

SEÑOR FUENTESECA- ¡Y qué colores!

SEÑOR BARROS- ¡Qué pincelada!

SEÑOR FUENTESECA- ¡Qué expresión!

SEÑOR BARROS- ¡Qué colores!

SEÑOR FUENTESECA- Eso ya lo he dicho yo.

SEÑOR BARROS- ¿Ah, sí? Es que… no sé qué más se puede decir… (Piensa)

SEÑOR CENIZO, SEÑOR BARROS Y SEÑOR FUENTESECA (al mismo tiempo)- ¡Qué belleza!

SEÑOR CAMPOS- No exageren, no es nada del otro mundo. Es un cuadro normal y corriente. El pueblo sí es bonito.

SEÑOR CENIZO- Y aún lo será más. Cuando hayan ampliado la escuela, cuando hayan hecho el parque infantil… y el Centro para la Tercera Edad… y el albergue.

SEÑOR CAMPOS (tristón)- ¡No saben cuánto me gustaría! Hace tiempo que todo eso está proyectado, pero no hay suficiente dinero en las arcas municipales.

SEÑOR CENIZO- Eso tiene fácil arreglo. (le hace un gesto al Señor Barros, y éste deja su maletín sobre la mesa) Alcalde, aquí tiene el Futuro de su pueblo.

El Señor Barros abre el maletín, de modo que el espectador no ve su contenido, sólo lo ve el Señor Campos. Del interior del maletín sale música celestial y una luz dorada. El Señor Campos abre mucho los ojos ante semejante visión.

SEÑOR BARROS- Es el dinero que, en nombre de todos los ciudadanos de la Corporación de Municipios, le ofrecemos a Villalimpia y a su alcalde como muestra de gratitud. Porque sabemos que Villalimpia es un pueblo generoso que no pondrá freno al progreso y al desarrollo del País.

SEÑOR CAMPOS (maravillado)- ¡Aquí hay mucho dinero!

SEÑOR FUENTESECA- Es el que ingresaremos mes a mes en las arcas municipales para que usted pueda disponer de él y así hacer esas mejoras en el pueblo…o lo que usted considere oportuno… si aprueba la ampliación y nos renueva los permisos otros cinco años. Después ya nos iremos.

El Señor Campos observa de nuevo el contenido del maletín, dudando. El Señor Barros se lleva al Señor Cenizo aparte, lejos del Señor Campos.

SEÑOR BARROS (al Señor Cenizo, sin que lo oiga el Señor Campos)- ¿Sólo cinco años? Eso no es lo que hablamos…

SEÑOR CENIZO (contriariado, en voz baja)- ¡Cállese! ¿Quiere estropearlo todo?

Vuelven junto al Señor Campos

SEÑOR CAMPOS (pensativo)- ¿Y dice que sólo serían cinco años?

SEÑOR CENIZO, SEÑOR FUENTESECA, SEÑOR BARROS (al mismo tiempo)- ¡Ni un día más!

SEÑOR CAMPOS (casi convencido)- Pues… en ese caso…

El Señor Cenizo mira al Señor Barros, apremiándolo. El Señor Barros saca inmediatamente un contrato de un bolsillo interior de su americana y se lo da al Señor Cenizo. Simultáneamente, el Señor Fuenteseca saca un bolígrafo de un bolsillo interior de su americana y se lo ofrece al Señor Cenizo. El Señor Cenizo coge el contrato y el bolígrafo. A continuación, el Señor Barros inclina la espalda y el Señor Cenizo apoya el contrato en ella y le ofrece el bolígrafo al Señor Campos.

SEÑOR CENIZO (satisfecho)- ¡Firme!

El Señor Campos duda. Pausa expectante. Finalmente coge el bolígrafo y firma el contrato. Cuando ya lo ha firmado, el Señor Cenizo, el Señor Barros y el Señor Fuenteseca observan el contrato con veneración, dando la espalda al Señor Campos e ignorándolo completamente. Finalmente el Señor Cenizo besa el contrato y lo guarda en su maletín, satisfecho. El Señor Barros cierra el maletín del dinero y se lo ofrece al Señor Campos, que lo coge dudando. El Señor Fuenteseca coge las copas que han usado para beber champán y las guarda en su maletín. Los tres visitantes se disponen a irse, pero de repente se detienen y se giran hacia el Señor Campos.

SEÑOR CENIZO, SEÑOR BARROS y SEÑOR FUENTESECA (al mismo tiempo)- ¡Y póngase los zapatos, hombre!

Salen los tres por la izquierda. Pausa. El Señor Campos coge la botella de champán que han olvidado sus visitantes y la mira, pensativo. Luego mira detenidamente el cuadro del pueblo, también pensativo.

SEÑOR CAMPOS (al cuadro) - ¿Crees que he hecho bien?

El cuadro, naturalmente, no responde. El Señor Campos abre el cajón donde ha guardado las zapatillas de deporte y las coge. Se agacha, dispuesto a ponérselas.

De repente el escenario se ilumina de azul. Se oye el grito de una mujer, primero a lo lejos, luego acercándose, hasta que entra en el escenario desde el lateral derecho, como empujada por un vendaval, una mujer, procurando no perder el equilibrio. Tiene el pelo desaliñado y viste ropas de colores, que más que prendas parecen trapos (un impermeable fosforescente, una camiseta con la inscripción “The number one”, falda corta, medias negras con agujeros y carreras por todas partes…) Lleva un paraguas viejo y agujereado y una mochila con forma de osito de peluche. Es el Hada Madrina. Finalmente pierde el equilibrio y cae al suelo. El Señor Campos la observa, desconcertado y asustado.

HADA MADRINA (sentada en el suelo, contrariada)- ¡Otra vez una piel de plátano!

SEÑOR CAMPOS (sorprendido y asustado)- ¿¡Pero… usted quién es!?

HADA MADRINA (contrariada)- ¡Decididamente, hay que limpiar este pueblo!

Se levanta y empieza a sacudirse el polvo de la ropa.

SEÑOR CAMPOS- ¿¿Pe…pero qué…?? Quiero decir, ¿cómo…? O sea…. ¿Cómo ha entrado?

HADA MADRINA (sacudiéndose el polvo)- Pises donde pises, siempre acabas resbalando por culpa de alguna porquería y terminas con el culo en el suelo. Y cuando has conseguido levantarte….¡Hala, otro resbalón y otra vez al suelo! Así no hay quien pueda hacer magia.

SEÑOR CAMPOS- ¿Pero… quién es usted?

HADA MADRINA- ¿Qué pasa, no tienes ojos en la cara? ¡Soy el Hada Madrina de Villasucia! ¡Pero si salta a la vista! ¿Qué pasa, te has dejado las gafas en casa?

Pausa. El Señor Campos la mira boquiabierto.

SEÑOR CAMPOS (sorprendido)- A ver si me entero… O sea… ¿Dice usted que es Hada Madrina de Villasucia?

HADA MADRINA- ¡Exacto! (le da una tarjeta de visita) Toma, mi tarjeta. Pero ahora trabajo en jornada intensiva, así que sólo me encontrarás por las mañanas.

SEÑOR CAMPOS- Ah… (siguiéndole la corriente) ¿Y… dónde cae eso de Villasucia?

El Hada Madrina, que observa con atención y curiosidad el despacho, no atiende al alcalde y por eso no oye la pregunta. Se sienta en la silla de despacho y apoya los pies sobre la mesa y silba, admirada.

HADA MADRINA- ¡Cómo mola tu despacho, tronco! ¡Esto sí que es elegancia! ¡Y qué limpieza! ¡Hacía tiempo que no veía un sitio tan limpio!

SEÑOR CAMPOS- ¡Señora, haga el favor de quitar los pies de la mesa! ¡Y levántese ahora mismo de mi silla!

HADA MADRINA (levantándose, indignada)- ¡Eh, un poco de respeto, que soy el Hada Madrina de tu pueblo!

SEÑOR CAMPOS- ¡Ya, y yo soy el Pájaro Loco! Además, mi pueblo, es decir, este pueblo, se llama Villalimpia, no Villasucia.

El Hada Madrina empieza a reírse a carcajadas.

HADA MADRINA (riéndose)- ¡Pero qué chorrada! ¡Yo me parto!

SEÑOR CAMPOS (ofendido)- ¡Haga el favor de salir de mi despacho! ¿No sabe con quién está hablando?

HADA MADRINA- Claro que sí, con Eduardo Campos, alcalde del pueblo que durante un tiempo se conoció como Villalimpia, pero que ahora todo el mundo conoce como Villasucia. (Pausa breve. El Señor Campos parece confundido) Y ahora mira hacia allí. (Señala hacia la derecha) ¿Qué ves?

SEÑOR CAMPOS- Nada…

HADA MADRINA- Haz un esfuerzo, hombre. ¿Para qué sirve la imaginación? Ya sabemos que esto es una obra de teatro y que ahí no hay nada, sólo el colega que te sopla el texto cuando se te olvida. Pero se supone que esto es un despacho, ¿no?

SEÑOR CAMPOS (desconcertado)- Sí…

HADA MADRINA- Y que la única puerta de entrada está ahí, que es por donde entra y sale la gente, ¿no? (señala a la izquierda)

SEÑOR CAMPOS- Hombre, pues… sí…

HADA MADRINA- Pues si en tu despacho no hay ninguna otra puerta ni tampoco hay ventanas… ¿qué es lo que hay ahí? (vuelve a señalar a la derecha, exigiendo la respuesta correcta)

SEÑOR CAMPOS (mirando a la derecha)- Pues… (Piensa) ¿La pared?

HADA MADRINA (satisfecha)- ¡Exacto! ¡La pared! ¿Y tú conoces a algún ser mortal que pueda entrar en el despacho de un alcalde cruzando la pared?

SEÑOR CAMPOS- No.

HADA MADRINA- ¡Claro, pues eso quiere decir que yo soy el Hada Madrina!

Pausa. El Señor Campos la mira, aún con desconfianza)

SEÑOR CAMPOS- Entonces enséñeme la varita mágica. Porque si es un Hada, tendrá una varita mágica, ¿no?

El Hada Madrina lo mira, contrariada por su desconfianza, pero finalmente accede: se quita la mochila, la abre y empieza a sacar objetos inverosímiles del interior mientras busca la varita.

HADA MADRINA (refunfuñando mientras busca)- ¡La varita! ¡Pero qué tonto eres! Desde que los tíos ésos de Walt Disney inventaron el rollo de la varita, todo el mundo piensa que las hadas somos como esas pavas que salen en las películas. (Saca de la mochila una varita que consiste en un tubo de plástico duro impregnado de purpurina, sobre el que hay pegada una estrella de plástico. La muestra al Señor Campos.) ¿Contento?

SEÑOR CAMPOS (decepcionado) ¿Esa cosa es su varita?

HADA MADRINA (ofendida)- ¿Qué pasa? Soy un hada modesta, tengo que conformarme con ir a las rebajas y las tiendas de todo a un euro. Pero mira qué pasada, si le doy aquí se ilumina la estrella.

(Le da un interruptor de la varita. No pasa nada)

HADA MADRINA (contrariada)- ¿Y ahora qué pasa?

(Le da varias veces al interruptor)

HADA MADRINA- A lo mejor se le han acabo las pilas...

(Saca dos pilas del bolsillo de su impermeable. A continuación le quita las pilas usadas a la varita y las tira en la papelera)

SEÑOR CAMPOS (saca las pilas de la papelera, contrariado)- ¡Eh, que las pilas hay que tirarlas en contenedores especiales!

(Deja las pilas sobre la mesa)

HADA MADRINA- ¿A que molesta? ¡Pues tendrías que ver la cantidad de porquería que hay por el suelo en el futuro! ¡Y todo por tu culpa!

SEÑOR CAMPOS- ¿Pero qué está diciendo?

HADA MADRINA- Tienes razón, actualmente este pueblo se llama Villalimpia. Pero dentro de unos años se llamará Villasucia. ¿Y sabes por qué? ¡Por culpa de ese vertedero! (Le pone las pilas nuevas a la varita y le da al interruptor. La estrella se ilumina. Muestra la varita al Señor Campos, satisfecha) ¿Qué? ¿Te crees ya que soy un hada?

(Pausa. El Señor Campos está completamente desconcertado)

SEÑOR CAMPOS- Pero... entonces eso quiere decir que usted viene del... del...

HADA MADRINA- ¡Sí señor, del futuro! (Presumiendo) Es lo que tiene la Teoría de la Relatividad. Para nosotras viajar por el tiempo está chupao.

SEÑOR CAMPOS- Pero... pero...

(Entra con energía por la izquierda el Señor Montes, más o menos de la misma edad que el Señor Campos. Viste vaqueros y una camisa verde. Tras él entra FLORA, atolondrada. Lleva un vestido con flores estampadas)

FLORA (disculpándose) - Perdone, Señor Alcalde, no lo he podido evitar.

SEÑOR MONTES- ¡No dejaré que firmes esa ampliación del vertedero, Campos!

SEÑOR CAMPOS- ¡Vaya! ¿Aún sigues aquí, Montes?

SEÑOR MONTES- ¡Sí, pero ya empezaba a aburrirme!

FLORA- Es que ya se ha leído el prospecto de mi medicamento.

SEÑOR CAMPOS- ¿Y qué tal las Páginas Amarillas? ¿No quieres leértelas?

SEÑOR MONTES- Ya las puedo leer en casa. Por favor, déjenos solos, Flora.

(Flora se dispone a salir)

SEÑOR CAMPOS- ¡Un momento! (Flora se detiene) Soy yo quien debe decidir lo que tiene que hacer mi secretaria. ¿Estamos?

FLORA- Claro, claro, Señor Alcalde. Dígame qué quiere que haga.

SEÑOR CAMPOS- Déjenos solos, Flora.

(Flora sale por la izquierda, desconcertada)

SEÑOR CAMPOS (al Hada Madrina)- Tendrá que disculparme un momento.

HADA MADRINA- Tranquilo, tú a lo tuyo.

SEÑOR MONTES (intrigado)- ¿Con quién hablas?

SEÑOR CAMPOS- Pues con una... (Calla y lo mira, desconcertado)- ¿Es que tú no la ves?

SEÑOR MONTES- ¿A quién?

SEÑOR CAMPOS- A la tía rara ésta... Dice que es el Hada del pueblo.

HADA MADRINA (ofendida)- ¡Eh, un poco de respeto! ¿No?

(Pausa. El Señor Montes mira a su alrededor, confuso)

HADA MADRINA- Él no puede verme ni oirme. Sólo tú puedes hacerlo. Es mi voluntad. Deberías estar contento, eres un tío con suerte.

SEÑOR CAMPOS (al Señor Montes)- ¿De verdad no la ves?

(Pausa. El Señor Montes mira al Señor Campos, preocupado)

SEÑOR MONTES- Oye, Campos... Vale, sí, estoy muy mosqueado contigo por lo del vertedero pero... eres mi amigo y... me preocupa que... ¿¿De verdad pienses que aquí hay un hada??

(El Hada Madrina va hacia la mesa del despacho, se sienta en la silla y observa el router y el ordenador, llena de curiosidad)

SEÑOR CAMPOS- Ahora mismo está sentada en mi silla y mira el router y el ordenador (el Hada Madrina empieza a teclear en el ordenador, divertida) ¡Eh, Señora, que ese teclado es muy delicado! (le aparta las manos) ¿Es que no sabe comportarse?

(El Hada Madrina se levanta de la silla, contrariada)

HADA MADRINA- ¡Pues claro! ¡Más que tú!

(El Señor Montes se sienta en la silla y descuelga el teléfono)

SEÑOR MONTES- Voy a llamar al médico, creo que te iría bien descansar unos días. (empieza a marcar un número) Trabajas demasiado, tienes demasiadas responsabilidades, estas sometido a mucha presión...

SEÑOR CAMPOS (contrariado)- ¡Que no te sientes en mi silla, Montes, que no es la butaca de un cine! ¡Vamos, levántate! (El Señor Montes se levanta. El Señor Campos le coge el auricular y cuelga) ¡Y no vas a llamar a nadie! Ya sé lo que quieres... Quieres que me vaya a casa y me meta en la cama para que hoy no pueda firmar la ampliación, ¿verdad que sí?

HADA MADRINA- ¡Pero qué morro tienes! ¡Si ya la has firmado!

SEÑOR CAMPOS- ¡Usted no se meta, señora, que esto es Política!

SEÑOR MONTES- Sabes de sobra que esa ampliación es demasiado grande, que habría que quitar medio bosque y que las medidas de seguridad no son tan buenas como dicen.

SEÑOR CAMPOS- Yo lo que sé es que hay que ampliar la escuela, que la gente no para de pedirme un centro de día para los ancianos, que los restauradores quieren ver terminado el albergue juvenil YA, y que los niños necesitan un parque infantil.

SEÑOR MONTES- ¿Y para darles un parque infantil les vas a quitar el bosque, los campos, el aire limpio y las fuentes? ¡No necesitamos el parque infantil, no a un precio tan alto!

HADA MADRINA- ¡Bien dicho, tronco!

SEÑOR CAMPOS (al Hada Madrina)- ¡Usted no se meta!

HADA MADRINA- ¿Por qué no? ¡Este tío sabe mejor dónde pisa tú!

SEÑOR CAMPOS- ¡Yo también sé dónde piso!

(El Señor Montes y el Hada Madrina descubren que el Señor Campos va descalzo. El Hada Madrina empieza a mofarse)

SEÑOR MONTES (riéndose)- ¡Ya lo creo, eso sí es saber dónde pisas! ¿Por qué vas descalzo?

SEÑOR CAMPOS- Es que... así estoy más cómodo.

SEÑOR MONTES- Tú verás... Pero te lo repito: no permitiré que firmes esa ampliación. La gente del pueblo no está dispuesta a...

SEÑOR CAMPOS (interrumpiéndolo, desafiante)- Ya lo he hecho.

SEÑOR MONTES- ¿¿Qué??

SEÑOR CAMPOS- Ahora mismo. La semana que viene empezarán a remover tierras.

(Pausa larga. El Señor Campos y el Señor Montes se miran, tensos)

SEÑOR MONTES- Pensaba que éramos amigos. Y que mi opinión y la de la mayoría de la gente de Villalimpia serviría para algo.

SEÑOR CAMPOS- Tranquilo. Yo ya sé qué le conviene al pueblo.

(Pausa)

SEÑOR MONTES- No vuelvas a dirigirme la palabra, Eduardo. Nunca más.

(Se dispone a irse)

SEÑOR CAMPOS- ¡Venga, hombre, no te lo tomes así! Somos amigos, ¿no?

SEÑOR MONTES- Eso es lo que pensaba hasta ahora.

(El Señor Montes se va. El Señor Campos se muestra abatido)

HADA MADRINA- Has metido la pata hasta el fondo, tronco. Y yo también, he llegado demasiado tarde. Quería llegar antes de que lo firmaras, pero aún no domino lo de viajar en el tiempo. Falté a algunas clases del cursillo y... ya ves.

SEÑOR CAMPOS- ¿Qué pasó? ¿Hiciste pellas?

HADA MADRINA (ofendida)- ¡Eh, que yo soy un hada responsable! No. Tuve que ir a ver a mi madre, que estaba enferma y vive en la otra punta del planeta. Así que no te pases de listo.

SEÑOR CAMPOS (que no se lo termina de creer)- Ya...

HADA MADRINA (pensando)- Pero quizá aún se podría hacer algo...

SEÑOR CAMPOS- ¿Algo? ¿Como qué?

HADA MADRINA- Podría transportarte al pasado... (cada vez más entusiasmada) ¡Sí, eso eso! ¡Unos minutos antes de que firmes el contrato! (Busca en su mochila) A ver si lo he traído...

(Empieza a sacar de nuevo cosas de la mochila y las deja sobre la mesa: un osito de peluche, un pato de goma, unos guantes de boxeo, unas gafas de esquí, unas aletas de buceo...)

HADA MADRINA (buscando todavía)- ¿Dónde lo habré metido?

(El Hada Madrina sigue buscando. Saca de la mochila una zanahoria, unos calcetines sucios, un peine enorme y un cencerro. El Señor Campos reacciona con sorpresa ante cada objeto)

HADA MADRINA- ¡Aquí está! (saca un despertador antiguo con unos cables y lo muestra al Señor Campos, satisfecha. Marca una hora distinta a la de la función.) Sólo hay que atrasarlo un cuarto de hora y luego decir las palabras mágicas.

SEÑOR CAMPOS- Pero si no marca la hora, mire. (Le muestra la hora que marca su reloj de pulsera)

HADA MADRINA- Claro, es que marca la hora del lugar donde vive mi madre. Así yo la llamo para que no se le olvide tomar la pastilla. ¡Bueno, pues nada, nos vamos! (Atrasa el despertador un cuarto de hora). Y ahora las palabras mágicas.

SEÑOR CAMPOS- Es que no estoy muy seguro de querer volver al pasado.

HADA MADRINA- ¿Pero qué me estás contando?

SEÑOR CAMPOS- Pues que no tengo intención de cambiar las cosas. Estoy convencido de que he hecho bien, así que si volviese al pasado, volvería a firmar la ampliación.

HADA MADRINA- ¿Así que no te arrepientes de haber firmado el contrato?

SEÑOR CAMPOS- No.

(Pausa)

HADA MADRINA (molesta)- ¿¿Y no me lo podías haber dicho antes de que vaciara la mochila?? ¿¿Tienes idea de lo que me va a costar volver a meter todo eso ahí dentro??

(Empieza a meter todos los objetos dentro de la mochila, con dificultad. El despertador, sin embargo, lo deja a un lado)

SEÑOR CAMPOS- Perdone, pero usted no me lo ha consultado. Y el asunto tiene su importancia, así que tenía que haberme preguntado.

HADA MADRINA- Así que tenía que habértelo preguntado, ¿no?

SEÑOR CAMPOS- Sí.

HADA MADRINA- Porque a ti te parece que es un asunto importante, ¿no?

SEÑOR CAMPOS- Claro.

HADA MADRINA (incisiva)- ¿Entonces por qué no has consultado tú con el resto del pueblo lo del vertedero? ¿Por qué no has hecho un referéndum ni nada? ¿Qué pasa? ¿No te parece un asunto importante?

(Pausa larga. El Señor Campos no sabe qué decir)

SEÑOR CAMPOS- Oiga, no me cambie de tema. Ahora estamos hablando de viajar en el tiempo.

HADA MADRINA- Mira, vamos a hacer una cosa: no te llevaré al pasado. Aún no. ¿Sabes qué haré? ¡Te llevaré al futuro!

SEÑOR CAMPOS- ¿Al futuro?

HADA MADRINA- Así verás en qué se ha convertido Villalimpia. Mejor dicho: Villasucia. Y después tomas tu decisión. ¿Qué te parece?

(Pausa. El Señor Campos duda)

SEÑOR CAMPOS- No sé, no sé...

HADA MADRINA- Vamos, hombre, anímate. ¡Lo que pagaría la gente por ver su futuro! ¡Y conmigo lo verás gratis!

SEÑOR CAMPOS- ¿Seguro?

HADA MADRINA- Considéralo una oferta de lanzamiento y de promoción, que tal como están las cosas, no me vendrá nada mal...

SEÑOR CAMPOS- ¿Y podré regresar aquí cuando quiera?

HADA MADRINA- Cuando tú me lo digas. Mira, haremos un trato: cuando se ponga el sol, volvemos al presente. ¿Qué te parece?

(El Señor Campos duda unos momentos)

SEÑOR CAMPOS- Vale.

(Se estrechan la mano para cerrar el trato)

HADA MADRINA (saca su móvil)- Pero antes tengo que llamar a mi madre. Es que es muy sufridora, ¿sabes? Tengo que decirle adónde voy porque si me llama y no contesto se agobiará y empezará a llamar a los hospitales, a las comisarías, a los programas esos de la tele donde buscan personas desaparecidas... y se gastará una pasta en llamadas.

SEÑOR CAMPOS- Pero si su madre es un hada... debería saber dónde esta usted sin necesidad de que se lo diga, ¿no?

HADA MADRINA- Oye, no te pases de listo, que no tienes ni idea.

SEÑOR CAMPOS- Bueno... yo sólo digo que...

HADA MADRINA (interrumpiéndolo)- Mi madre no es un hada.

SEÑOR CAMPOS- ¿Ah, no?

HADA MADRINA- No, era cajera de un supermercado. Ahora ya está jubilada. Y los poderes mágicos los he heredado de mi padre, que es un genio.

SEÑOR CAMPOS- Ah... ya... ¿y él a qué se dedica?

HADA MADRINA- ¡Te lo acabo de decir! ¡Es un genio! De los que viven en una lámpara maravillosa y todo eso.

SEÑOR CAMPOS- ¿Ah, sí? ¿Y qué pasó? ¿Su madre la encontró mientras viajaba por el desierto de Arabia?

HADA MADRINA- No, la encontró haciendo castillos de arena en la playa de Torrevieja.

SEÑOR CAMPOS- Ah...

HADA MADRINA (triste)- Sí. Y hace un año se pelearon porque querían ir de vacaciones a lugares distintos y mi padre volvió a meterse dentro de la lámpara. Y desde entonces no ha salido (suspira) Habrá que esperar a que se le pase el mosqueo.

SEÑOR CAMPOS- Tranquila, ya verá cómo pronto se le pasa...

HADA MADRINA- Ya, pero lo que para ti es pronto... para un genio pueden ser siglos... Como viven una eternidad... (Suspira de nuevo y marca un número en su móvil) Tranquilo, no tardaré mucho.

(Mientras el Hada Madrina espera respuesta en su móvil, el Señor Campos coge el despertador y lo examina con curiosidad)

HADA MADRINA (al teléfono)- ¿Mamá?... Sí, soy yo... Ahora estoy en Villalimpia, pero llamaba para decirte precisamente que... Ya lo sé, mamá, pero es que me aburría un poco, que en el Polo Sur no vive nadie, y los pingüinos no es que te den mucha conversación, precisamente... Pues mira, te llamaba para decirte que si me llamas a la hora de cenar no voy a estar, que vuelvo a Villasucia, y como ahí no hay buena cobertura... ¿Cuánto tiempo? Oye, mamá, no me controles tanto, que ya no soy una niña... ¡Pues lo que haga falta!... (El Señor Campos sigue la conversación telefónica. El Hada Madrina se da cuenta y se aparta pero habla para que el Señor Campos escuche lo que dice) No, un día entero no creo, ¿no ves que aquello está hecho un asco? No me apetece quedarme mucho, sólo voy por trabajo.

(El Hada Madrina se da cuenta de que el Señor Campos ha vuelto a acercársele para escuchar la conversación. El Señor Campos disimula y el Hada Madrina se aparta de él)

HADA MADRINA (al teléfono, en tono confidencial)- No es verdad, mamá, seguramente pasaré más tiempo en Villasucia, pero él aún no lo sabe... ¿Que quién es él? Pues el alcalde de Villalimpia... ¿¿Pero qué te has creído?? ¡Sólo vamos por trabajo, que yo no quiero líos!... Tranquila, ya soy mayorcita y me sé cuidar... (El Señor Campos vuelve a manosear el despertador, lleno de curiosidad) Sí, llevo el paraguas... Sí, también la pasta de dientes y el cepillo... Bueno, ¿y sabes algo de papá? ¿Ha salido ya de la lámpara?... Tranquila, mujer, ya saldrá. Tú frótala de vez en cuando, a ver qué pasa.

(De repente el Señor Campos toca algo del despertador y éste empieza a sonar de forma estridente. El Señor Campos no sabe cómo pararlo.)

HADA MADRINA- ¡Perdona, mamá, pero tengo que colgar, ya te llamaré cuando vuelva! (Cuelga. Le quita precipitadamente el despertador al Señor Campos) ¿Pero qué haces? (para la alarma)

(Entra precipitadamente por la izquierda FLORA, alarmada)

FLORA- ¿Qué pasa? (ve al Hada Madrina) ¿Quién es usted? ¿Cómo ha entrado?

HADA MADRINA- Soy el Hada Madrina de...

SEÑOR CAMPOS (interrumpiéndola)- Es una visita.

FLORA- ¿Y tenía cita previa?

SEÑOR CAMPOS- Bueno... no, exactamente... Digamos que ha sido una visita inesperada.

FLORA (suspicaz)- Ya... Así que se ha colado... ¿Cuándo ha sido? ¿Cuando he ido al lavabo?

HADA MADRINA- No. He entrado por la pared.

SEÑOR CAMPOS (a Flora, cortado)- Je, je... es que es muy bromista...

FLORA- Disculpe, Señor Alcalde, pero yo no le veo la gracia.

SEÑOR CAMPOS- No es ninguna broma. He entrado cruzando la pared. Soy el Hada Madrina del pueblo.

FLORA- ¡Y además está loca! ¿Quiere que llame a la policía, Señor Alcalde?

SEÑOR CAMPOS- ¿Por qué?

FLORA- ¿Cómo que por qué? ¡Pues porque esta mujer está como un cencerro y puede ser peligrosa!

SEÑOR CAMPOS- Hombre... Cuerda, cuerda tampoco está...

(El Hada Madrina va hacia el Señor Campos, enfadada. FLORA, alarmada, se interpone entre el Hada y el Alcalde)

FLORA- ¡No dé un paso más o llamo a la policía!

HADA MADRINA- Oye, un poco de respeto, que vengo a echaros una mano. ¡No me trates como si fuera una delincuente!

(El Hada Madrina intenta apartarla pero Flora no se deja. Forcejean. El Señor Campos intenta separarlas inútilmente)

SEÑOR CAMPOS- ¡Por favor, chicas, no os peleéis!

( De repente Flora descuelga el teléfono fijo y empieza a atar al Hada con el cable del auricular)

HADA MADRINA- ¿Pero qué haces?

FLORA- ¡Huya, Señor Alcalde! ¡Huya y llame a la policía!

SEÑOR CAMPOS- Por favor, Flora, cálmate...

HADA MADRINA- ¡Suéltame ahora mismo o te convierto en... en un boniato!

SEÑOR CAMPOS ¡Flora, que la sueltes! ¡No es lo que parece!

(El Hada Madrina logra escabullirse de sus ataduras. Corre intentando esquivar a Flora, que quiere atarla de nuevo)

HADA MADRINA- ¡Será mejor que nos larguemos al futuro ahora mismo! ¿Listo?

SEÑOR CAMPOS- ¡Un momento, que me pongo los zapatos!

HADA MADRINA- ¡No hay tiempo! “Patatín, Patatuno, llévanos al futuro” (no pasa nada) ¡Anda, se me ha olvidado la fórmula mágica!

(Flora atrapa de nuevo al Hada Madrina con el cable telefónico. Forcejean, se caen detrás de la mesa y las perdemos de vista)

FLORA- ¡Ya eres mía!

HADA MADRINA- ¡Que te crees tú eso! “¡Patarín, Patarato, conviértete en boniato!”

(El escenario se ilumina momentáneamente como si hubiese caído un rayo. Silencio. Al cabo de unos segundos aparece detrás de la mesa el Hada Madrina, satisfecha, con un enorme boniato en la mano)

HADA MADRINA -¡Toma, por plasta! (Al Señor Campos) ¿A que soy genial?

SEÑOR CAMPOS (alarmado)- ¡¡Pero qué ha hecho!! (Le coge el boniato y lo sujeta delicadamente entre sus manos. Al boniato, casi llorando:) ¡Flora, perdóname, ha sido culpa mía!

HADA MADRINA- Menos numeritos y a lo nuestro, que ya me acuerdo de la fórmula mágica.

(Le quita el boniato y lo tira al suelo)

SEÑOR CAMPOS (por el boniato)- ¿Y qué le pasará a Flora?

HADA MADRINA- Tranquilo, el hechizo sólo dura unos minutos, así que volverá a ser normal. Venga, dame la mano. (El Señor Campos duda) ¡Vamos, que no tengo todo el día! (Finalmente el Señor Campos le ofrece tímidamente la mano. Ella la coge con fuerza) ¿Listo? (cierra los ojos) “Patatiro, Pataturo, llévanos al futuro.”

(Las luces se apagan y el escenario se queda a oscuras. Se oye ruido de viento huracanado. Simultáneamente se empieza a oir el tic-tac de muchos relojes de cuerda, sonidos de relojes de cu-cú y relojes de carillón dando las horas. Primero el ruido es sólo un rumor, pero poco a poco el volumen va subiendo.)

VOZ DEL SEÑOR CAMPOS- ¡¡Que me mareo!! ¡¡No vaya tan deprisa!!

VOZ DEL HADA MADRINA- ¡¡Guaaaauuuu!! ¡Qué pasada!

VOZ DEL SEÑOR CAMPOS (alarmado)- ¡¡Cuidado con el semáforo!!

(Se oye un frenazo y a continuación el claxon de un coche)

VOZ DEL HADA MADRINA- ¡Qué fuerte! ¡Hoy hay mogollón de gente viajando por el tiempo! ¡Ni que fuese domingo!

VOZ DEL SEÑOR CAMPOS- ¡Si lo llego a saber me pongo casco! ¿Pero dónde le dieron el carnet de Hada? ¿En una tómbola?

(Mientras dice ésta última réplica, al Señor Campos le cambia progresivamente la voz desde el tono grave del adulto hasta el tono agudo del niño)

VOZ DE HADA MADRINA- ¡¡Ya llegamos, agárrate, que voy a aterrizar!!

(Se oye una sucesión de golpes prolongados y ruidosos. A continuación una luz amarillenta y mortecina ilumina el escenario. En medio del escenario hay un columpio oxidado, sucio y muy estropeado. Al fondo del escenario, un panel simula un muro de cemento lleno de graffitis. En los laterales, troncos raquíticos, casi rídículos –más bien parecen ramitas-, de árboles plantados en macetas. Por todas partes, basura y desperdicios de todo tipo: cajas de cartón, de polexpán, plásticos, latas, botellas, pieles de plátano y muchas bolsas de basura.

En el columpio hay una NIÑA de mirada ausente, columpiándose leve y mecánicamente. El Señor Campos se ha convertido en un niño y ahora la americana y los pantalones elegantes que llevaba durante la visita del Señor Barros, el Señor Cenizo y el Señor Fuenteseca le quedan inmensamente grandes. Aún va descalzo. Está sentado en el suelo y se frota la cabeza, como si se hubiese dado un golpe causado por el “aterrizaje”. La Niña parece ignorar su presencia. El Hada Madrina ha desaparecido. CAMPOS NIÑO huele el aire y se tapa la nariz como si hubiese olido un pestazo insoportable. A continuación mira a su alrededor con estupor. Ve a la Niña en el columpio. Haciendo un esfuerzo, se quita la mano de la nariz e intenta acostumbrarse al mal olor. Pero por sus muecas vemos que le resulta difícil.)

CAMPOS NIÑO- Niña... (La Niña no le hace caso y continúa columpiándose) ¡Psst! ¡Eh, niña! (La Niña continúa columpiándose sin hacerle caso. Campos Niño va hacia ella pero tropieza con sus propios pantalones, cae al suelo y se mancha de porquería) ¡Qué asco!

(Campos Niño se quita los pantalones elegantes y la americana. Debajo lleva unos vaqueros y una camisa blanca idénticos a los que llevaba en el despacho, cuando era adulto, pero de su talla actual de niño. Se sitúa junto a la Niña)

CAMPOS NIÑO- ¿Cómo te llamas, niña?

(La Niña deja de columpiarse y lo mira)

NIÑA- Me llamo Niña.

CAMPOS NIÑO- ¿Y ya está? ¿Sólo Niña?

NIÑA- ¿No te gusta?

CAMPOS NIÑO- Bueno... No sé... Hay nombres más bonitos...

NIÑA- ¿Ah, sí? ¿Cuáles?

CAMPOS NIÑO- Pues... Rosa, por ejemplo. O Margarita. Nombres de flores.

NIÑA- ¿Flores? (Piensa) Ah, sí... Una vez vi una. Era bonita.

CAMPOS- ¿De qué color era?

NIÑA (pensando)- No me acuerdo. De eso ya hace mucho tiempo, yo era muy pequeña.

(Pausa. La Niña observa a Campos Niño con curiosidad)

NIÑA- ¿Y tú quién eres?

CAMPOS NIÑO- ¿Yo? (Duda) Antes era el alcalde de Villalimpia. Pero ahora no estoy seguro de quién soy.

NIÑA- ¡Pero qué dices! ¿Tú, alcalde? ¿Me tomas el pelo? ¡Pero si sólo eres un crío!

CAMPOS NIÑO- ¡Que no, que hablo en serio!

NIÑA- ¡Además, hace mucho que el pueblo no se llama Villalimpia, me lo han dicho en la escuela! Ahora se llama...

CAMPOS NIÑO (triste, interrumpiéndola)- Sí, ya lo sé: Villasucia. (Mira a su alrededor) Salta a la vista. (Pausa) ¿Qué pasó?

NIÑA- ¿Qué quieres decir?

CAMPOS NIÑO- ¿Cómo se convirtió Villalimpia en Villasucia?

NIÑA- No lo sé. Esto lo cuentan en Secundaria, y yo aún estoy en Primaria. Tendrías que preguntarlo en la escuela.

CAMPOS NIÑO (inicia una salida por la derecha)- Pues vamos a preguntarlo.

NIÑA- ¿Dónde vas?

CAMPOS NIÑO- A la escuela.

NIÑA- ¡Pero si está muy lejos, no se puede ir andando!

CAMPOS NIÑO- ¡Qué dices! ¡Pero si está aquí mismo, detrás del Ayuntamiento!

NIÑA- Ah... Tú quieres decir la antigua escuela. (Ríe) ¡Pero si hace un montón de tiempo que la cerraron! ¡Antes de que yo naciera, así que ya ves! ¿Pero tú de dónde sales?

CAMPOS NIÑO- ¿La cerraron?

NIÑA- Sí, por culpa de la peste y los olores, decían que eran muy malos para los niños.

CAMPOS NIÑO- Pues... la verdad es que la peste es insoportable.

NIÑA (sorprendida) - ¿Ah, sí?

CAMPOS NIÑO- ¿Tú no la hueles?

NIÑA (dudando)- No lo sé... (Piensa) El pueblo siempre ha tenido este olor. A lo mejor ya me he acostumbrado.

(La Niña vuelve a columpiarse mecánicamente, con la misma actitud ausente que al principio. Campos Niño mira a su alrededor y examina los desperdicios con asco, procurando no pisarlos. Entra por la izquierda CHARLIE, es un muchacho de unos 13 años. Va vestido a lo rapero, con cazadora, pantalones anchos y caídos, zapatillas y gorra con visera puesta al revés. Esconde algo en su mano, que oculta en el interior de la cazadora. Mira a Campos Niño, primero con sorpresa y después con desconfianza. Duda. Finalmente se dirige al muro del fondo, mira a un lado y a otro, y saca lo que ocultaba en la cazadora: dos sprays de pintura. Empieza a escribir en la pared “Queremos un pueblo limpio”. Mientras Charlie escribe, Campos Niño se dirige a la Niña).

CAMPOS NIÑO- Niña, ¿quién es ése?

(La Niña se da la vuelta y ve a Charlie escribiendo en el muro. Baja inmediatamente del columpio, enfadada)

NIÑA- ¿Ya estamos otra vez, Charlie? ¡Deja ya eso!

CHARLIE- No me hables, niña, que me desconcentras.

NIÑA- ¿A que aviso a los guardias?

CHARLIE (imitándola de modo ridículo)- “¿A que aviso a los guardias?” ¡Mira que eres pava!

CAMPOS NIÑO (a Charlie)- ¿Qué estás haciendo?

CHARLIE- ¿No lo ves, tronco? Un graffiti.

CAMPOS NIÑO- ¿Y a ti te parece que eso está bien? ¿No te das cuenta de que ensucias la pared?

(Charlie mira a Campos Niño y se echa a reír)

CHARLIE- Yo lo flipo. ¡Pero si está todo hecho un asco! Además, ¿tú quién eres para decirme lo que tengo que hacer? ¿De dónde has salido?

CAMPOS NIÑO (digno)- Soy el alcalde del pueblo.

CHARLIE- Ya... Y yo soy Spiderman.

(Continúa escribiendo el graffiti)

NIÑA (a Charlie, indignada)- Eres un... un... (busca un insulto fuerte. Finalmente lo encuentra)... ¡¡un reaccionario!!

(Charlie la mira, desconcertado)

CHARLIE- ¿Y eso qué es?

NIÑA- ¡No lo sé, pero es algo muy feo! ¡Lo dijeron en la tele!

(Charlie va hacia la Niña, amenazador)

CHARLIE- ¿A que te parto la cara?

(La Niña no se asusta y va hacia Charlie, desafiante, dispuesta a enfrentarse a él. Campos Niño se coloca entre ambos para interceder)

CAMPOS NIÑO (mediando)- Vamos, vamos... no os peléis. (A la Niña, por Charlie) Tiene razón, total... está todo tan sucio...

(Pausa breve. Charlie y la Niña se miran, aún tensos. Finalmente Charlie le hace un gesto despectivo y va de nuevo hacia la pared para terminar su pintada. Una vez la termina, firma “Charlie”.)

CHARLIE (por su pintada, satisfecho)- Ha quedado guay. (Los mira. De repente mira hacia la derecha, alarmado, esconde los sprays de pintura en el interior de su ropa y se dirige a Campos Niño)- ¡Eh, tú, busca algo con lo que jugar, rápido!

CAMPOS NIÑO- ¿Qué pasa?

CHARLIE- ¡Calla y busca!

(Charlie empieza a buscar precipitadamente entre los desperdicios del suelo. Campos Niño busca tambien, confuso. Finalmente Charlie encuentra una pelota de plástico muy deshinchada)

CHARLIE- Esto servirá.

(Va al lateral izquierdo del escenario y retira una de las macetas para formar una portería de fútbol, se sitúa en el espacio que ha quedado, a modo de portero, y le lanza la pelota a Campos Niño. Campos Niño la coge, confuso. Charlie adopta la típica posición del portero ante un penalty y empieza a hablar en un tono excesivamente alto) ¡Esta vez lo pararé! ¡Vamos, vuelve a chutar!

CAMPOS NIÑO (desconcertado)- No puedo, no llevo zapatos.

(Charlie y la Niña le miran los pies y lo miran a él, muy sorprendidos)

CAMPOS NIÑO (cortado)- Es que... me gusta ir descalzo.

NIÑA- ¿¿Con toda esta porquería desparramada en el suelo??

CHARLIE- ¡Bueno, da igual! ¡Tú disimula!

(Entra por la derecha el robot P-2. Lleva un gorro de policía y carga con un montón de bolsas de basura. Habla con voz metálica.)

P-2 – Transporte número quinientos cuarenta y nueve de residuos industriales y residuos sólidos urbanos no orgánicos. Procedencia confidencial. Número de registro nueve cero cero cuatro barra siete y medio. Ciento cincuenta quilos. ¡Uf, cómo pesa!

(Tira las bolsas de basura al suelo)

CAMPOS NIÑO (escandalizado, a P-2)- ¿Pero qué hace?

CHARLIE- No te metas. Vamos, chuta.

P-2 (observando a Campos Niño)- Procesando cara de niño impertinente en el software. Rostro desconocido. Forastero. Extraño. Extranjero. Lárgate, niñato.

CAMPOS NIÑO (A Charlie)- ¿Pero tú le estás oyendo?

CHARLIE- Ni caso. Vamos, chuta.

(P-2 descubre el graffiti en la pared)

P-2- Atención, descubierta pintada clandestina reaccionaria. Sabotaje. Procesando el nombre de la firma “Charlie” en la base de datos. Origen desconocido.

NIÑA- Yo le diré quién ha sido, Señor Pe Dos.

(Baja del columpio, dispuesta a delatar al Charlie. Pero Charlie va hacia ella y la mira, amenazador).

NIÑA- Ha sido...

(Charlie le tapa la boca con la mano. La Niña se resiste y gesticula, protestando)

CHARLIE (a P-2, disimulando)- Ha sido un tío de metro noventa, cachas y con pelo negro. No lo había visto en mi vida, seguramente no es del pueblo. (a Campos Niño) ¿A que no?

CHARLIE (siguiéndole la corriente)- ¡Qué va, qué va!

P-2 (a Campos Niño)- ¿Y tú quién eres? Identificación.

(Campos Niño no sabe qué decir)

CHARLIE- Es mi primo. Ha venido a pasar unos días con nosotros. Parece ser que los aires de aquí le sientan muy bien.

(P-2 mira a Charlie y a continuación mira a Campos Niño. Campos Niño respira profundamente para demostrar que lo de los aires es verdad. Empieza a toser)

CHARLIE (disculpándolo)- Es que aún no se ha acostumbrado, siempre tarda unos días. Vive en la montaña, ¿sabe?

(P-2 inicia una salida por la derecha)

P-2 – Instrucciones precisas. Informar. Reportar. Búsqueda y captura. Castigo ejemplar. ¡Qué vida más dura, la del robot!

(Sale por la derecha. Al cabo de unos instantes Charlie suelta a la Niña)

NIÑA (muy enfadada)- ¡Idiota!

CHARLIE- ¡Que te calles, niñata!

NIÑA- Si no te gusta Villasucia, ¿por qué no te vas?

CHARLIE- Porque es mi pueblo, ¿qué pasa?

CAMPOS NIÑO (sorprendido) - ¿A ti te gusta como está, Niña?

NIÑA- ¡Pues sí! Los Señores de “Basuras y Asociados” dicen que es un ejemplo de progreso y modernidad. Y los Señores de “Basuras y Asociados” son muy sabios, lo dice la tele.

CHARLIE- ¡Pero qué pava es esta niña!

NIÑA- Y tú no te pases, o voy ahora mismo a los guardias y les digo que has sido tú quien ha hecho la pintada. Les diré que tú eres Charlie.

CAMPOS- ¿Qué pasa, no se llama Charlie?

CHARLIE- No.

NIÑA- Se llama Niño. Pero a él le gusta que le llamen Charlie. ¡Ya ves qué tontería! ¡Si es que es un inmaduro!

CHARLIE- Mira quién habla.

(La Niña se dispone a salir por la derecha, enfadada. Charlie la detiene)

CHARLIE (alarmado)- ¿Pero tú estás tonta? ¡Me encerrarán un mes en casa sin dejarme salir! Venga, enróllate. ¡Si no se lo cuentas haré lo que quieras!

(La Niña se detiene, dudando)

NIÑA- ¿Lo que yo quiera?

CHARLIE- Sí.

(La Niña duda. Finalmente va hacia el columpio, coge una muñeca hecha pedazos que hay en el suelo, con aspecto de estar casi nueva, y se la ofrece a Charlie)

NIÑA- Pues arréglame esta muñeca.

CHARLIE- ¿De dónde las has sacado? ¿De la basura?

NIÑA- Sí. ¿A que es bonita?

CHARLIE (resignado)- Vale, la arreglaré. Si está chupao.

(Coge los brazos, la cabeza y las piernas e intenta encajarlo todo en el tronco de la muñeca. No puede. Se desespera.)

CHARLIE (devolviéndola la muñeca)- Pues no se puede. Lo siento, búscate la vida.

NIÑA (contrariada)- ¡Me has engañado! ¡Te vas a enterar!

(La Niña inicia de nuevo una salida por la derecha)

CAMPOS NIÑO- ¡Espera! (La Niña se para) Déjame intentarlo a mí. (Le coge la muñeca y empieza a encajar todas sus piezas. Por la muñeca:) ¿De verdad te gusta?

NIÑA- Claro. A mí las muñecas me gustan mucho.

CAMPOS NIÑO- ¿Y por qué no te compras una nueva?

NIÑA- ¿Para qué? Si andando por la calle encuentras un montón de juguetes que están casi nuevos, hay niños que se cansan en seguida de jugar con ellos y los tiran. Como tienen tantos...

(Campos Niño le devuelve la muñeca completamente montada)

NIÑA (cogiendo la muñeca, contenta)- ¡Muchas gracias! (la mira) Parece hasta nueva. (A Campos Niño, agradecida) ¿Cómo te lo podría agradecer? (Piensa) ¡Ya sé! Te buscaré unos zapatos. (Empieza a buscar entre los desperdicios. Encuentra unos zapatos sucios y viejos). Toma, póntelos.

CAMPO NIÑO (apurado)- Eh... no gracias, te lo agredezco... pero no. Prefiero ir descalzo.

NIÑA (extrañada)- ¿Seguro?

CAMPOS NIÑO- Sí, es que... (improvisando) El médico me lo ha recomendado.

NIÑA- Vale.

(Inicia una salida por la izquierda. Se detiene. Vuelve atrás, le da un beso en la mejilla a Campos Niño y, ahora sí, sale por la izquierda. Charlie y Campos Niño la observan mientras se va.)

CHARLIE- Estás hecho un manitas. ¿Dónde has aprendido a montar muñecas?

CAMPOS NIÑO- Con mi hija, que siempre las está rompiendo. Le compras una y en seguida la desmonta. No me extrañaría nada que de mayor quisiera ser mecánico de coches.

CHARLIE (desconcertado) Perdona.... ¿has dicho... tu hija?

CAMPOS NIÑO- Sí, ¿qué pasa?

CHARLIE (mosqueado) ¿Me estás vacilando?

CAMPOS NIÑO- No, va en serio, tengo una hija de cuatro años. Se llama Rosa.

CHARLIE- ¿De qué vas? ¿Te crees que soy idiota? ¿Cómo va a tener una hija un chaval de... de...? ¿cuántos años tienes? ¿Trece? ¿Catorce?

CAMPOS NIÑO- Treinta y tres.

(Pausa. Charlie lo mira con la boca abierta. De repente se echa a reír)

CHARLIE- Estás como una cabra, tronco.

CAMPOS NIÑO (ofendido)- ¡Es verdad! Y además fui el alcalde del pueblo.

CHARLIE (siguiéndole la corriente)- ¿Ah sí? ¿Cuándo?

CAMPOS NIÑO- Hace tiempo. Cuando el pueblo se llamaba Villalimpia.

CHARLIE- ¡Pero qué dices! ¡Si eso fue en la Prehistoria! Mira, no me vaciles y dime de dónde vienes.

CAMPOS NIÑO- ¡Te digo que soy de Villalimpia! Me conozco este pueblo como la palma de la mano. Mira, te lo demostraré: (señala un extremo del patio de butacas) aquel es el camino de la fuente nueva. Y si giras a la izquierda llegas al prado donde pastan las ovejas. Y si luego giras a la derecha llegas al bosque.

CHARLIE- ¿Al bosque? ¿Pero qué dices? Ahí no hay ningún bosque.

CAMPOS NIÑO- ¿Ah, no?

CHARLIE- Y no sé de qué prado me hablas. Ahí lo que hay es un cementerio de coches. ¿Quieres que sigamos jugando a las adivinanzas?

(Pausa breve)

CAMPOS NIÑO- Pero si no hay ningún bosque... ¿Dónde juegan los niños?

CHARLIE- Pues... aquí. Pero tampoco es que haya muchos niños en Villasucia. En el pueblo sólo vivimos la Niña y yo. (Pausa breve) Bueno, ahora me toca a mí. A ver... (Piensa y finalmente señala una zona del patio de butacas) ¿Qué hay detrás de esa colina?

CAMPOS NIÑO- ¿Allí? (Piensa) Pues... las huertas y la granja de Matías.

CHARLIE (satisfecho) ¡No! ¡Te pillé! Ahí está la planta incineradora.

CAMPOS NIÑO- ¿¿Qué?? No... no es posible. ¿Una planta incineradora?

CHARLIE- Sí. Dos a cero. Vamos, te toca a ti.

CAMPOS NIÑO (mosqueado)- Para ti sólo es un juego, ¿no?

CHARLIE- Claro. ¿Para ti no?

CAMPOS NIÑO (indignado)- ¡No! ¡Esto es mucho más serio de lo que crees! (Lo coge por las solapas) Me estás engañando, ¿no? ¡Seguro que es eso! ¡Quieres hacerme creer que mi pueblo se ha convertido en un montón de basura! ¡Vamos, confiésalo!

CHARLIE- ¿Pero qué dices?

CAMPOS NIÑO (sin soltarlo, indignado)- ¡Confiesa que aún está el bosque! ¡Y que no hay ninguna incineradora! ¡Ni un cementerio de...!

(Charlie se suelta empujando a Campos Niño, que cae al suelo)

CHARLIE (mosqueado)- Mira, chaval, soy un tío tranquilo (coge una bolsa de basura y lo mira, amenazador) Pero si alguien me provoca yo me defiendo, ¿comprendes?

(Le lanza la bolsa de basura a Campos Niño, como señal de advertencia. Pausa tensa. Ambos se miran. Finalmente Campos Niño se levanta y le lanza otra bolsa de basura. Empieza una batalla de bolsas de basura que vuelan de aquí para allá, hasta que lanzárselas mutuamente se convierte en un juego.

Entra por la izquierda el Señor Montes, viejo. Lleva los mismos pantalones vaqueros y la misma camisa verde que antes. Pero ahora, además, lleva un abrigo largo, oscuro y raído, zapatillas a cuadros de andar por casa y gafas. Campos Niño y él no se reconocen)

SEÑOR MONTES (riñéndolos)- ¿Pero qué estáis haciendo?

(Charlie, al verlo, sale corriendo por la derecha)

SEÑOR MONTES (por Charlie)- ¡Demonio de crío! ¡Cualquier día tendremos un disgusto por su culpa! (a Campos Niño) ¿Y tú qué? ¿Te gusta jugar a remover la basura? (Lo mira fijamente. Pausa breve). Oye, ¿nos conocemos?

CAMPOS NIÑO- No creo.

SEÑOR MONTES- Tú no eres de aquí, ¿verdad?

CAMPOS NIÑO- Sí… digo… no. Bueno… no exactamente. Pero un familiar mío vivió aquí hace tiempo y…

SEÑOR MONTES- ¿En serio?

CAMPOS NIÑO- Pero de eso hace ya mucho años.

SEÑOR MONTES- ¿Y qué se te ha perdido, en este basurero?

CAMPOS NIÑO- Es que… tengo que hacer un trabajo. Sobre la historia de Villalimpia.

SEÑOR MONTES- ¿De Villalimpia? ¡Pero si de eso hace mucho tiempo! No me digas que ese familiar tuyo vivió en el pueblo cuando aún se llamaba así...

CAMPOS NIÑO- Sí.

SEÑOR MONTES (ilusionado)- ¿Cómo se llamaba? A lo mejor nos conocíamos.

CAMPOS NIÑO (indeciso)- No… no creo… No salía mucho de casa.

SEÑOR MONTES- Vamos, hombre, dímelo. Yo conocía a todo el mundo, por aquel entonces.

(Pausa. El Señor Montes espera la respuesta, sonriente)

CAMPOS NIÑO (decidiéndose)- Eduardo Campos.

(El Señor Montes deja de sonreír y adopta una actitud grave)

SEÑOR MONTES- ¿Has dicho… Eduardo Campos?

CAMPOS NIÑO (cortado)- Sí…

(Pausa)

SEÑOR MONTES (con resentimiento)- Sí, ya lo creo que le conocí… al muy sinvergüenza. Éramos amigos, ¿sabes? Todo el mundo en el pueblo le quería. Y llegó a ser alcalde. Todos estaban convencidos de que Villalimpia cambiaría mucho gracias a él. ¡Y ya lo creo que cambió! Porque llegaron los de “Basuras y Asociados, S.A.” y le convencieron para que les dejara instalar un vertedero. Después consiguieron que les diera los permisos para ampliarlo y, para empezar, nos quedamos sin bosque. Pero la cosa no acabó ahí… Después de esa ampliación llegó otra… y luego otra… y otra… hasta que el propio pueblo terminó formando parte del vertedero y se convirtió… (mira a su alrededor con tristeza)… en lo que ves ahora.

(Pausa breve)

CAMPOS NIÑO- ¿Ustedes dos… se conocían mucho?

SEÑOR MONTES- ¡Si nos conocíamos, dice! Íbamos juntos a la escuela desde pequeños. (Suspira) Le avisé. Le dije: “Ten cuidado, Campos, que esos tíos del vertedero te la van a jugar, que a esa clase de gente no le importan las personas.” ¿Y sabes qué me decia él? Me decía. “No te preocupes, Montes, yo ya sé lo que le conviene al pueblo.” Me gustaría que viese en lo que se ha convertido el pueblo por su culpa.

(Desde que se ha enterado de que el viejo con el que está hablando es el Señor Montes, Campos Niño lo mira atónito. Pausa breve).

CAMPOS NIÑO (atónito) – No puede ser… ¿Tú eres Manuel Montes?

SEÑOR MONTES (desconcertado)- ¿Cómo dices?

CAMPOS NIÑO (reaccionando y disimulando)- Eh…nada. (Por lo que le ha contando el Señor Montes) Es una historia muy triste.

SEÑOR MONTES- Ya lo creo. Pon todo lo que te he contado en tu trabajo. A ver si con suerte los jóvenes de hoy tienen un poco más de sentido común que nosotros (mira a su alrededor, triste) ¡Y a esto le llaman progreso! (Saca del bolsillo un botellín de agua) Disculpa, pero tengo que regar los árboles.

(Empieza a echar pequeños chorritos de agua, con sumo cuidado, en las macetas de los árboles)

CAMPOS NIÑO- ¿Qué ha pasado con la fuente que había en esta plaza?

(El Señor Campos lo mira, sorprendido)

SEÑOR MONTES- ¿Y tú cómo sabes que aquí había una fuente?

CAMPOS NIÑO (disimulando)- Es que… me lo ha contado Charlie.

SEÑOR MONTES- ¿Charlie? (Piensa) Ah, quieres decir el Niño.

CAMPOS NIÑO- Sí, ése. ¿Le conoce?

SEÑOR MONTES- ¡Ya lo creo! Es mi nieto. Me ha oído hablar tanto de cómo eran las cosas en la época de Villalimpia, que ahora se pasa el día haciendo pintadas pidiendo un pueblo limpio. Me da miedo que se meta en un lío por mi culpa.

(Pausa breve. Campos Niño se ha quedado boquiabierto al enterarse de que Charlie es nieto del Señor Montes. El Señor Montes continúa regando las macetas.)

SEÑOR MONTES- Me preguntabas por la fuente, ¿no? Pues verás: la quitaron porque ya no servía para nada. Resulta que los líquidos que genera la basura en los vertederos…

CAMPOS NIÑO- Los lixiviados.

SEÑOR MONTES (sorprendido de que lo sepa)- Sí, los lixiviados, veo que eres un chico listo… Pues resulta que los lixiviados atravesaron las capas protectoras del subsuelo y contaminaron las aguas subterráneas. Mucha gente se puso enferma y muchos árboles se secaron. Desde entonces sólo bebemos agua embotellada. Y ahora, si me lo permites, voy a regar los de ese otro lado.

(Cruza el escenario y empieza a regar las macetas del otro lado. Entra por la derecha P-2 agarrando por una oreja a Charlie, que tiene un spray de pintura en la mano y pone expresión de dolor. P-2 se dirige al Señor Montes)

P-2 (sin soltar la oreja de Charlie)- Vandalismo, Terrorismo, Gamberrismo, Sabotaje. Niño problemático…

CHARLIE (quejándose)- ¡Ay, ay, ay…!

P-2 (sin soltarlo)- Conflictivo. A-social. A-normal. A-nimal.

CHARLIE (protestando)- ¡Hey, hey, hey!

SEÑOR MONTES- ¡Un poco de respeto! A ver, ¿qué ha hecho?

P-2 – Ha pintado una pared. Un muro. Ha escrito mensajes subversivos. Palabras prohibidas. Letras ilegales. Hay que confinar. Arrestar. Castigar. Encerrar.

(Charlie se libra de P-2)

CHARLIE (protestando)- ¡Yo no he hecho nada, soy muy buen chico! (Señalando a Campos Niño) Ya verá, pregúnteselo a ese alcalde.

(El Señor Montes y P-2 se giran al mismo tiempo para mirar a Campos Niño)

SEÑOR MONTES y P-2 (al mismo tiempo)- ¿Qué alcalde?

CHARLIE (por Campos Niño)- Antes me ha dicho que era alcalde de Villalimpia.

(P-2 se acerca a Campos Niño y lo observa)

P-2- Imposible. Procesando dimensiones en el software. No puede ser. Demasiado pequeño. Demasiado esmirriado. Poca cosa. (a Charlie) No te pases de listo, niño. (Va hacia Charlie, amenazador) Confinar, arrestar…

SEÑOR MONTES (a Campos Niño)- ¡Rápido, dale al botón de la espalda!

(Campos Niño obedece y le da al botón. P-2 se detiene pero continúa hablando unos instantes como si se le acabaran las pilas)

P-2- En-ce-rrar… Caas-tiii-gaauuuu…

(P-2 se apaga y se queda inmóvil. Charlie, contento, va hacia Campos Niño)

CHARLIE- Gracias, tronco. (Le da la mano. Al Señor Montes) Abuelo, ¿has visto qué tío más “enrollao”?

(El Señor Montes mira a Campos Niño con desconfianza)

SEÑOR MONTES- ¿Quién eres?

(Pausa. Los dos amigos del pasado se miran, serios. Charlie se muestra desconcertado)

CHARLIE- ¿Pero qué pasa?

(Pausa. Campos Niños baja la mirada.)

SEÑOR MONTES (atónito)- ¡Entonces... es verdad!

CAMPOS NIÑO- Sí, Manuel. Soy Eduardo Campos.

SEÑOR MONTES (atónito)- ¿¿Eduardo… Campos?? (Pausa.) ¿¿Pero cómo es posible?? (Pausa) Claro... por eso me hacías todas esas preguntas.

CHARLIE (Al Señor Montes)- ¿Pero quién es?

SEÑOR MONTES (a Charlie)- Era el alcalde de pueblo cuando pusieron el vertedero. Desapareció justo después de firmar la primera ampliación y nunca volvió a saberse de él. (a Campos Niño) No entiendo nada...

CAMPOS NIÑO- Es una historia muy larga, Montes. Y no tengo tiempo de contártela.

(Pausa. Charlie y el Señor Montes miran a Campos Niño, intentando asimilar lo que está pasando)

SEÑOR MONTES- ¿A qué has venido? ¿A ver cómo es la vida la en pueblo?

CAMPOS NIÑO- Más o menos. Pero no me preguntes cómo lo he hecho porque es muy largo de explicar y además no me creerías.

CHARLIE- ¡Qué pasada! ¡Puede viajar por el tiempo!

CAMPOS NIÑO- Sí, pero no te lo aconsejo, hay mucho tráfico y aún eres muy pequeño para sacarte el carnet.

CHARLIE- Mira quién habla.

SEÑOR MONTES- Charlie, un poco más de respeto que este señor tiene la misma edad que tu abuelo. Vamos, vuelve a casa, que este señor y yo tenemos que hablar de muchas cosas. Y no te metas en más líos.

CHARLIE (protestando)- Los mayores sólo sabéis dar órdenes. (Se dispone a irse y, antes de salir del escenario, se detiene y mira a Campos Niño) Hubiese molado que tuvieses mi edad, seguramente habríamos sido buenos colegas.

CAMPOS NIÑO- Puede ser.

CHARLIE- Oye, si al final te quedas por aquí... ¿me enseñarás a viajar por el tiempo? Me gustaría ir al pasado y ver jugar a Cristiano Ronaldo, dicen que era una pasada.

CAMPOS NIÑO- No puede ser. Pronto tendré que volver a mi tiempo.

CHARLIE- Qué chungo. Pues nada... que te vaya bien ahí en la prehistoria.

(Sale. Pausa breve. El Señor Montes y Campos Niño se miran. Entra la Niña por la izquierda. Mira a P-2, que aún sigue apagado e inmóvil, llena de curiosidad. Finalmente se siente en el columpio y empieza a columpiarse mecánicamente.)

SEÑOR MONTES (a Campos Niño)- Te lo advertí. Te dije que no firmaras ese papel.

CAMPOS NIÑO- Sí, es verdad.

SEÑOR MONTES- Ya ves qué futuro les dimos a los niños. Se fueron casi todos, porque aquí no se podía vivir.

CAMPOS NIÑO- ¿Sólo quedan estos dos, Charlie y la Niña?

SEÑOR MONTES- Sí, mi nieto y tu nieta.

CAMPOS NIÑO (atónito)- ¿Qué dices? ¿¿Mi nieta?? ¿¿La Niña es mi nieta??

SEÑOR MONTES- Sí.

(Campos Niño mira a la Niña con incredulidad. Se oye una música suave y emotiva. Finalmente Campos Niño va hacia la Niña y la abraza.)

NIÑA (enfadada)- ¿¿Pero qué haces??

(Le empuja y se aparta de él. La música deja de sonar abrúptamente. El Señor Montes empieza a reír)

CAMPOS NIÑO- ¡Deja que te abrace! ¡Soy tu abuelo!

(Va hacia ella dispuesto a abrazarla de nuevo. Pero la NIÑA lo rehuye, coge un bastón que hay en la basura y lo amenaza. Campos Niño se detiene)

NIÑA (desconfiada)- Ya, y yo soy tu madre, si te parece. No te acerques que te arreo, ¿eh? ¿Pero tú de que vas? ¿Te crees que porque antes te he dado un beso ya somos novios?

CAMPOS NIÑO (conciliador)- Vamos, no te pongas así...

(El Señor Montes se sigue riendo)

NIÑA (al Señor Montes, indignada)- ¿Y usted de qué se ríe, Señor Montes? ¡No tiene gracia! ¿Éste es el ejemplo que quiere dar a los niños? ¡Se lo voy a decir a los guardias, hala!

(Le saca al lengua a Campos Niño y se va por la derecha. Pausa breve. El Señor Montes deja de reír)

SEÑOR MONTES- Bueno… Y ahora que has visto el futuro… ¿qué piensas hacer?

CAMPOS NIÑO- De momento volver al pasado, justo antes de firmar el contrato. Les pienso decir cuatro cositas a los de “Basuras y Asociados, S.A.” No es éste el futuro que quiero para nuestros nietos.

SEÑOR MONTES- ¡Sí señor, muy bien dicho!

CAMPOS NIÑO (mirando al cielo)- ¿Dónde está el Sol?

SEÑOR MONTES (extrañado)- ¿El Sol? ¿Por qué quieres saberlo?

CAMPOS NIÑO- Es que la persona que me ha traído aquí tiene que venir a buscarme cuando se haya puesto el Sol.

SEÑOR MONTES- Pues lo tienes fatal, porque hace años que por aquí no vemos ponerse el Sol. El humo de la incineradora hace que el cielo se vea siempre gris.

CAMPOS NIÑO (confuso)- Vaya… (contrariado) Creo que el Hada me ha engañado. (Empieza a andar por el escenario, pensativo. Finalmente se detiene) ¡Ya sé! (Se sitúa en el centro del escenario. Al Señor Montes) Apártate, a ver si te voy a arrastrar conmigo al pasado y entonces imagínate qué lío, con dos Manuel Montes, el joven y el viejo. (El Señor Montes se aparta, intrigado) A ver si me acuerdo… (cierra los ojos con fuerza) “Pararito Pararuto, llévame al pasado”. (Se encoge, esperando que suceda algún sortilegio que lo lleve al pasado. Pero no pasa nada. Abre un ojo y, al comprobar que sigue allí, vuelve a su actitud normal). ¡Pues no era así, qué rabia!

SEÑOR MONTES- ¿Se puede saber a qué viene este numerito?

CAMPOS NIÑO- Pero si está claro, intento volver al pasado.

SEÑOR MONTES- ¿Y para volver al pasado tienes que decir esas tonterías?

CAMPOS NIÑO- Qué remedio. (Suspira) Volveré a intentarlo. (Se sitúa de nuevo en medio del escenario) A ver si ahora me sale…(Cierra los ojos) “Pararito…”

(Se interrumpe porque de repente el escenario se ilumina de azul y se oye el grito de una mujer, primero a lo lejos, luego acercándose, hasta que entra en el escenario el Hada Madrina desde el lateral derecho, como empujada por un vendaval, procurando no perder el equilibrio. Finalmente cae aparatosamente. El Señor Montes la mira, estupefacto.)

HADA MADRINA (sentada en el suelo y contrariada)- ¡Otra vez una piel de plátano!

CAMPOS NIÑO (al Hada Madrina)- Se ha retrasado. (Le enseña la hora que indica su reloj de pulsera)

HADA MADRINA- ¿Pero tú quieres que me quede sin trabajo o qué pasa? ¿Cómo se te ocurre ir probando por tu cuenta mis fórmulas mágicas cuando yo no estoy presente?

SEÑOR MONTES (sorprendido) Pero… esta mujer… ¿de dónde ha salido?

CAMPOS NIÑO- Tranquilo, no es peligrosa, es el Hada Madrina del pueblo.

SEÑOR MONTES (sorprendido)- ¿En serio?

HADA MADRINA- Para servirle a usted, señor. (Le da una tarjeta de visita) Tenga, mi tarjeta.

CAMPOS NIÑO (al Hada Madrina)- Me querías engañar, ¿eh?

HADA MADRINA (disimulando)- ¿Yo? ¡Pero qué dices!

CAMPOS NIÑO- Cuando estábamos en mi despacho no me has dicho que desde Villasucia no se ve el Sol.

HADA MADRINA (disimulando)- ¿Ah, no? ¿Estás seguro? Bueno, qué más da. No te vas a poner así por un despiste de nada…

CAMPOS NIÑO- ¿¿Por un despiste de nada, dices?? Quedamos en que me sacarías de aquí después de la puesta de Sol, ¿cómo pensabas hacerlo, si no se ve el Sol? ¡Podía haberme quedado aquí toda la vida!

HADA MADRINA- Y no te gusta la idea, ¿verdad? Pues eso ya es algo.

SEÑOR MONTES- Me parece que a la Señora Hada le daba miedo que quisieras volver al pasado sin haber cambiado de opinión. ¿Me equivoco?

HADA MADRINA- ¡Vaya, es usted muy listo! Creo que haremos buenas migas.

CAMPOS NIÑO (al Hada Madrina)- Pues si era eso lo que le preocupaba, ya podemos volver cuando quiera. Porque he cambiado de opinión y no pienso firmar el contrato.

HADA MADRINA- ¿¿En serio??

CAMPOS NIÑO- Sí. Y conocer el futuro desde el punto de vista de un niño me ha ayudado mucho.

HADA MADRINA (entusiasmada)- ¡Yuupiii! (Lo abraza efusivamente y se lo come a besos. A continuación le coge una mano y lo arrastra al centro del escenario) Vamos, no podemos perder ni un segundo. (Al Señor Montes) Por favor, ¿sería tan amable de sacar el reloj que hay dentro de mi mochila?

(El Señor Montes se acerca al Hada Madrina, confuso; abre la mochila que el Hada Madrina lleva a la espalda y remueve su interior, buscando el reloj. Saca un reloj de cocina muy hortera.)

SEÑOR MONTES (mostrándoselo al Hada)- ¿Es éste?

HADA MADRINA (cogiendo el reloj)- Sí, gracias. (Se lo muestra a Campos Niño) Lo acabo de comprar en el mercadillo. Por eso me he retrasado. (Lo retrasa una hora) Y ahora, la fórmula mágica (Levanta su varita) “Patatiro Patat… (Se interrumpe al ver a P-2, que sigue desconectado) ¿Qué es esta cosa?

SEÑOR MONTES- Es el robot P-2. Trabaja de policía, de barrendero, de cartero y de camarero en el albergue.

HADA MADRINA- ¡Caramba, qué joyita! ¿Y por qué está quieto?

CAMPOS NIÑO- Es que lo hemos tenido que desconectar.

HADA MADRINA- ¡Pobrecito! ¿Y eso por qué?

SEÑOR MONTES- Es que trabaja para “Basuras y Asociados S.A.” y está programado para ser un chivato y un pesado. ¿Usted no podría hacer algo con él?

HADA MADRINA (pensativo)- No sé, no sé… (Se le ocurre una idea) ¡Ya sé! (Se acerca a P-2, solemne). “Patarín, Patareta, conviértete en Poeta”

(El escenario se ilumina unos instantes con un potente destello. De repente P-2 se conecta y empieza a moverse).

P-2 (contento)- ¡Me muevo! Me puedo mover, trasladar, transportar. (Recitando) “Volverán las oscuras golondrinas en tu balcón sus nidos a colgar” ¡Oh, qué programa más guay!

SEÑOR MONTES (contento)- ¡Ha funcionado!

P-2 (inicia una salida por la derecha, recitando)- “Con cien cañones por banda, viento en popa, a toda vela, no corta el mar sino vuela, un velero bergantín.”

(Sale de escena)

HADA MADRINA- ¡Y ahora, a casa! (A Campos Niño) Dame la mano. (Campos Niño se la da y ambos se sitúan en el centro del escenario)

SEÑOR MONTES- Buen viaje, Eduardo.

CAMPOS NIÑO- Volveremos a encontrarnos aquí mismo, Manuel. Pero el futuro será otro y no éste. Y acompañaremos a nuestros nietos a jugar al bosque, los dos juntos, tú y yo.

HADA MADRINA (impaciente)- Bueno, ¿qué? ¿Ya está? ¡Pues, hala! (Cierra los ojos) “Patasín, Patasado, volvemos al pasado.”

(Las luces se apagan y el escenario se queda a oscuras. Se oye ruido de viento huracanado. Simultáneamente se empieza a oir el tic-tac de muchos relojes de cuerda, sonidos de relojes de cu-cú y campanas de carillón dando las horas. Primero el ruido es sólo un rumor, pero poco a poco el volumen va subiendo.)

VOZ DE CAMPOS NIÑO (gritando)- ¡No vaya tan deprisa, que me mareo!

VOZ DEL HADA MADRINA- Me sabe mal haberme ido tan pronto del mercadillo. ¡No veas tú qué chollos había!

VOZ DE CAMPOS NIÑO (gritando)- ¡El semáforo! ¡Cuidado con el semáforo!

(Se oye el frenazo de un coche)

VOZ DEL HADA MADRINA- …Había unas blusas estampadas monísimas. Ahora me arrepiento de no haberle comprado una a mi madre.

VOZ DE CAMPOS NIÑO (gritando)- ¡El Stop! ¡Que se salta el stop!

(Se oye el frenazo de un coche y a continuación el claxon prolongado de un coche)

VOZ DEL HADA MADRINA (gritando, enfadada)- ¿Y a ti qué te pasa? ¿No ves que yo tengo preferencia?

VOZ DE CAMPOS NIÑO (gritando)- ¡Por favor, vaya con cuidado, que quiero llegar vivo! ¡Quiero a mi mamáaaa!

(Mientras dice esta última réplica, a Campos Niño le cambia progresivamente la voz desde el tono agudo del niño al tono grave del adulto.)

VOZ DEL HADA MADRINA- ¡Agárrate, que ya llegaamoooos!

(Se oye el ruido de un golpe. Se ilumina el escenario. Volvemos a estar en el despacho del Señor Campos. Las zapatillas deportivas están en el suelo, a la vista del público. La ropa elegante ha desaparecido. En el suelo yace tumbado el Señor Campos, adulto. Está muy despeinado. Lleva los pantalones vaqueros y la camisa blanca a su medida. Se levanta, confuso y algo dolorido.)

SEÑOR CAMPOS- ¡Jo, menudo viaje! (Se mira y comprueba que vuelve a ser adulto) ¡Vuelvo a ser mayor, qué bien, vuelvo a ser mayor!

(Ríe y a continuación empieza a saltar y a bailar repitiendo “vuelvo a ser mayor”. Entra precipitadamente Flora por la izquierda, alarmada)

FLORA (alarmada)- ¿Qué ha pasado? ¡He oído el ruido de un golpe!

SEÑOR CAMPOS (contento)- ¡Flora! (Corre hacia ella y la abraza. Flora no sabe cómo reaccionar) ¡Ya no eres un boniato!

(El Señor Campos empieza a saltar y a bailar sin soltar a Flora)

FLORA (contrariada)- ¡Oiga, ya sé que no soy muy guapa, pero de ahí a compararme con un boniato…!

SEÑOR CAMPOS (soltándola)- ¡Fíjate en mí, Flora! ¡Vuelvo a ser mayor! ¡Ya no soy un niño!

FLORA (desconfiada)- ¿Qué quiere que le diga? Yo no estoy tan segura…

(El Señor Campos empieza a bailar y a saltar de nuevo repitiendo “¡Vuelvo a ser mayor! ¡Ya no soy un niño!”)

FLORA (gritando)- ¿Quiere dejar de comportarse como un crío?

(El Señor Campos se para en seco y la mira. Flora se sorprende y se asusta de su propia reacción)

FLORA (disculpándose)- Discúlpeme, Señor Campos, no sé qué me ha pasado.

SEÑOR CAMPOS (sorprendido)- Flora, nunca me habías tratado así…

FLORA (tímidamente, asustada)- Ya lo sé… Lo siento, yo no soy nadie para hablarle así. Pero es que cuando le he visto hacer todas esas payasadas… no lo he podido evitar. (asustada) Perdóneme.

SEÑOR CAMPOS (pensativo)- ¿Por qué me tienes miedo? ¿Tan mal te trato?

FLORA (con miedo, mintiendo)- ¡No, no, qué va!

SEÑOR CAMPOS (pensativo)- ¿Riñéndote y gritándote a todas horas?

FLORA (con miedo)- ¡Qué va, si se porta muy bien conmigo!

SEÑOR CAMPOS- No, no es verdad. Te he tratado muy mal, pero a partir de ahora eso cambiará. (Le coge la mano. Flora no sabe qué hacer) Gracias Flora, me has dado una lección.

(El Señor Campos se pone las zapatillas deportivas, va hacia su silla y se sienta)

SEÑOR CAMPOS- ¿Qué asuntos hay en la agenda de hoy?

(Flora está tan confusa que ni lo oye. El Señor Campos se da cuenta)

SEÑOR CAMPOS (llamando su atención)- Flora…

FLORA (reaccionando)- ¿Qué?

SEÑOR CAMPOS- ¿Hay alguien ahí fuera que esté esperando para verme?

FLORA (aún confusa)- ¿Cómo dice? ¿Alguien…? (Reacciona) Ah, sí…Los representantes de la empresa “Basuras y Asociados, S.A.”

SEÑOR CAMPOS- ¿Y…hay alguien más?

FLORA- Hombre… pues sí. El Señor Montes. Pero usted me ha dicho que no quiere verle y que lo entretenga haciéndole leer el prospecto de mi jarabe. ¿Le digo que vuelva mañana?

SEÑOR CAMPOS- ¡Ni hablar! Que entren los cuatro.

FLORA (sorprendida)- ¿Los cuatro?

SEÑOR CAMPOS (amable)- Sí, Flora: el Señor Cenizo, el Señor Barros, el Señor Fuenteseca… y el Señor Montes. Hazles entrar, por favor.

(Flora mira al Señor Campos sorprendida por su repentino cambio de opinión y de actitud. Finalmente reacciona)

FLORA (contenta)- Ahora mismo, Señor Alcalde. (se dispone a salir)

SEÑOR CAMPOS- Y no me trates más de usted. Llámame Eduardo.

(Flora se detiene y lo mira, aún más sorprendida)

FLORA- Como quieras… Eduardo.

(Flora sale, contenta. El Señor Campos se levanta y contempla el cuadro de Villalimpia, pensativo. Llaman a la puerta)

SEÑOR CAMPOS- Adelante.

(Entran por la izquierda el Señor Cenizo, el Señor Barros y el Señor Fuenteseca del mismo modo que al principio de la obra. El Señor Campos no se acerca a recibirlos. Los tres visitantes se miran, extrañados. Se acercan a la mesa en bloque.)

SEÑOR CAMPOS (seguro de sí mismo)- Señor Cenizo, Señor Barros, Señor Fuenteseca… Buenos días.

SEÑOR CENIZO, SEÑOR BARROS, SEÑOR FUENTESECA (al mismo tiempo)- ¡Buenos días!

(El Señor Montes se asoma tímidamente, un poco extrañado. Le acompaña Flora, que le invita a entrar con un gesto. El Señor Montes entra en el despacho y Flora se dispone a irse. El Señor Campos se da cuenta)

SEÑOR CAMPOS- Flora, no te vayas, quédate, por favor. Esto también te afecta a ti.

(Flora obedece, encantada. Todos los presentes se miran entre sí, extrañados)

SEÑOR CENIZO (molesto por la presencia del Señor Montes)- ¿Es necesario que este individuo oiga nuestra conversación? Usted ya sabe que…

SEÑOR CAMPOS (cortándolo)- Usted mismo lo acaba de decir, Señor Cenizo: yo ya sé todo lo que hay que saber. Y precisamente por eso quiero que el Señor Montes y la Señorita Flora escuchen lo que les voy a decir a ustedes.

SEÑOR CENIZO- ¿Ah, sí? (confiado) Pues nada, empiece cuando quiera.

(Pausa expectante. El Señor Cenizo, el Señor Barros y el Señor Fuenteseca miran al Señor Montes burlones, convencidos de su triunfo inminente. )

SEÑOR CAMPOS- Señores, los vecinos de Villalimpia somos gente sencilla y honrada. Nuestra máxima aspiración no es ser ricos a cualquier precio, ni subirnos al tren de lo que ustedes entienden por “progreso” sin valorar las consecuencias. Queremos ver crecer a nuestros hijos sanos y felices. Queremos respirar aire puro, beber agua limpia, libre de esa contaminación que ustedes quieren que consideremos un mal menor.

(Mientras el Señor Campos habla, el Hada Madrina aparece por la derecha y escucha)

SEÑOR CAMPOS- Aspiramos a ver jugar a los niños en el bosque que tenemos la suerte de tener tan cerca; a verlos ir a la escuela contentos, convencidos de que el futuro que les espera está en nuestras manos y sabremos velar por él hasta que ellos nos tomen el relevo en la carrera de la Vida. Y no vamos a renunciar a ello sólo porque ustedes no quieran hacer esfuerzos para evitar hacerle daño al medio ambiente.

SEÑOR CENIZO (desconcertado)- Pero…

SEÑOR CAMPOS (cortándolo)- Puede que no les parezca gran cosa. Pero es nuestra manera de entender la Vida.

SEÑOR BARROS- No ceda a las presiones de la gente. Usted es el Alcalde. Si no piensa como ellos no les haga caso y ya está.

SEÑOR CAMPOS- Pero es que resulta que pienso como ellos. Y precisamente por eso me escogieron para que fuera su alcalde. Y por esa misma razón debo decirles que no pienso firmar la ampliación del vertedero.

(El Hada Madrina, el Señor Montes y Flora aplauden, entusiasmados)

SEÑOR FUENTESECA (al Señor Cenizo)- ¡Pues vaya! ¿Y ahora qué?

SEÑOR CENIZO (al Señor Campos, contrariado)- ¿Es su última palabra?

SEÑOR CAMPOS (con firmeza)- Sí.

(El Señor Cenizo adopta un aire digno y ofendido. El Señor Barros y el Señor Fuenteseca, al verlo así, lo imitan. El Señor Cenizo mira a su alrededor e inicia una salida por la izquierda. El Señor Barros y el Señor Fuenteseca lo siguen de cerca, en fila india. De repente el Señor Cenizo se detiene y el Señor Barros y el Señor Fuenteseca chocan en cadena contra él)

SEÑOR CENIZO (al alcalde, irritado)- ¡Usted gana, pondremos un vertedero como éste en otro pueblo! ¡Y si en un pueblo nos rechazan, iremos a otro! ¡A uno que crea en el progreso! ¡Siempre habrá un pueblo para nosotros!

SEÑOR CAMPOS (seguro)- Seguramente. Pero no será Villalimpia.

(El Señor Cenizo, el Señor Barros y el Señor Fuenteseca salen de escena)

SEÑOR MONTES (contento)- ¡Felicidades, Eduardo, has estado fenomenal!

(Le ofrece la mano. Se dan la mano)

SEÑOR CAMPOS- Gracias a ti…

SEÑOR MONTES (desconcertado)- ¿A mí?

(El Señor Campos mira con complicidad al Hada Madrina, que le sonríe, orgullosa)

SEÑOR CAMPOS-…Y a un poco de magia. (Flora y el Señor Montes se miran, desconcertados) Y ahora, Flora, si alguien llama por teléfono preguntando por mí haz el favor de decirle que no volveré hasta mañana. Tengo un compromiso muy importante.

(Inicia una salida por la izquierda)

FLORA- ¿Con los alcaldes de los pueblos vecinos?

SEÑOR CAMPOS- No. Con mi hija. Nos vamos a coger moras.

(Sale. Flora y el Señor Montes lo miran mientras se va. La luz se va apagando lentamente en todo el escenario, excepto sobre el cuadro de Villalimpia, que permanece iluminado unos instantes)



OSCURO TOTAL