lunes, 3 de octubre de 2011

Guión u Obra teatral para niños: El Mensaje

Teatro Infantil

Teatro para niños

Guiones infantiles, guiones para niños, guiones para alumnos de primaria

Obras teatrales para representar o dramatizar con grupo de niños y alumnos


EL MENSAJE

Francisco Javier Bernad Morales


ACTO ÚNICO


(Exterior de un castillo. En el centro, la puerta, junto a ésta, una silla, dos ventanas a los lados. A la izquierda un bosquecillo y a la derecha, campos de cultivo. Gerberto y la princesa en el centro)



Princesa: Tenemos que hacer algo,

mi padre desea que me case

con Gilberto



Gerberto: Nunca lo consentiré.

Hablaré con vuestro padre



Princesa: De nada servirá. Ya sabes que, sin faltarle al respeto,

si algo se le mete en la cabeza

nunca cambia de opinión.



Gerberto: No te falta la razón.

Aun recuerdo con horror

cuando se empeñó en decir

que era redonda la tierra



Princesa: Y para que se callara

todos dijimos que sí



Gerberto: Pero algo se podrá hacer

para que acepte nuestra boda.

Si yo matara a un dragón

me querría como yerno.

También si derrotara a los turcos,

si venciera a los piratas...



Princesa: No digas más tonterías.

Ni dragones, ni turcos, ni piratas,

aquí sólo hay lagartijas.

Con eso no vas a impresionarle.



Gerberto: Puedo descubrir América...



Princesa: Cuando vuelvas seré vieja.

Además he oído contar

que eso lo va a hacer Colón.



(Entra Eloísa, una dama, por la derecha)



Eloísa: Buenos días, Alteza,

Hola, Gerberto



Princesa: ¿Ocurre algo, Eloísa?

Pareces nerviosa



Eloísa: Vuestro padre, princesa,

desde esta mañana está muy extraño,

recorre el castillo de arriba abajo,

habla solo y aunque escucho tras la puerta

no le entiendo lo que dice.



Gerberto: ¡El rey preocupado!

Esta es mi oportunidad:

me entero del problema,

al momento lo resuelvo,

y aprovecho la ocasión

para pedirle tu mano



Princesa: Aunque tú lo hayas pensado,

no parece mal pensado.



Eloísa: Continuaré vigilando

por ver si descubro algo.



Gerberto: ¡Cuidado! Se oyen pasos



Princesa: Ocultémonos



(Gerberto, la Princesa y Eloísa se ocultan en el bosquecillo de la izquierda. Por la derecha entra el rey. Mientras habla se lleva las manos a la cabeza)



Rey: No lo puedo comprender

no me cabe en la cabeza...

¡Qué bien, una silla!

Lo pensaré sentado

que será más descansado.



(Por la derecha entran Gilberto, un caballero, y Elvira, una dama)





Elvira (hace una reverencia): ¡Buenas tardes! Majestad



Gilberto (también hace una reverencia) También os lo digo yo.

Que tengáis muy buenas tardes



Rey: Gracias, gracias, muchas gracias.

Pues aquí estaba pensando



Elvira: Mas, ¡che!, ¿pensando vos?

Eso no es digno de un rey



Gilberto: ¿Pues no tenéis mayordomo,

consejero y escudero,

hasta sastre y tesorero,

zurcidor y zapatero?

¡Qué piensen ellos!



Elvira: Si vuestro padre lo viera...



Gilberto: Si vuestra madre supiera...



Rey: Muy bien sé que no es normal,

pero esta mañana vino

un extraño caballero

con espada y sin sombrero...



Elvira: Será la moda moderna



Rey: Ya está bien de interrumpir,

que aquí sólo mando yo.

Me saludó el caballero

y entregome un pergamino

de extraños signos cubierto...



Gilberto: ¿Un pergaqué?



Elvira: Ha dicho que un pergamino.

Parecés sonso.

¿Qué es un pergamino?



Rey: Un a modo de piel fina

que no sé para qué sirve.



Gilberto: ¿Nada dijo el caballero?



Rey: Dijo que era un mensaje

y que los signos hablaban



Elvira: ¿Podemos verlo?



Rey: Llamaré a mis pajes.

¡Pajes! ¡Pajes! El mensaje.



Gilberto: (desenfunda la espada) Quizá sea peligroso.

Prepararé mi espada



Entran dos pajes por la izquierda. Llevan un gran cartel que mostrarán al público de forma que éste pueda leer “EL REY ES TONTO”.



Paje 1º: Aquí estamos, majestad



Paje 2º: Por lo que queráis mandar



(Gilberto se ha escondido disimuladamente tras Elvira y asoma con precaución la cabeza)



Gilberto: ¡No temáis!. Yo os protejo



(Elvira se acerca al pergamino)



Elvira: ¡Qué pergamino más lindo!

¿Qué habla decís? ¡Che!,

yo no oigo nada



Rey: Dicen que hay que leer

para escucharlo



(Gilberto deja de esconderse, pero se mantiene a prudente distancia del pergamino)



Gilberto: ¿Qué es leer? ¿Lo sabéis vos?



Elvira: ¿Y no había de saberlo?

Será un hechizo mágico



Rey (da una palmada de alegría) ¡Es verdad!.

Casi lo estaba pensando



Elvira: Un rey no debe pensar.

Sólo tiene que mandar.



Gilberto: Da agujetas al cerebro



(Los pajes, cansados de que nadie les haga caso, se han sentado en el suelo y juegan con los tazos)



Rey: Cesen ya las palabras,

que es momento de actuar,

y pues se trata de magia

llamemos a don Beltrán.



Elvira: ¿El mago?

Pero, ¿vos sabés?

Es un petiforro



Rey (a Gilberto) ¿Entiendes algo?



Gilberto ¿A esta loca?

Ni una palabra



Rey (enérgico a los pajes) ¡Dadme ahora mismo los tazos!

¡Llamad a don Beltrán!





Paje 1º: Como mandéis



Paje 2º: ¿Nos los devolveréis luego?



Gilberto: Majestad, si permitís,

y ya que nada hago aquí

marcho a casa de mi tía

a comerme una sandía



Rey: Bien, Bien. Tenéis permiso





(Gilberto sale por la derecha. Los pajes le dan los tazos al rey y se marchan por la izquierda, inmediatamente vuelven a entrar con don Beltrán y sus ayudantes)



Rey: ¿Cómo? ¿Tan rápido?



Don Beltrán: ¿Acaso no soy mago?

Supe que me llamaríais

y venía de camino



Paje 1º: Es verdad.

Enseguida lo encontramos



Paje 2º: Justo detrás de aquel árbol



Elvira: Seguro que estaba escuchando



Don Beltrán: Decidme cual es el problema



Rey (a los pajes): Enseñadle el mensaje



Paje 1º: Ahora mismo, Majestad



Paje 2º: ¿Nos dais los tazos?



Don Beltrán (a sus ayudantes): Sostened ese extraño objeto

Mientras yo lo examino.



(Los ayudantes toman el mensaje que les dan los pajes y lo sostienen de forma que lo vea el público. El rey devuelve los tazos a los pajes)



Rey: Id a jugar lejos



(Los pajes se retiran a la izquierda a jugar con los tazos)



Don Beltrán (a sus ayudantes) ¿Qué observáis en el objeto?



Ayudante 1º: Pesa poco



Ayudante 2º No huele



Ayudante 1º: Es amarillo



Ayudante 2º: Con signos de colores



Don Beltrán: ¡Muy bien! Estáis progresando

Si os esforzáis pronto seréis como yo



Doña Elvira: Una pareja de croncos

Pobrecillos



(Los ayudantes dejan el cartel, de forma visible, junto a la silla del rey, donde permanecerá durante el resto de la obra)



Don Beltrán (al rey): No cabe duda,

he de hacer un sortilegio



Rey: ¿Leeréis y hablará el pergamino?



Don Beltrán: Mucho, y con buena voz.

Necesito al cocinero



Rey: ¡Pajes! Llamad al cocinero



Paje 1º Siempre nos está mandando



Paje 2º Calla o nos quitará los tazos





(Los pajes salen por la izquierda y vuelven con el cocinero y dos pinches. Los pajes vuelven a su juego)



Cocinero: Buenas tardes, Majestad,

Y a toda la compañía

igualmente se saluda



Rey: Preparad lo que pida don Beltrán



Don Beltrán Quiero pimientos rellenos,

y la pierna de un cordero...



Rey (le interrumpe extrañado) ¿Para leer hace falta eso?



Don Beltrán: No. Eso es para cenar.

Para el sortilegio traed

una mediana olla

y un poquito de cebolla



Pinche 1º: Ahora mismo



Pinche 2º: Voy volando



(Salen los pinches y vuelven con la olla y la cebolla)



Don Beltrán: (a sus ayudantes): Dadme el maletín



(Don Beltrán mete la cebolla dentro de la olla y luego añade el contenido de unos frascos que saca del maletín. Mientras lo hace farfulla palabras incomprensibles).



Don Beltrán: Alismofar, calasmufir

Rindofón, galarmafor

Sinfolat, atusmalat,

Cascalubia, gondefir.



Elvira: ¡Qué macana!

Y dicen que yo hablo raro



Rey: ¿Ya terminó? No se oye nada



Don Beltrán: Es culpa de mis ayudantes,

Me habrán dado un maletín

equivocado.



Ayudante 1º: Siempre nos echa la culpa



Ayudante 2º: Ya estoy harto.

Me marcho a mi pueblo



Ayudante 1º: Te acompaño.



(Los ayudantes se marchan por la izquierda)



Don Beltrán: ¡Eh! ¡No os vayáis!

¡Os subiré el sueldo!



(Corre tras sus ayudantes)



Cocinero: Pues no nos necesitáis...



Pinche 1º: Con permiso...



Pinche 2º: Nos marchamos.



(Salen el cocinero y los pinches por la izquierda)



Elvira: Majestad, ya os avisé.

No os fiéis de don Beltrán

que es un vago y un truhán.



Rey: ¿Y a quién podemos llamar?





Elvira: Una conocida mía,

la hechicera Magdalena

que es una bruja muy fina,

solucionará el problema.



Rey: ¿Es de fiar?



Elvira: ¿De fiar decís?

¿Es que vos no sabés

que es mi amiga desde niña?



Rey (a los pajes). ¡Buscad a Magadalena!



(Los pajes se levantan y esconden los tazos)



Paje 1º: Vuestros deseos...



Paje 2º: Son órdenes...



Paje 1º: Que sin tardanza...



Paje 2º: Cumpliremos...



Rey: ¡Callaos y salid corriendo!



(Salen los pajes por la izquierda, al momento entran con Magdalena y sus dos aprendizas de bruja)



Rey (escamado) Sí, ya sé, como sois bruja

sabíais que os iba a llamar

y veníais de camino.



Paje 1º: La encontramos...



Paje 2º: Tras el árbol



(Los pajes se sientan a jugar con los tazos)



Elvira: Otra que estaba escuchando



Magdalena (hace una reverencia) ¡Buenas tardes, Majestad!

Chicas, saludad al rey,

que vea lo bien que os educo



(Las aprendizas hacen una reverencia. Hablan las dos a la vez)



Aprendizas: ¡Buenas tardes! ¿Cómo estáis?

Nosotras bien. Gracias

¿Y la familia? ¿Bien?

Nos alegramos...



Rey (a Magdalena) ¿Podéis hacerlas callar?

Me comienzo a marear



Magdalena: Ya basta, chicas.

Como soy adivina,

conozco el problema.

Pagadme y al momento,

lo habré arreglado



Elvira: ¡Tendrá morro!



Rey: ¿Cómo? ¿Pagar por adelantado?





Magdalena: No sé de qué os extrañáis.

Decidle a Su Majestad

los versos que os enseñé.



Aprendiza 1ª: Siendo yo niña y muchacha

mi madre me lo decía,

que gratis no trabajara

que era grande tontería



Aprendiza 2ª: Y como a menudo olvidan,

una vez hecho el trabajo,

el momento de pagar,

tengo de antiguo costumbre



Aprendizas (las dos a la vez): De adelantado cobrar.





Rey (furioso): No tolero impertinencias.

Pretenden que yo les pague...

Soy el rey y mando yo

y como mando, yo mando

que trabajéis sin cobrar,

y luego, ya se verá.



Magdalena: Pues nosotras nos negamos



Aprendizas (a la vez): Iremos al sindicato.



Rey: ¡Guardias! ¡Venid! ¡Protegedme!



(Entran tres guardias por la derecha)



Guardia 1º: ¡Aquí estamos, Majestad!



Guardia 2º: ¿Os atacan los infieles?



Guardia 3º: ¿Es que vienen los piratas?



Guardia 1º: Si es así, yo tengo prisa



Guardia 2º: Mi turno acaba a las nueve



Guardia 3º: Yo me tengo que marchar.



Rey: ¡Basta! Llevaos a estas brujas,

metedlas en la mazmorra

y dadles para comer

tan solo pan y cebolla.



Guardias (los tres): Daos presas por orden del rey.



Guardia 1º: No lo toméis a mal



Guardia 2º: No es nada personal



Guardia 3º: Somos unos mandados



Guardias (los tres): Si os vengáis con un hechizo

que no sea con nosotros



Guardia 1º: Somos jóvenes



Guardia 2º: Tenemos familia



Guardia 3º: Somos unos mandados.

(Los guardias salen por la derecha con las brujas)



Rey: Y ahora ¿qué haremos?



(La Princesa, Gerberto y Eloísa salen de su escondrijo)



Elvira: Todo el reino está escuchando.



Princesa: Buenas tardes, padre



Gerberto: Muy buenas, rey Casimiro



Eloísa: Buenas tardes, Majestad



Elvira: Nadie me saluda a mí



Gerberto: Majestad, puedo ayudaros.



Rey: ¿Acaso sabes leer?



Gerberto: Así es.



Elvira: No me lo puedo creer



Rey: Bien, ¿pues qué dice mi mensaje?



Gerberto: Me acercaré para oírlo

Ya lo escucho. Poned atención:

El rey es inteligente,

lo sabe toda la gente,

en cuanto abre los labios

se le nota que es un sabio.



Elvira: Este pibe es un cronopio.



Rey: Me complace escucharlo,

ya lo había imaginado.

Pedidme lo que queráis.



Gerberto: Amo a vuestra hija

y ella me quiere.



Princesa: Así es, queremos casarnos.



Rey: ¿Sólo es eso?

Pues me parece muy bien

En cuanto al cartel, ordeno

que con un marco de oro

se coloque sobre el trono

para que todos lo vean

y para que todos sepan

que les gobierna un rey sabio.

Guión u Obra teatral para niños: Blancanieves

Teatro Infantil

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BLANCANIEVES

Francisco Javier Bernad Morales

PRIMER ACTO



(Salón de un castillo. El rey está sentado en el trono)



Rey: ¡Qué aburrido es gobernar! (bosteza ruidosamente)

Siempre con preocupaciones,

con decretos que firmar,

pero dejaré el trabajo

que ya es hora de cenar.

¡Cocinero! ¡Cocinero!



(Entra un cocinero por la izquierda)



Cocinero: ¿Qué deseáis, Majestad?



Rey: Rápido, trae la cena.



Cocinero: Como mandéis (se vuelve y da dos palmadas)

¡Pinches, la cena real!



(Entran dos pinches por la izquierda. Llevan una gran bandeja en la cual sólo hay una cebolla)



Rey (indignado) ¿Cómo? ¿Es esto mi cena?



Cocinero: Los precios han subido

y el dinero no nos llega.



Pinche 1º: Así es. La carne está por las nubes.



Pinche 2º: Y el pescado no digamos.

.

Rey (amenazador) ¡Fuera! No quiero veros.



(El cocinero y los pinches se retiran al extremo de la izquierda. En adelante fingirán que trabajan, pero estarán atentos a la conversación del rey)



Rey: Llamaré a mi tesorero

¡Venid, don José, venid!



(Entra el tesorero por la derecha. Lleva un gran rollo de pergamino)



Tesorero: ¿Llamabais, Majestad?



Rey: Sí. Quiero saber como están las cuentas.



Tesorero: Bien. Si atendemos a la evolución del IPC,

a las recomendaciones de la UE

y consideramos las directrices del FMI...



Rey (le interrumpe furioso): Has de saber que sólo puedo cenar una cebolla.

¿A qué se debe eso?

¡Ah!, y como soy rey moderno,

quiero las cuentas en euros.



Tesorero (desenrolla el pergamino): Empezaré por los gastos.

En banquetes, cien mil euros,

otros diez mil en bailes,

ocho mil en peluquero,

sesenta mil en sastre...



Rey: Son los gastos del gobierno.

No me aburráis más,

pasemos a los ingresos.



Tesorero: Bien fácil es esta cuenta,

pues los ingresos son cero.



Rey: ¿No se obedeció mi orden

de crear nuevos impuestos?



Tesorero: El pueblo ya no tiene qué comer.



Rey: Entonces, ¿quién tiene dinero?



Tesorero: Sólo la nobleza es rica.



Rey: Retiraos. ¡Conde Gualberto!,

¡también vos, don Filiberto!,

ante mí acudid presto.



(Se retira el tesorero por la derecha. Por el mismo lugar entran el conde Gualberto y el vizconde Filiberto. El primero porta una espada y el segundo un hacha. Se inclinan profundamente ante el rey).



Gualberto: ¿Un dragón devasta el reino?



Filiberto: ¿O es que la fiera corrupia

devora gente de nuevo?



Gualberto: Contad para exterminarlos

Con la espada de Gualberto.



Filiberto: Y el hacha de Filiberto.





Rey: No. Nada de eso.

Sólo quiero que me deis

un poquito de dinero.



Gualberto: Mandadme conquistar Constantinopla

o, si preferís, la Mongolia.

Os juré fidelidad y mi ser os pertenece,

mas mis riquezas son mías,

las amo más que a mí vida.



Filiberto: Con el debido respeto,

igual que mi hermano pienso.

Y si queréis un consejo

sin dudar os lo daré,

pues eso es gratis, señor.

Majestad, debéis casaros.



Gualberto: La duquesa Federica,

nuestra muy querida hermana,

está soltera y es rica.



Filiberto: Como la más linda flor,

así es su cara de hermosa.



Gualberto: Es tan grácil y ligera

que parece mariposa.



Pinche 1º (aparte): Pues yo más la considero

pesada como una osa.



Filiberto: Como el más soberbio encaje,

así es de primorosa.



Pinche 2º (aparte): Es mandona y es grosera

y además es vanidosa.



Gualberto: Señor, si os casáis con ella

cenaréis carne y pescado.



Filiberto: Y jamás os faltará

dinero para el asado.



Gualberto: Y la princesa tendrá

una madre muy amorosa.



Cocinero (aparte): Este rey es un becerro,

se la están dando con queso.



SEGUNDO ACTO



(Salón del castillo. Federica está sentada en el trono. Junto a éste hay un gran espejo)



Federica: La boda se ha celebrado

y, puesto que el rey es memo,

tengo en mis manos el reino,

yo lo gobierno a mi antojo,

todos hacen lo que quiero

y si alguno no obedece,

en la cárcel yo lo encierro.



(Entran dos damas por la izquierda)



Dama 1ª: ¡Qué hermosa estáis, Majestad!



Dama 2ª: Nunca se vio tal beldad.



Federica: Muchas gracias, Genoveva,

también a vos, Berenguela.



Dama 1ª: Dicen algunos malvados

que la princesa es más bella.



Dama 2ª: Tan infame comentario

he escuchado en el mercado.



Federica (enfurecida): ¿Blancanieves más hermosa?

Quien lo diga será reo

de traición y de perjurio,

o será corto de vista

o tendrá muy poco seso.

Mas para salir de dudas,

consultaré con mi espejo.



Dama 1ª: ¡Muy bien dicho, Majestad!



Dama 2ª: ¡Habláis con autoridad!



(Federica se acerca al espejo, se mira de frente, de costado, se da la vuelta, levanta los brazos, pone las manos en la cintura)



Federica: Espejito, espejito,

tú que eres el más listo,

dime si acaso es verdad

que una estúpida princesa

me supera en la beldad.



Espejo: Te conozco, Majestad

y te quisiera engañar,

pero en algo te equivocas,

además de ser más bella,

Blancanieves ta aventaja

también en inteligencia,

no digamos en bondad...



Federica (fuera de sí): ¡Basta maldito espejo!

Y pensar que por ti di

mas de mil maravedís,

mi sortija de rubí

y un ramito de alhelí.



(Federica se quita el zapato y golpea al espejo, que huye despavorido por la derecha)



Dama 1ª: ¡Qué espejo más descarado!



Dama 2ª: Y además maleducado.



Federica: ¿Es más bella la princesa?

Pues será por poco tiempo.

Ven aquí, mi buen Gilberto.



(Entra Gilberto por la derecha. Lleva un arco en una mano y unas flechas en la otra. Saluda con una reverencia)



Gilberto: ¿Queréis que vaya a cazar

una liebre o un conejo?

¿O preferís un gran ciervo?

¿Qué queréis para cenar?



Federica: Algo te mando matar,

pero no para cenar,

tampoco para almorzar...



Gilberto: ¿Aperitivo quizá?

¿Una paloma torcaz?



Federica: Todos los hombres son tontos,

Éste supera a mi esposo.

Quiero que vayas al bosque,

que lleves a la princesa,

y cuando huela las flores

o cuando recoja setas,

con puñal o con ballesta,

la sacudas un buen golpe

y en el suelo quede muerta.



Gilberto (horrorizado) ¡Majestad...!





Federica: ¿Cómo? ¿Vacilas?

Obedece y te daré

para el fútbol un abono,

una casa en Torrevieja

y hasta un saquito de oro.

Mas si no cumples haré

que las pirañas del foso

te devoren todo entero

y que no quede ni el gorro.



Dama 1ª: ¡Muy bien dicho, Majestad!



Dama 2ª: Sois igual que vuestra madre,

que nos mandó envenenar

al pobre de vuestro padre.





TERCER ACTO



(Bosque. Árboles, flores, setas, en el centro una pequeña casa con una silla delante de la puerta. Por la derecha entran Gilberto y Blancanieves).



Blancanieves: ¡Qué flores tan olorosas!

¡Ay, qué fresas tan sabrosas!

¡Qué setas más venenosas!



(Blancanieves se agacha para coger flores. Gilberto saca el puñal)



Gilberto: Aprovecho que no mira

y le clavo la puntilla.

Mas ¿qué pasa? Yo no puedo

asesinar a una niña.

Ya me lo dijo mi madre,

que con mi buen corazón

nunca a rico llegaría.



(Blancanieves se levanta y ve a Gilberto con el puñal en la mano)



Gilberto (casi llorando): ¡Perdonadme, mi princesa!

La reina me lo ha ordenado,

pero soy un hombre honrado

y no quiero asesinaros.

Allí se ve una casita

donde podéis refugiaros.

Volveré solo al castillo

y diré que os he matado.



Blancanieves: Caramba con Federica.

Tan buena que parecía.

(Gilberto se marcha por la derecha y Blancanieves se acerca a la casa)



Blancanieves: Pues esta debe de ser

la casa de los enanos.

Las camas sin hacer,

la cocina sin fregar,

los platos sin recoger,

un pantalón sin lavar

y hasta el suelo sin barrer.

Son unos enanos guarros.



(Entran los enanos por la izquierda con sus palas y sus picos)



Enano 1º: Si no me equivoco...



Enano 2º: Tenemos visita.



Enano 3º: Parece enfadada



Enano 4º: Con qué cara mira.



Enano 5º: No hemos hecho nada



Enano 6º: Vámonos deprisa.



Enano 7º: No nos salva nadie.



Blancanieves: ¡Vaya enanos sinvergüenzas!

Sois una banda de vagos.

Sabed que soy la princesa

y que me quieren matar.

Me tengo, pues, que ocultar,

mas no me puedo quedar

en la casa como está,

así que barredla ya.

Tú plancha,

tú lava,

tú ordena,

tú friega,

vosotros

haced la cena.

Yo me siento a descansar

porque con tanto mandar

me comienzo a fatigar.



(Los enanos se afanan en el trabajo. Blancanieves se sienta. Enseguida aparece el príncipe por la derecha. Camina lentamente y tarda en ver a Blancanieves)





Príncipe: No debí venir al bosque

y además sin escudero.

Ahora no sé por dónde

podré volver a mi reino,

se me acabó la comida,

mi mal no tiene remedio,

siento que voy a morir...

Mas una casita veo,

me acercaré y pediré

cualquier cosa menos queso.



(Se aproxima a la casa y ve a Blancanieves)



Príncipe: ¡Qué muchacha más hermosa!

¡Buenas tardes, señorita!

Si fueseis tan bondadosa

de socorrer a un hambriento

con un poco de jamón

y otro poquito de vino,

cuando volviera a mi reino

mandaría que os trajeran

de regalo una esmeralda

del tamaño de un melón.



Blancanieves: No nos queda ya jamón,

pero os invito a cenar.

(a los enanos) ¿Lo habéis escuchado bien?

Poned un cubierto más.



Príncipe: Gracias por vuestra bondad.

Después de cenar me iré,

pero pronto volveré.



Blancanieves: Aquí yo os aguardaré

a la esmeralda y a vos.





CUARTO ACTO



(Salón del castillo. Federica está sentada en el trono igual que en el segundo acto. A su lado, el espejo).



Federica: Problema solucionado,

he matado a Blancanieves

y aquí nadie se ha enterado.

A ver que dice el espejo,

espejo desvergonzado.

(Se acerca al espejo)

Espejito, espejito,

tú que eres el más listo,

dime si acaso es verdad

que una estúpida princesa

me supera en la beldad.



Espejo: Pues mira que eres pesada,

Blancanieves te aventaja

en hermosura y bondad,

en casa de los enanos

muy alegre viviendo está.



Federica: No te doy un zapatazo

porque tengo mucha prisa.

El cazador me ha engañado.

Blancanieves está viva.

Eso pasa por ser buena

y pagar adelantado.

No queda duda, yo misma

tendré que hacer el trabajo.

¡Genoveva! ¡Berenguela!

presto, venid, os espero.



(Entran las dos damas por la izquierda)



Dama 1ª: Buenas tardes, Majestad.



Dama 2ª: ¿La familia cómo está?



Dama 1ª: Me han contado en el mercado

que a la princesa han matado.



Dama 2ª: La condesa Guillermina

se lo dijo a una vecina.



Federica: ¡Basta de hacerse las tontas!

Vuestra ayuda necesito,

pues un veneno maligno

que se mezcle con la sopa,

con el postre o con las tortas,

he de dar a Blancanieves

para ver si ya se muere.



(Las damas salen por la izquierda y vuelven con una olla. La colocan en el suelo y luego se unen a la reina formando un corro. Durante el conjuro, cada vez que mencionan un ingrediente hacen como si lo echaran en la olla).



Las tres: Retipití, tipitá,

el veneno a preparar,

con las lenguas de los gatos

y las patas de los gallos,

un buen salchichón con ajo

y la cola de un lenguado,

con coliflor y con nabo

y con la sangre de un sapo,

pimentón y pan rallado.

Retipití, tipitá,

Blancanieves va a palmar.



Federica: Mil gracias amigas mías.

Ahora una roja manzana

bañaré con esta salsa

y disfrazada de vieja

engañaré a la princesa



Dama 1ª: Nunca se vio, Majestad...



Dama 2ª: Una idea tan genial.





QUINTO ACTO



(La casa de los enanos. Blancanieves está sentada a la puerta)



Blancanieves: Comienzo ya a sospechar

que el príncipe no vendrá,

que una cosa es prometer

y otra muy distinta dar,

y si bien quiso cenar

nunca tuvo la intención

de volver para pagar.



(Entra por la izquierda la reina disfrazada de vieja)



Federica: ¡Hola, joven bondadosa!

Esta pobre anciana llega

fatigada y sudorosa

y necesita un refresco,

naranjada o coca cola.

Si además de ser tan bella

fuerais también generosa.



Blancanieves: Con gusto yo os dejaré

que saquéis agua del pozo.

Perdonad que no os ayude,

mas si trabajo me canso.



Federica: En premio a vuestra bondad

esta manzana tomad.



(La reina le ofrece la manzana. Blancanieves la coge con desconfianza).



Blancanieves: Un poco madura está.

¿No habrá caducado ya?



Federica: Puedes morder sin temor,

sentirás un gran dulzor,

un saludable frescor

y un agradable sabor.



(Blancanieves muerda la manzana y cae al suelo).



Federica (con malvada alegría): Me libré de Blancanieves.



(Por la izquierda entran los enanos. Vienen del trabajo).



Enano 1º: Blancanieves en el suelo.



Enano 2º: Y muy pálida la veo.



Enano 3º: Un síncope o un mareo



Enano 4º: El sentido arebató



Enano 5º: A la princesa del cuento



Enano 6º: Decid, anciana gentil



Enano 7º: ¿Qué ocurrió con Blancanieves?



Federica: ¿Qué sé yo?

Una manzana mordió

y muerta al suelo cayó.



(Entra el príncipe por la derecha. Tarda en darse cuenta de la presencia de los enanos y de la reina).



Príncipe: No sé si debí venir.

Sin esa gran esmeralda

que sin pensar prometí

quizá la bella muchacha

no me quiera recibir.



(Ve a Blancanieves)



Príncipe: Mas ¿Qué veo?

Blancanieves en el suelo.



Enano 1º: Eso ya lo dije yo.



Príncipe: Y muy pálida la veo.



Enano 2º: Repite lo que yo hablé.



Príncipe: Un síncope o un mareo.



Enano 3º: Este príncipe está lelo.



Príncipe: El sentido arrebató.



Enano 4º: ¡Ya no lo aguanto! ¡Pardiez!



Príncipe: A la princesa del cuento.



Enano 5º: Como pregunte a la anciana

le sacudo con la azada.



Príncipe: Decid, anciana gentil.



Enano 6º: Sólo sabe repetir

lo que ya se oyó decir.



Príncipe: ¿Qué ocurrió con Blancanieves?



Federica (enfadada): Eso ya se preguntó.

¡Harta estoy de contestar!



(Sin que nadie lo note entra el rey por la derecha acompañado por el espejo y por un soldado)



Rey: ¿En esta casa decía

que se oculta la princesa?



Espejo: Os lo aseguro.



Rey: Escondámonos aquí

y observemos lo que pasa.



(Se esconden tras unos árboles)



Federica: A la princesa es verdad

que acabo de envenenar

y a vosotros, sin dudar,

porque no me delatéis,

de aquel árbol que allí veis

mañana os haré colgar.



Enano 7º: ¡Madre mía! Si es la reina.

Perdonadnos, Majestad.



(El rey se adelanta al centro de la escena)



Rey: ¿Así que habéis abusado

del tierno amor que os profeso

y mientras que yo confiado

os entregaba el gobierno

a mi hija habéis matado?



Federica: No lo toméis tan a pecho,

que tampoco es para tanto.



Rey (al soldado): Condúcela a una mazmorra,

del castillo la más honda,

registra sus aposentos

y dame todas sus joyas.



Soldado: ¡Date presa, Majestad!

La reina tras una reja,

¡Ay! Qué gran felicidad.



Príncipe: Me han dicho que algunas veces

si se besa a una princesa,

aunque parezca ya muerta,

muy pronto se recupera.



Rey: Nada se pierde en probar.



(El príncipe se inclina y besa a Blancanieves. Ésta abre los ojos y se levanta)



Rey: ¡Anda! Pero si es verdad.

Chicos, ¿os queréis casar?



Blancanieves: No corras tanto, papá,

que lo tengo que pensar.



Enano 1º: Se case o no



Enano 2º: ¿Qué importa ya?



Enano 3º: Volverá a su palacio



Enano 4º: Y viviremos en paz



Enano 5º: Sin nadie que nos mande



Enano 6º: Barrer, limpiar y fregar



Enano 7º: Una alegría tan grande

tenemos que celebrar.



(Todos bailan)

Guión u Obra teatral para niños: El Kiosko

Teatro Infantil

Teatro para niños

Guiones infantiles, guiones para niños, guiones para alumnos de primaria

Obras teatrales para representar o dramatizar con grupo de niños y alumnos


Autor: José Luis Marqués Lledó

El Kiosko

jose.marques@educa.madrid.org

Personajes por orden de aparición



11 niñas y 3 niños



Candelas

D. Anselmo

Hortensia

Mª Luisa

Juan

Susana

Clarita

Cristóbal

Mª de la Encarnación

Dolores

Laura

Asunción

Celeste

Esperanza

Niño

Un kiosco de periódicos en un barrio cualquiera de Sevilla. Candelas, la kiosquera está abriendo el negocio y quitando el polvo mientras coloca los periódicos, las revistas, los tebeos y demás chismes de un kiosco .Mientras canturrea esta copla :

** LA ZARZAMORA **

(Pasodoble)

En el café de Levante entre palmas y alegrías,
cantaba la zarzamora;
se lo pusieron de mote porque dicen que tenía
los ojos como la mora.

Candelas.- Han visto Ustedes lo contenta que estoy por las mañanas, y tengo motivos pa estar alegre. Estoy alegre por este Kiosquito que ma concedío el Ayuntamiento, si señores. Yo soy viuda y cuando murió mi marío “que en gloria esté”, me quedé sin un real, porque Agapito era muy bueno, pero se lo gastaba to en la taberna, así que me dejó con una mano alante y otra atrás. No, no señores, no estoy contenta porque se me muriera mi Agapito, sino porque una ha batallao y batallao, hasta conseguir esto.. Ahora les cuento mientras coloco los cachivaches de mi kiosquito, que ya no sabe una donde ponerlos ¡Osú María y José!

Le hablo primero a un tratante, y olé,
y luego fue de un Marqués
que la lleno de brillantes, y olé,
de la cabeza a los pies.
Decía la gente que si era de hielo,
que si de los hombres se estaba burlando,
hasta que una noche, con rabia de celos,
a la zarzamora pillaron llorando.

¿Que tiene la zarzamora
que a todas horas
llora que llora por los rincones,
ella que siempre reía
y presumía de que partía los corazones?
De un querer hizo la prueba
y un cariño conoció
que la trae y que la lleva
por la calle del dolor.
Los flamencos del colmado
la vigilan a deshora
porque se han empestillado
en saber del querer desgraciado
que embrujo a la zarzamora.





Candelas.- Yo solita, yo solita me he conseguío, to lo que tengo, que es poca cosa, dicho sea de paso, pero a mí me basta y me sobra. Yo he ido de departamento en departamento, de negociao en negociao, de asistente sosial, en asistente sosial. Unos me han cerrao las puertas , otros me las han abierto de “par en par”, hasta que llegué a D. Pascual Miravalles Garsía (Recalcando el nombre) ; un santo., se lo digo yo. Consejal del Ayuntamiento de Sevilla, pero un Señor Consejal, no como los otros; éste sí se interesa por las clases humildes.

(Sigue canturreando La Zarzamora)


Cuando Sonaban las doce una copla de agonía
lloraba la zarzamora,
mas nadie daba razones ni el intríngulis sabía
de aquella pena traidora.
Pero una noche al levante, y olé,
fue a buscarla una mujer;
cuando la tuvo delante, y olé,
se dijeron no se que.
De aquello que hablaron ninguno ha sabido
mas la zarzamora lo dijo llorando
en una coplilla que pronto ha corrido
y que ya la gente la va publicando.

Candelas.- Allá que me presenté, yo sola en el despacho de D. Pascual; la secretaría no me quería dejar pasar naturalmente, y entre, lloriqueos, lágrimas y suspiros, se abrió aquella puerta, y allí estaba él: alto, moreno, bien paresío, elegante, simpático, cautivador , atento, gentil, bueno que les voy yo a desir a ustedes. Me pasó a su despacho , me colmó de atensiones y me escuchó como antes nadie me había escuchao. Yo naturalmente, le enseñé la foto de mi marío, le dije que era el hombre más bueno y honrao que había existido, que yo vivía estupendamente con él, que no me faltaba de na y que su muerte me había destrozao la vía... bueno , y ...la alcancía... y me eché a llorar, y lloré, y lloré y di un hipío, y otro y después otro. Hice que perdía el sentío y él solícito me dio a oler un frasco de sales aromáticas, y por fin entre unas cosas y otras, salí de allí con el permiso conseguío, y aquí está el resultao. ¡¡Qué el que no llora no mama!! Y yo solita. Si mi Agapito levantara la cabeza, que no me dejaba nunca tomar decisiones , y viera esto, se moriría otra vez del susto. Pues que se fastidie que esto es mío y sólo mío. (Candelas sigue canturreando “La Zarzamora”, mientras termina de colocar su kiosquito)


Lleva anillo de casado,
me vinieron a decir,
pero ya lo había besado
y era tarde para mi.
Que publiquen mi pecado
y el pesar que me devora
y que todos me den de lado
al saber del querer desgraciado
que embrujo a la zarzamora.



Candelas.- Verán Ustés, ya va pa sinco años que tengo este kiosco y ya me conozco la vía y milagros de toos los vesinos de este barrio; les puedo desir a la hora que viene ca uno al kiosco, cuales son sus ideas políticas, me se de memoria sus chascarrillos, se quien se lleva mal con quién, quien se casa, quién se separa, quién va a tener un niño, a quién han echao del trabajo, en fin, too. Pero yo siempre tengo una palabra bonita pa cada cual, una palabra de ánimo, de consuelo, de enhorabuena y ellos me lo agradesen ¿Qué trabajo cuesta eso? Y así mi negosio va viento en popa. Verán ahora a las nueve menos diez minutos vendrá D.Anselmo , un funsionario jubilao que to los días compra su periódico y una bolsita de alpiste pa las palomas. Miren por allí viene. Es puntual como el carillón de Córdoba.

D.Anselmo.- Buenos días Candelita, presiosa

Candelas.- Buenos días, D. Anselmo, ¿Lo mismo de siempre, verdá?

D.Anselmo.- Así es , Candelitas, dame mi ABC y la ración de alpiste, que mis palomas y mis pajaritos me estarán esperando como agua de Mayo y además con la buena mañana que hase , en el Parque de María Luisa se tiene que estar muy bien.

Candelas.- Pero abríguese D.Anselmo, que luse el sol, pero la mañana está fresquita y usté con su reuma no debe coger frío.

D.Anselmo.- ¡Ay hija! Y que lo digas , que cada vez tie uno peor las bisagras. Hoy me he levantao con un dolor de rodillas que ya, ya.

Candelas.- Ande, ande, no se queje que está usted todavía pa partir corasones , nadie le diría la edad que tiene.

D.Anselmo (Estirándose todo lo que puede) ¿De veras Candelita, tú crees que estoy todavía de buen ver?

Candelas.- Pues claro, D. Anselmo, pues claro , Vamos que yo porque le guardo el luto a mi marío, si no yo misma le diría algún piropo.

D.Anselmo.- ¡Qué guasona eres Candelitas! No, yo te lo digo porque hay una señora en el parque, que también le lleva comida a los pajarillos, que está de muy buen ver. Sólo tiene 75 años, es muy educada y ya me ha tirao alguna que otra indirecta: qué si vive sóla, que que mala es la soledad, que cómo vivo yo sólo sin una mujer que me atienda. Y yo, claro, me he hecho el distraido, pero he cogío la indirecta

Candelas.- ¡Pues adelante, D. Anselmo, no se lo piense que la vida es muy bonita

D. Anselmo.- Toma Candelas, 1,80, ¡Qué pases una buena mañana!

Candelas.- ¡Vaya Usted con Dios! D.Anselmo . Qué cándido , Mira va como un chaval de 20 años. No hay cosa más bonita que desirle una frase amable y cariñosa a los ansianos ¿Y que trabajo nos cuesta? (Sigue colocando cosas en el kiosco)

(Entran en escena Mª Luisa y Hortensia. Se paran a charlar delante del kiosco)

Mª Luisa: ... Y me dise el jardinero, con una grasia que no se pue aguantá : Otra vez cuado pases por este jardín, ¡Morena! avisa con tiempo a los rosales mujer, que se me mueren toas las rosas de envidia. Claro, que te voy a desí ; ver a aquel hombre chequetillo, desgarbao y sesentón, desir esas cosas tan bonitas a una mujer, solamente pasa aquí en este Sevilla de mi alma. Naturalmente yo me hise la estirá, pero me iba partiendo de risa.

Hortensia: (Riéndose) Es verdá, aquí los hombres tienen una grasia especial .El otro día iba yo por la calle Villegas a salir a la Plasa El Salvador y estaban sacando un camión de un garaje y le desía el ayudante al conductor : tira, tira ya, dale , dale hombre y como tardase un poco el conductor va y le dise : Hombre dale ya, que a este paso lo que le va a da es un infarto al camión .

Mª Luisa: (A carcajada limpia) Y un guasón el otro día en la calle Cabeza del Rey Don Pedro, a la verita La Alfalfa , uno que vende cupones de siegos y que ve mejor que tú y que yo. Pues verás: Pasaba un cheposo a su vera cantando el hombre mu contento, será una rosa, será un clavé y va el guasón de turno y le dise: y lo que llevas atrás compadre, ¿que es la maseta? No se pue aguantá la grasia de este pueblo.

Hortensia: (Riéndose a mandíbula batiente) Y lo optimista que somos. No nos entristese na, aquí hay poca gente con depresión. Pues yo no sé si sería el mismo que tu dises porque me lo encontré en la calle Sales y Ferré que está allí al lao , mira: jorobao, contrahecho con una muleta en ca braso, era un cromo y el gachó iba cantando aquello de: grasias a la vía que ma ha dado tanto, grasias a la vía y por eso canto... Mira la gente se tenía que poné una mano en la boca pa no echá la carcajá, y no pa reirse de él (Dios me libre, pobresito) , sino por la ocurrencia; se pue aguantá mejor humor y más optimismo.

Mª Luisa: Los sevillanos somos así. El otro día iba por la calle Sierpes un borrachín que iba dando tumbos de un lao a otro, los viandantes, claro, se apartaban pa dejarle pasar y ya le para un monicipal y le dise : váyase pa su casa amigo, que va Ud dando más giros que curvas tiene la serranía de Ronda. Y le dise el beodo, ¿insinúan Sr monisipa, que estoy bebido? Pues sepa Ud que yo no bebo por prescrisión facultativa y que como llevo un día sin beber pues he entrao en ese bar pa celebrarlo, ¿He cometío algún delito?.

Las dos.- ( Nueva carcajada )

Candelas.- Ya veo, ya, que os estáis partiendo de risa ¿Acaso hay algún chisme nuevo que yo desconozca?

Mª Luisa: ¡Qué va! Estamos riéndonos del ángel que tienen los sevillanos, que no se pue aguantá.

Candelas.- ¡Ah! En eso somos únicos. Aquí en el kiosco, se ven muchas cosas de too tipo y algunas mu grasiosas. La otra tarde se aserca un turista chapurreando el español y le dise a una señora que estaba comprando el periódico: .¿Poder decir Vd, donde quedar la Torre Eiffel, por favor? Y le dise la señora con mucho ángel: Hombre, yo por desirle donde queda la torre Eiffel se lo diría, pero no sé si es esa que está a punto de caerse o una de hierro mu fea, que parese las vías del tren saliendo de la estación de Santa justa. Pero si le da a usté igual, vaya usté a ver a la Giralda que está hecha de encajes y bordaos y es la más bonita der Mundo, y esa, esa se queda aquí con los sevillanos. Mira er muchacho se quedó alusinao, ¡Mira que venir a Sevilla a preguntar por la torre Eiffel!

Hortensia.- Bueno, chicas que yo tengo mucho que haser y a las dos y media tengo que tener la comía pa mi marío que viene de trabajá.

Candelas.- Sí, sí, ya veo que tenéis mucha prisa las dos y lleváis delante el kiosco una hora y media dándole al palique.

Hortensia.- ¡Hombre! De arguna manera se tie una que expansioná ¿no te parese?

Mª Luisa .- Yo como no tengo esas atauras, me pudo permitir el salir a paseá todo cuanto quiera. El matrimonio es una esclavitú. Anda dame la revista de cotilleo, haber que ha pasao por fín con el pretendiente de Terelu Campos, que me tiene en ascuas.

Hortensia.- Es que a las mujeres nos gusta el “morbo” , no hay más que ver que vendes más revistas que periódicos.

Candelas.- ¡Ojo! No te pases que las revistas del corazón las compran las mujeres pero luego las leen también los hombres, que lo sé de buena tinta.

Las dos.- Bueno, nos vamos , que se te de bien hoy Candelitas.

Candelas.- Grasias y que ustedes lo vean. (Comentando para sí) ¡Vaya dos!, estas no tienen preocupaciones, se ríen de la vida misma. ¡Qué humor!

Juan.- ¿Dónde hay una maseta pa plantar esta flor? ¿Adónde está el escultor que ha diseñao este rostro? Díganme donde está el poeta que ha escrito este bello poema ¿Dónde se han metío? Ésta es la mujer más bonita de toa Sevilla.

Candelas.- Uyuyui , que zalamero vienes Juan, algo me vas a pedir, seguro.

Juan.- ¿Yo? Qué mal pensá eres Candelitas, Yo sólo te pediría a ti... en matrimonio, pero tú te niegas.

Candelas.- Con que en matrimonio ¡eh! ¿Ya te has gastao los veinte euros que te presté ayer, pa no se que negosio?... ¿Y los diez, que te dejé anteayer porque no tenías suerto?...

Juan.- ¡Hombre Candelitas! No me fastidies, un negosio fallido lo tie cualquiera, pero cuando yo digo que te lo devuelvo es que te lo devuelvo y además ahora mismo, ¡fíjate! (Se echa la mano a la cartera)... Y digo yo veinte y diez son treinta ¿no?. Mira vamos a haser una cosa pa redondeá. Como tengo que ir a la plasa a comprar y no me quiero quear sin dinero, tu me das un billete de sincuenta euros, yo te doy estos treinta que llevo aquí y es como si te pagara y tú me prestaras sólo veinte ¿Qué te parese?

Candelas.- ¿Que qué me parese? ¡Qué eres un sirvengüensa! Eso me parese ¿Pero tú te has creío que yo soy tonta?

Juan.- ¡Qué mal pensá eres Candelita de mi corazón ! Si tú eres pa mi lo primero como dise el cantá, como te voy a engañar yo a ti; lo que pasa es que últimamente no me sale na bien, por mucho empeño que le ponga, y estoy desesperao, pero nunca engañaría yo a la dueña de mi corasón. (Poniendo voz compungida)

Candelas.- ¡Anda salamero! Toma veinte euros y empléalos bien ¡eh que ya no te dejo ni una gorda más

Juan.- ¡Dios te lo pague mujé ! Qué vendas to la prensa y tos los cachivaches en un santiamén y que como er cuento e la lechera, te pueas comprar una tienda y después unos almacenes y después...

Candelas.- Anda, anda y que como er cuento e la lechera, se me caiga er cántaro y adios, almacenes, adios, tienda y adios kiosco que es lo único que tengo.

Juan.- (marchándose) Adios Candelas, no te pongas así mujé. Bueno, me voy, que los negosios no esperan y además tú no estás de humor.

Candelas.- (Hablando en voz alta, consigo misma) ¡Qué los negosios no esperan ! ¡Qué los negosios no esperan! Er que no esperas es él ar trabajo, éste ve un pico y una pala, y dise que no lo toca porque tien la gripe aviar. (pausa). Pero en fin me da pena el pobresillo.

Susana.-¡Hola guapa! Dame el periódico y el fásiculo de coches antiguos, su historia y su montaje, que es la colesión de este año de mi marío, que tos los años empiesa alguna y no termina ninguna.

Candelas.-Como la mayoría. Toma tu fascículo y en esa bolsita va una de las dos ruedas delanteras; que no se te pierda.

Susana.- A este ritmo le va a salir más caro el Ford T, de 1921 que si se comprara la giralda por piesas.

Candelas.- Por sierto, sabes algo de Matilde, hase mucho que no viene por aquí. ¿ se habrá casao?

Susana.- ¡Ah! , ¿pero no lo sabes? Se casó por fin con Juanito el madrileño. Ha tenío mucha suerte, Juanito es un buen muchacho y con un buen ofisio, es na menos que oficial fontanero.

Candelas.- ¡Hombre qué bien! ¿Fontanero? Entonses tiene la vía resuelta. ¡Total no ganan na!

Susana.- ¿Qué si ganan? Yo el otro día llamé a uno para que me arreglara un “chisperito” del desagüe de la cosina; me lo arregló en sinco minutos y cuando le digo que le debo me dise: Poca cosa paisana, veinte euros de la visita, localizar la avería seis euros, restañar y soldar doce euros, total, 44,08 Euros, y no le cobro el IVA. Hombre, muchas grasias, casi sincuenta euros por arreglar un “chisperito” de na. Fíjate si llega a ser algo.

(Llegan Clarita y Cristóbal)

Clarita.- Muy buenos días tengan ustedes.

Cristóbal.- Muy buenos días

Candelas y Susana.- Buenos días.

Clarita.- Y verdá que hase un buen día, una buena mañanita pa pasear, por eso le he dicho al señor Cristóbal: Vamos a por el periódico y después nos vamos a dar un paseíto por la Plasa Nueva y ahí nos dirigimos ahora.

Cristóbal.- Por sierto, que les he oído a ustedes hablar de lo caros que son los fontaneros. ¿Y que me dise de los mecánicos? Esos si que te cobran hasta por sonreír y yo debo sonreír mucho.

Clarita.- Yo de eso no entiendo, pero creo que ser mecánico trae más cuenta que estudiar pa ingeniero industrial.

Susana.- Toma, como que yo le he dicho a mi hijo. Cuando termines la escuela te voy a apuntar a una escuela de artes y oficios pa que estudies pa mecánico y ya tienes la vida resuelta hijo.

Cristóbal.- La semana pasada llevé el coche a que me hisieran una revisión rutinaria, de esas que te recomiendan las casas cuando compras un coche. El coche está nuevo, lo compre hase seis meses y yo creí que entraba en el presio y que me lo harían gratis.

Candelas.- ¿Y se lo cobraron.?

Cristóbal.- ¿Qué si me lo cobraron? Mirar, por aquí tengo la factura (Saca la factura del bolsillo y la lee en voz alta)

Factura



Revisar sistema de frenos................. 50 Euros

Revisar líquidos............................30 “

Revisar Niveles.............................40 “

Revisión y reglaje de luces............30 “

Comprobar salida de humos..........60 “

Comprobar motor por ordenador......40 “

Mano de obra.................................... 90 “

_______

TOTAL 340 “



IVA 16% 54,4

__________

TOTAL A PAGAR 394,4

Menos mal que era una revisión rutinaria porque si no les regalo el coche. Toma como que les dije: Oiga, ahí irá incluida la cuota de este mes ¿no?

Susana.-Yo no sé adonde vamos a ir a parar como se está poniendo la vida. Antes iba una al mercao y hasía la compra con 2000 pesetas y ahora con esto de los euros dichosos, te dejas 50 euros y paese que te han dao to de balde y cuando descubres que tas dejao más de 8000 pesetas te echas a temblar.

Clarita.- Y que lo diga, como que yo no me aclaro aún con lo de los euros y cuando me disen tantos euros pues yo me creo siempre que es una ganga. La otra tarde fuimos, una amiga y yo, a merendar a una cafetería. Nos tomamos dos chocolatitos con una rasión de calentitos, y cuando pido la cuenta, me dise la chica, seis euros y voy yo, tan inosente y le digo ¿na más?¿No te habrás equivocao? Claro la chica se echó a reír y me dise: mujer, si quiere le cobro más, pero eso es lo que vale. Tonta de mí que estaba pagando 1000 pesetas y no me había dao ni cuenta.

Cristóbal.- Bueno Candelas, dame mi periódico que me marcho pitando a mis obligaciones. Con Dios señoras.

Candelas.- Toma Cristóbal, aquí tienes El País y un suplemento de Siensia y Naturalesa que trae esta semana. A este paso los periódicos, en vez de ser periódicos van a ser la Biblioteca nasional.

Cristóbal.- Y que lo digas, que dentro de poco vamos a tener que venir a por la prensa con un puñao de porteadores. Toma el importe Candelas, te lo doy justo ¡Qué lo pases bien mi arma!

Candelas.- Lo mismo te digo Cristóbal, lo mismo te digo… ¡Qué buena gente! Aquí, donde le ven, ha enviudao tres veses, le duran las esposas menos que una gamba en la boca un tiburón. Cuando pretende a alguna mosuela y le tira los tejos, ella sale corriendo como alma que lleva el diablo. Cualquiera le tienta.

Mª de la Encarnación.- Candelas, ¿me has guardao la revista Pronto de esta semana? Que no me la quiero perder, viene una reseta de Arguiñano, sobre Chipirones a la Boloñesa, que tienen que estar riquísimos.

Candelas.- Mª de la Encarnación ¿Le he fallao yo a usté alguna vez mi arma? A mis clientas preferías les guardo yo lo que me pían, aunque me quede yo sin comer pa buscárselo, ¡faltaría más!

Mª de la Encarnación.- ¡Eres un Ángel! Pues mira a cambio te voy a contá el último cotilleo del barrio.

Candelas.- ¡Cuente, cuente! Me muero por los cotilleos.

Dolores.- Lo he escuchao to y no me lo quiero perder! Cuente usté Dña Encarnación, que yo después contaré los míos, que yo también se unos cuantos.

Candelas.-¡Paresen ustedes la gasetilla del Norte!

Mª de la Encarnación.-¿Saben ustedes que Paco el del puesto le ha pedío en matrimonio a Rosita la de la floristería?

Candelas y dolores.- ¡No me lo puedo creer!

Mª de la Encarnación.- Pues créanselo, créanselo ustedes que son noticias frescas, vamos tan frescas como que son de esta mañana.

Dolores.- ¡Pero si se llevaban como el perro y el gato! ¿Quién la fuente de información?¿Seguro que no es una traca?

Mª de la Encarnación.- Y tan seguro. Miren, no se debe desir la fuente de información, pero como confío en ustedes se lo diré. Me lo ha contao Doña Angustias la mujer del melitar, que es una señora muy digna y muy de fiar, pero eso sí, me ha pedío por favor que no lo contara a nadie, porque ellos no lo quieren divulgar toavía ; yo se lo cuento a ustedes porque sé que son una tumba.

Las dos.- Por supuesto, Mª de la Encarnación, no faltaba más. Somos una tumba.

Dolores (Poniendo cara de cotilleo) .- Bueno y cuente, cuente ¿Cómo ha sío eso?

Mª de la Encarnación.- Parese ser que el muchacho andaba ya detrás de ella desde hase bastante tiempo, pero Rosita le daba de lao, e incluso de malos modos, paresía que lo menospreciaba, pero hijas mías, como dise el dicho, el amor está mu serca del odio, o al revés.

Candelas.- Que cosas tiene la vida, me acuerdo una pelea que tuvieron a las puertas de su casa Rosita y la madre de Paco y las cosas que se dijeron.

Dolores.- ¡Qué usted es una cotilla! Pues mira quien fue hablar so lenguarona, y usted es un tapón de botella , y tú medio metro de sinta aislante, y usted parese una pastilla de jabón lagarto y tú.... Y no sé cuantas cosas más se dijeron.

Mª de la Encarnación.- Pues ahí las tenéis ahora, a partir un piñón hija mía, que van hasta haser la compra juntas.

Candelas.- Si es lo que yo digo: pa cuatro días que vive una, que nesesidad tenemos de pelear los unos con los otros, si en un cambio de aire a lo mejor estamos hasta emparentaos.

Dolores.- Si no hay que ver más que a los políticos, que se están poniendo de ropa e perejil, que paece enteramente que son perros de presa y en cuanto termina la sesión los ves a partir un piñón.

Mª de la Encarnación.- Y que lo digas. La otra tarde echaban en la tele lo del parlamento ese y había dos , uno de un partío y otro de otro, que se estaban disiendo de to menos bonitos y los demás aplaudían cuando gritaba, uno de ellos y silbaban y abucheaban los otros y al revés claro. ¡Qué espectáculo! Lo tuve que apagar pa que no lo vieran mis niños.

Dolores.- Como que tenían que poner dos rombos cuando hay temas de política en la tele.

Candelas.- Es que es lo que digo yo. Podían desirse las cosas con respeto y buenos modos y así los siudadanos no tendríamos excusa pa pelearnos entre nosotros.

Dolores.- Bueno les desía yo que también tenía noticias frescas ¿verdad? Pues las tengo, las tengo.

Candelas.- Somos todo oídos.

Dolores.- Bueno, yo más que cotilleos os voy a contar unas cuantas anécdotas de los vesinos de mi casa, que son únicos. ¿Conocéis a la Seña Basilia la mujer de Cándido?

Las dos.- Sí claro.

Dolores.- La mujer no ve tres en un burro. Total que como han abierto una óptica nueva en el barrio, pues allá que se escampó la Sña Basilia, observando al personá. Delante de ella había otra mujer probándose gafas, y según se las probaba pues le iba disiendo al óptico, con estas no veo, con estas tampoco, con estas algo mejor, hasta que dio con las lentes apropiadas. Cuando le llegó el turno a mi buena Basilia, le empesaron a probar gafas y ella iba disiendo: con estas no veo, con estas tampoco, ni con éstas y así hasta que se probó todo el muestrario. El chico desesperao, va y le dise, pero bueno Señora, usted sabe leer, a lo que La Basilia responde: ¡Hombre si yo supiera leer, ¿a que iba yo a haber venido aquí?

Todas.- (Sueltan una sonora carcajada)

Mª de la Encarnación.-¡Escuchá! Dos vesinas mía, mu presumías las dos, en edad casaera. Yo las estaba oyendo desde mi casa. Y le dise una a la otra: Po ¿zabe que me echao novio? ¿Ah si?¿Y cómo es? Po mira, e otorrinolaringólogo. ¡Ozú! ¡Vazco como el mío! No se pue aguntá.

Todas.-(Nueva carcajada)

Dolores.- Y otro dos vesinos, que se las dan de curtos. Le dise uno al otro ¡Oye quillo! ¿Cómo se dise uno en inglés? Uan, dise: ¡Anda como mi primo!

Todas.- (Otra carcajada)

Candelas.- Pero que guasonas sois las dos.

Mª de la Encarnación.-Algunas veses somos un poquito crueles. El otro día llega la Paula, la del portal 38, que ha tenío un niño, mu feo, porque la verdá es que es feo el chaval y le dise la vesina dal lao, que se tienen mucha enquina. Dise: oye Paula , mía que es feo tu chavá, y claro algo ofendida le contesta la Paula, como quien no quie la cosa, pa no demostrá su escozor. ¡bah! Pero los niños dan muchas vuertas; y le dise la otra con mu mala idea: Pues yo creo que éste, ni gastando mil duros en el tío vivo.

Todas.- (Nueva risotada)

Dolores.- ¿Habéis visto que el barrio está llena de sanjas? Este alcalde se ha propuesto dejar Sevilla como un queso de Gruyere. Pues el otro día no me podía aguantar de la risa. Había una sanja mu profunda y dentro de ella había un obrero y le estaba disiendo al que estaba fuera : ¡Pepe isamé! A lo que el de fuera que era un poco sordo le contestaba: ¿Qué me ises? ¡Que me ises! Contesta el de abajo. ¡Ah creí que me desías algo.

Todas.- (Otra carcajada)

Mª de la Encarnación.- Bueno, chicas yo me voy que todavía no he hecho la compra ¡Cómo pasa el tiempo!

Dolores.-¡Es verdad! ¡Qué barbaridad! Candelitas, dame el periódico que me marchó escapá.

Candelas.- ¡Vaya par de guasonas! Toma Dolores, haber si lo pierdes por el camino , que yo ya te lo he dao.

Dolores.- No, el periódico es para mí, antes que el pan. ¡Con Dios!¡Qué lo pasen ustedes mu bien!

Mª de la Encarnación.-¡Con Dios Dolores! Toma y dame mi revista Candelas.

Candelas.- Aquí tienes, No te la vayas a leer toa de golpe, deja algo pa mañana.

Mª de la Encarnación.-No sé si me va a llegar a mañana, pero si se me agota pa eso están los programas de cotilleos, que son la monda. ¡Abur!



(Asunción, Laura y Celeste, tres vecinas del barrio que están discutiendo sobre los planes del Sr Alcalde)

Asunción.- Os digo que es una vergüenza como tiene este Alcalde, las calles de Sevilla, toas levantás.

Celeste.- ¡Qué exagerá! Toavía le queda el barrio Santa Cruz, mujé. (risa irónica)

Laura.- Hombre yo creo, que cuando lo acabe nos vamos a alegrar porque va a dejar Sevilla de rechupete; vamos a ser la envidia de toa España. (Nueva risotada)

Asunción.- Sí, es posible, pero nosotras lo veremos desde el asilo, mejor dicho, no lo veremos, nos lo contarán, si es que vienen a vernos, que esa es otra.

Celeste.-¡Hombre, yo creo que sí!

Asunción.- No sé, no sé, que de todo hay, pero bueno, hablemos de cosas más alegres chiquillas. ¿Qué os parese cómo va mi Betis del arma?

Celeste.- ¿Como va a ir? Como os merecéis, si no dais una patá a un bote, no como mi Sevilla, que ya ves, aspirando a jugar la champión, y es que tenemos unos jugadores que ya los quisiera el Real Madrid, con to su golpe de Galácticos.

Asunción.- ¡Ah, amiga!, Ya no me acordaba yo, que tu eras del Sevilla y del Señor del Nido, ese, que ca vez que habla, de seis palabras mete la pata en sinco.

Celeste.- ¡Pero que dises! Vas a comparar tú al Sr Lopera con el Sr del Nido, El Sr del Nido es todo un Sr: prudente, sosegao, nunca arremete con nadie, hombre no compares.

Laura.- Yo opino que...

Celeste.- Tú no opinas ná, ésta es una forofa impresentable que no sabe na de fútbol y to lo tiene que criticar.

Laura.- Pero es que el domingo pasao...

Asunción.- Ni domingo pasao, ni na, hombre, que Laura es una lenguarona de tres al cuarto que habla lo que oye y na más.

Laura.- Pero si yo lo que digo es ...

Celeste.- ¡Tú aquí no dises na! ¡Qué esto es entre esta y yo! ¿Vas a comparar na der Betis con el Sevilla? Nuestro estadio, el estadio del Sevilla es el estadio más bonito de toa España, Er Ramón Sánchez Pizjuan. Lo vas tú a comparar con esa cafetera llamada “Estadio Ruiz de Lopera”, que además se lo ha otorgao vuestro presidente como si fuera suyo? Vamos que ni harta vino.

Asunción.- Tú lo que eres, es una envidiosa que crees que lo tuyo es mejor que lo de los demás (Haciendo muecas de burla) , que si tu hijo ha hecho la mejor carrera, que si se ha colocao en una empresa de director gerente...

Laura.- Digo yo que...

Celeste.- ¡Digo yo, digo yo! ¿Tú que vas a decir de esta envidiosa? Que llama envidiosas a las demás cuando es a ella a quien la corroe. En cuanto te compras algo nuevo, ya está criticando, incluso a ti, Laura, cuando te compraste el chaquetón de garras, o bueno que paresía de garras…

Laura.- Era de garras, pero...

Asunción- Tú si que la criticaste cuando su boda: ¡que si vaya entrantes, que el lugar del convite era mu feo, que...

Celeste.- Mentirosa, que eres una mentirosa, te voy a dar una bofetá que...

Asunción.- Tú a mi, yo te voy a arrancar los cuatro pelos que tienes so fea.

Celeste.- (yéndose hacia ella) Ahora verás

Laura.- (Poniéndose en medio de las dos y chillando) .- Bueno, ya está bien, ¿no os da vergüenza? Toa la vía juntas, habéis cresío juntas en el barrio, os queréis como hermanas, os ayudáis como hermanas y cada dos por tres armáis una de éstas.

Asunción.- ¿Yo querer a ésta?

Celeste.- ¿Yo haber cresío con ésta?

Laura.- Sí, Naturalmente, sois hermanas, o ¿es que ya lo habéis olvidao después de cincuenta años? y yo vuestra hermana mayor o ¿es que queréis que vayamos al diario de Patricia a contar nuestra historia?

Asunción y Celeste.- (Dándose un abrazo)

Laura.- Así está mejor

Candelas.- Os estoy observando desde aquí y desia pa mis adentros: con lo que se quieren estas tres hermanas que siempre van juntas a tos laos y luego como regañan por cualquier cosa. Totá , ¿ por qué ha sío esta vez?

Laura.- Po el fútbol , que una es der Betis y la otra der Sevilla, ya ves que tontiá

Celeste.- ¡Hombre! Es que no va a compará a mi Sevilla con er Betis. Mi Sevilla va to de blanco, como la inmaculada Concepción.

Asunción.- Mira quien fue a hablá pues er Betís va vestío con los colores de la bandera de Andalusía, porque es quien mejor la representa.

Laura.- ¡Basta, basta! A ver si vais a empesar otra ves, que sois como la der pelo de mi pueblo, que to los años regañaba con er marío por un pelo que había caío en la sopa y al año siguiente hasían las pases y cuando salía la conversación, empesaban siempre con lo mismo: Cariño ties que reconocer que er pelo era tuyo y él, no mi vía era tuyo porque era más largo que los míos y así se ensarsaban de nuevo, volvían a regañar, se volvían a separar y así hasta el año siguiente.

Asunción y Celeste.- Pues vaya pareja.

Laura.- Aplicaros er cuento.

Candelas.- Bueno me vais a comprar algo, o sólo vais a discutir.

Laura.- Es verdá Candela, a mí dame el Mundo.

Asunción.- Pues a mí El País.

Celeste.- Pues yo ni uno ni otro, dame la revista Semana.

Candelas.- Toma Laura, tu Mundo, el País para Asunción y tú Celeste toma la revista Semana, que creo que viene un patrón para haser una chaqueta de lana que es un primor.

Todas.- Con Dios Candelas, que nos vamos a comer.

Candelas.- ¡Vayan ustedes con Dios! Y fúmense la pipa de la paz, que por hoy ya han peleao el primer Round.

Candelas.- ¡Hasta más ver! ¡Qué tres hermanas. Ven ustés, así se me pasa toa la mañana, con los chascarrillos de unas, los cotilleos de otra y las peleas de éstas y ya ven las dos menos cuarto, ya estoy a punto de serrar y terminar la jorná de la mañana y se ma pasao en un santiamén. ¡Ah! Pues toavía me falta una. Esta es la más tardona, casi siempre llega cuando voy a serrar el kiosco y le temo, porque además de que me cuenta toas sus penas tie un chiquillo que es un diablo, así que le temo. Ya puedo guardar tos los cachivaches dentro del kiosco porque si no, no me queda uno sano. Mira por allí viene. Ya desía yo que no podía faltar.

Esperanza.- ¡Niño! ¡Quieres dejar de perseguir a las palomas!¿Qué diantre de niño!¡Niño no te metas en la fuente! ¿Quieres venir aquí? Niño no hagas burla al monisipal .¿Pero tu has visto Candelas? No hay quien haga carrera de él.

Candelas.- No es por na, Esperancita, pero tu niño está desbocao, está farto de un buen asotillo que le ponga firme y que le haga ver quien manda, porque te tiene cogío el pan debajo er sobaco.

Esperanza.- ¡Hombre Candelas! Eso es un martrato y yo no voy a martratá a mi niño. Es un poco revoltoso pero no es mala gente. Mi marío dise como tú que le dé un asotillo de vez en cuando, pero eso lo dise porque es un poco bestia como tú. A mi niño se le gana mejor por las buenas.

Candelas.- Sí, sí, ya lo veo que te lo tienes ganao.

Esperanza.- ¿Qué no? ¡Ahora vas a ver! ¡Luisito mi amor ven con mamita, que mira lo que tiene Candelas para ti, a Drake, el guerrero supersónico, Ven corre.

Niño.- ( Corriendo a todo correr )

Esperanza.- Ya viene, ves como mi niño al final es mu noble. Ya está aquí. Luisito dale un besito a mami y saluda a Candelitas.

Niño.- (Le da un beso fugaz a su madre mientras emite un gruñido) ¡Dame mi Drake supersónico!

Esperanza.- Candelas, ya que Luisito se ha portado ya bien y ya no va a hase más travesuras, dale ese muñeco tan presioso que le he prometio, pero me tienes que prometer que vas a ser más obediente ¡eh! Promételo aquí delante de Candelas.

Niño.- (Nuevo gruñido del niño) Síiiiiii ¡Dame mi Drake!

Esperanza.- ¿Pero nos lo prometes?

Niño.- ¡Que síiii, pesá!

Candelas.- ( Con retintín) ¡Qué rico!

Niño.- (Simulando el ruido de una ametralladora y disparando figuradamente contra todos los viandante, incluidas su madre y Candelas). Ra-ta-ta-ta-ta

Esperanza.- ¿No es una monería? Con que poquito se conforma la criatrura, si lo han dicho hasta los psicólogos, que a los niños se les gana antes por las buenas que por las malas. Tú como no tienes hijos, pues no tienes experiencia, pero ya ves.

Candelas.- Eso es verdá, no tengo ninguna experiencia, pero digo yo que alguna vez se le acabaran los regalos ¿no?

Esperanza.- ¡Ah! Para entonses ya habrá madurao y será todo un hombre de provecho.

Candelas.- Pues mira me has convensío. Yo soy como mi padre, ¡que en paz descanse! Que no le gustaba discutir y cuando alguien le desía ¿de qué está usté tan gordo? Él contestaba ¡de no discutir! ¡Eso no pue ser!, desía el otro, Pues no será contestaba mi padre tan orondo.

Esperanza.- Pues no lo he cogío mu bien Cuentas unos chistes y unos chascarrillos que no hay quien los entienda Candelas.

Candelas.- ¡Pues será así Esperanza! ¡Pues será así!

Esperanza.- ( Corriendo tras el niño de nuevo )¡Niño, no dispares a los patos que te van a echar una multa! ¡ Niño no hagas burla a la gente! ¡Niño que salpicas a ese señor! ¡Qué niño más desobediente!¡Ve aquí ahora mismo!

Candelas.- Y esta es mi vida Señores, un poco monótona y repetitiva, pero simpática y alegre ¿verdad?. Ninguno de los personajes tienen desperdicio. Ya ha llegado la hora de cerrar y no se ha dao mal la mañana, de todo ha habío.

(Van saliendo todos los personajes al escenario mientras suena a lo lejos la canción de la Zarzamora)

D. Anselmo.-Candelas es el alma

Hortensia.- que tiene la grasia española

Mª Luisa.- y rinde Sevilla a sus pies.

Juan.- que tiene entre sus cortesanos

Susana.- a todos nosotros y ...

Esperanza.- y al niño también...

Clarita.- que con este humilde sainete..

Cristóbal.- pretende que lo pasen bien.

Mª Encarnación.- sentados ahí un buen rato

Dolores.- Sin otro problema entre manos...

Todos.- ¡¡¡Que el estricto deber de aplaudir!!!

¡¡¡Que el estricto deber de aplaudir!!!

¡¡¡Que el estricto deber de aplaudir!!!


Fin