lunes, 3 de octubre de 2011

Guión u Obra teatral para niños: El Caserón del Miedo

Teatro Infantil

Teatro para niños

Guiones infantiles, guiones para niños, guiones para alumnos de primaria

Obras teatrales para representar o dramatizar con grupo de niños y alumnos


EL CASERÓN DEL MIEDO

Autor: Ignasi García Barba

ignasigarciab@gmail.com


PERSONAJES

ANA

MARGA

MERCHE

BEA

JAVI

JORGE

MANU

LUIS

SARA




La acción tiene lugar en el vestíbulo de una casona abandonada en estado ruinoso. Está muy oscuro. Hay polvo y telarañas por todas partes. Las paredes, desnudas. Hay muebles esparcidos por aquí y por allá, en bastante mal estado: sillas, mesas, cómodas y objetos diversos que dan al lugar un aspecto tétrico e inquietante. En el centro del escenario, una alfombra vieja y mohosa.

De repente se oye el ruido de una puerta al abrirse. A continuación, murmullos ininteligibles. Después, silencio. La escena se ilumina con luces de linterna procedentes de la izquierda del escenario. A continuación tiene lugar el siguiente diálogo, aún fuera del escenario.



ANA (desde fuera del escenario) - ¿Por dónde vamos?

BEA (desde fuera del escenario, asustada)- Yo me voy

MARGA (desde fuera del escenario)- No lo sé. ¿Tú por dónde quieres ir?

BEA (desde fuera del escenario)- Oye, que os digo que me voy.

ANA (desde fuera del escenario)- Miremos por allí, a ver qué hay.

BEA (desde fuera del escenario, gritando)- ¿¿Es que no me oís?? ¡¡Me quiero ir!!

TODAS (desde fuera del escenario)- ¡¡Chhist!!

MERCHE (desde fuera del escenario) - No hace falta que grites.

BEA (desde fuera del escenario)- Es que no me hacéis caso.

MARGA (desde fuera del escenario)- Echemos un vistazo por allí.



Entran en escena por la izquierda ANA, BEA, MERCHE y MARGA. Detrás de MERCHE, se esconde BEA, que mira asustada hacia todas partes. Todas llevan mochila y una linterna encendida.



MERCHE- Este sitio podrá servir.

ANA- ¿Estás segura?

MERCHE- ¡Es perfecto! Es… grande, hay espacio. Y hay una mesa. Cabemos todas y hasta podremos comer sentadas, mira, ahí hay sillas.

BEA- A mí no me gusta.

MARGA- A mí me gustaría estar más cerca de la puerta.

BEA- Eso, eso, más cerca de la puerta.

ANA- ¿Tenéis miedo?

MARGA- ¿Miedo? ¡Pero qué dices! Lo que pasa es que aquí… no hay ventilación. Y hay mucho polvo.

MERCHE- La verdad es que se nota que hace años que nadie pasa un trapo.

MARGA- ¿Y si hay un incendio? Fijaos en todos estos muebles. Cuanto más cerca estemos de la puerta, mejor.

ANA- Estás muerta de miedo, reconócelo.

MARGA- ¡No es verdad!

ANA- Entonces nos quedaremos aquí.



(Pausa. ANA y MARGA se miran, como retándose)



MARGA- Vale.



MARGA se quita la mochila, la deja en el suelo, la abre y busca algo en su interior.



BEA- Pues yo sí tengo miedo.

ANA- ¡Pues haberlo dicho antes, guapa! Decidimos que vendríamos a pasar aquí la noche, lo decidimos juntas, ¿ya no te acuerdas? ¡Pues ahora te fastidias! Y si no te gusta, lárgate de la pandilla.

MERCHE- No hace falta que le hables así.

ANA- ¡Es que estoy harta! Desde que hemos llegado al bosque no ha dejado de dar la brasa.

MERCHE- Tú no eres quién para decirle que se vaya de la pandilla.

ANA- ¿Pero es que no lo ves? ¡Está cagada de miedo!

MERCHE- Vale, a lo mejor tiene miedo. Pero ha venido, ¿no? Tiene miedo pero aún así está dando la cara, eso sí que es ser valiente. (Mirando a BEA) Ella sabe que si estamos juntas no nos pasará nada, tenemos que confiar las unas en las otras. Ella confía en nosotras y sabe que no le fallaremos, por eso se quedará. (Se acerca a BEA) Te quedarás, ¿verdad?

BEA (después de pensarlo unos instantes)- Sí.



MERCHE le quita la mochila y la deja en el suelo. Después hace lo mismo con su propia mochila. MARGA saca de su mochila un saco de dormir y lo extiende en el suelo. Las otras la imitan.



MARGA- ¿Y ésos? ¿Dónde se habrán metido?

ANA- Es verdad, ya deberían estar aquí.

MERCHE- ¡Cuánta porquería!

MARGA- A lo mejor están en el piso de arriba.

ANA- No vendrán. Ellos mucho bla, bla, bla pero ya veréis cómo al final se rajan, así que a lo mejor no hace falta ni que saquemos los sacos de dormir.

MERCHE- No creo que están en el piso de arriba, oiríamos pasos.

BEA- ¿Tú crees?

ANA (a MERCHE)- ¿Y tú cómo lo sabes?

MERCHE- Pues porque esta casa es muy vieja. El techo es de madera. Y como la madera es vieja, al andar seguro que cruje.

MARGA- ¿Qué tal si vamos a comprobarlo? Que ellos están arriba, digo.

ANA- Si tú quieres…

BEA- ¡Un momento!

MARGA- ¿Qué pasa?

BEA- Creo que he oído algo.

ANA- ¿Dónde?

BEA (señalando el techo)- Ahí.

ANA- ¿Seguro?

MERCHE- Pues vamos a verlo.

MARGA- Seguro que son esos atontaos. Yo voy por ahí. (señala la izquierda)

ANA- Pues yo digo que esos se han rajado y no vienen, pero si queréis vamos a echar un vistazo, yo voy por ahí (señala la derecha) ¿te vienes, Merche?

MERCHE- Vale.

ANA- ¿Y tú, Bea?

BEA- ¿Estás loca? Yo no me muevo de aquí.

ANA- Pues tú verás.



Salen todas por el lado que han escogido, excepto BEA, que se queda sola. Se oye un crujido.



BEA- ¡Esperad, no me dejéis sola! ¡Marga! ¡Margaaa!



Sale corriendo por la izquierda. El escenario vuelve a permanecer casi a oscuras. Pausa. Se oye el ruido muy débil de una puerta al abrirse. Ruido de corriente de aire. A continuación se oyen pasos. De repente se enciende una cerilla. Vemos de forma muy difusa las siluetas de JORGE y MANU - y quizá también su cara- que entran por la izquierda y avanzan con precaución por el escenario. De repente se oye a alguien golpeando tímidamente una puerta. A continuación entra por la izquierda JAVI. Los tres llevan mochilas. MANU es más pequeño que ellos.



JORGE (a JAVI, mosqueado)- ¿Pero tú eres tonto o qué?

JAVI- ¿Qué pasa?

JORGE- ¿Por qué llamas a la puerta?

JAVI- Yo que sé… Por si hay alguien.

JORGE- ¿Quién quieres que haya? ¿Los espíritus de los muertos?

MANU- ¡No digas chorradas!

JORGE- Tú te callas.

MANU- No me da la gana.

JAVI- Se me ha ocurrido que a lo mejor estaban aquí dentro y que si llegábamos así, de repente, a lo mejor se asustaban.

JORGE- ¿Quién?

JAVI- Pues… las chicas.

JORGE- ¡Pero mira que eres plasta! ¡Te digo que ésas no van a venir!

JAVI- Ya, pero, ¿y si han venido?

JORGE- Mira, paso, no quiero discutir contigo. Venga, las linternas.



El escenario se ilumina ligeramente con la luz de sus linternas.



MANU- Pues yo estoy con Javi, a mí no me gustaría que de repente entrara alguien y me diera el susto de mi vida.

JORGE- Yo no me asustaría.

MANU- Ya.

JORGE- ¡Te digo que no me asustaría! Además, seguro que esas pavas se rajan y no aparecen.

JAVI- ¿Y tú cómo lo sabes?

JORGE- Ya verás.

MANU- Pues yo digo que sí van a venir.

JORGE- Tú te callas, piltrafilla.

MANU- ¡Oye!

JAVI- Tío, no le hables así.

JORGE- Es verdad, es un piltrafilla. Pero tiene suerte de que yo soy su hermano, y le voy a enseñar a ser un tío hecho y derecho como yo.

MANU- Pues antes que parecerme a ti, prefiero seguir siendo un piltrafilla.

JORGE- ¡Manu, te estás pasando y te voy a...!

JAVI (interrumpiendo a Jorge y enfocando con su linterna las mochilas de las chicas)- ¡Eh, mirad!



Los tres enfocan las mochilas de las chicas con sus linternas. Pausa.



JAVI- Pues han llegado ellas antes.

MANU (a JORGE)- ¡Toma! ¿Ves como tenía razón?



MANU se echa a reír.



JORGE- ¿Se puede saber qué te hace tanta gracia?

MANU (riendo)- ¿A mi? Nada. ¡Si yo estoy muy serio!

JORGE- A lo mejor no son sus mochilas, Javi.

JAVI- ¿Y de quién van a ser, si no?

JORGE- Pues… (intenta buscar otra explicación pero no la encuentra)

JAVI- Tenemos que reconocerlo, Jorge: han venido y además han llegado antes que nosotros. No lo vamos a tener tan fácil como pensábamos.

MANU - ¿Y ahora qué?

JORGE- Pues nos va a tocar pasar la noche aquí con ellas.

MANU (algo asustado)- ¿En serio?

JAVI- ¡Pues claro! Hasta que una de las dos pandillas se raje y salga por patas.

MANU- Pues ojalá se rajen pronto, porque este sitio no me gusta nada.

JORGE- ¿Tienes miedo?

MANU- ¿Yo? ¡Qué va!

JORGE- Mejor, porque nosotros tampoco tenemos, ¿verdad, Javi?

JAVI- ¿Dónde se habrán metido?

JORGE- Ni idea.

JAVI- A lo mejor están arriba.

MANU- ¿Tú crees?

JAVI- A lo mejor están inspeccionando la casa. Y las casas antiguas siempre se empiezan a inspeccionar por arriba.

MANU- ¿Y tú como lo sabes?

JAVI- Siempre se empieza por el desván, es donde están las cosas más interesantes: baúles con recuerdos, fotos, muebles, trastos…

JORGE- Aquí también hay muebles.

JAVI- Seguro que en el desván hay más cosas. Y más interesantes.

MANU- ¿Y para qué quieres ir allí?

JAVI- Para ver el sitio donde viven los fantasmas de la casa.

JORGE- ¿Fantasmas?

MANU- ¿Qué pasa, Jorge? ¿Tienes miedo? ¡A ver si vas a ser tú el piltrafilla!

JORGE- Cállate, enano.

MANU (burlón, con cantinela)- ¡Jorge tiene miedo, Jorge tiene miedo!

JORGE (amenazador)- Que te doy, ¿eh?

JAVI- ¿Queréis dejar de pelearos? Tenemos que ser respetuosos y estar muy al loro. A los fantasmas no les gusta que la gente se pelee en su casa. Quieren descansar en paz.

JORGE- ¡Vaya chorrada! Yo no creo en fantasmas.

MANU- Pues yo sí.

JORGE- ¿Ah, sí? ¿Y desde cuándo?

MANU- No te importa.

JAVI- Son almas en pena.

JORGE- ¿Qué quieres decir?

JAVI- Que sus almas no pueden descasar en paz por culpa de algo terrible que hicieron cuando estaban vivos. Así que no les metáis más pena en el cuerpo y no os peleéis aquí.

JORGE (burlón)- Ya, pobrecitos. No sigas, Javi, me vas a hacer llorar.

JAVI- Menos cachondeo, que va en serio.



Se oye un crujido de madera en el techo. Silencio.



MANU (asustado)- Ha sonado en el techo.

JAVI- ¿Lo veis? Ya se han mosqueado.

JORGE- Ahí arriba hay alguien.

MANU- ¿Qué hacemos?

JAVI- No lo sé.

MANU- ¿Nos vamos?

JORGE-¡Pero qué dices! Seguramente son las pavas ésas.

JAVI- ¿Y si son los fantasmas?

JORGE- ¿Qué pasa? ¿Tienes miedo?

JAVI- ¡No! Pero un fantasma mosqueado puede ser peligroso.

JORGE- El que no sea un cagao, que me siga.



Inicia una salida por la derecha. Se detiene en el extremo derecho del escenario.



JORGE- ¿Venís o qué?



MANU y JAVI se miran. Finalmente van hacia él y los tres salen por la derecha. Pausa. Se oye un débil aullido, que podría ser provocado por el viento. De repente se ven luces procedentes de la izquierda del escenario. El siguiente diálogo tiene lugar fuera de escena)



BEA (desde fuera del escenario, asustada)- ¿Qué ha sido eso?

MARGA (desde fuera del escenario, nerviosa)- No lo sé.

BEA (desde fuera del escenario, asustada)- ¿Tú también lo has oído?

MARGA (desde fuera del escenario, nerviosa)- Aquí hay alguien.

BEA (desde fuera del escenario, asustada)- ¡Ay, no digas eso!



Se ven luces de linterna procedentes de la derecha del escenario. El siguiente diálogo también tiene lugar fuera de escena:



MANU (desde fuera del escenario, asustado)- Era como… como…

JAVI (desde fuera del escenario, nervioso)- Sí, como una especie de aullido.

MANU (desde fuera del escenario, asustado)- ¿Tú también lo has oído?

JORGE (desde fuera del escenario, nervioso)- ¿De dónde venía?

JAVI (desde fuera del escenario, nervioso)- No lo sé, creo que de ahí, pero no estoy seguro.

JORGE (desde fuera del escenario)- Pues si hay alguien, le encontraremos.



BEA y MARGA entran por la izquierda andando hacia atrás y enfocando sus linternas hacia el lateral izquierdo. JORGE, JAVI y MANU entran por la derecha andando hacia atrás y enfocando sus linternas hacia el lateral derecho. Finalmente sus espaldas chocan, se asustan y gritan. Se les caen las linternas al suelo y las recogen a toda prisa. Finalmente se reconocen.

CHICOS- ¡Vosotras!

CHICAS (al mismo tiempo que los chicos)- ¡Vosotros!

MANU- ¡Ostras, qué susto!

BEA- ¡Ya te digo!

JORGE (chulito)- Eh, eh, nosotros no. Aquí las únicas que se han asustado habéis sido vosotras.



BEA, de puro nerviosismo, empieza a soltarle mamporros a JORGE persiguiéndolo por todo el escenario. JORGE se protege, sin devolverle los golpes.



BEA- ¿Y qué esperabas? ¡Nos habéis dado un susto de muerte! ¡A mí por poco me da un infarto! ¿Es que no sabéis llamar a la puerta antes de entrar?

JAVI- ¿Ves lo que te decía, Jorge? Hay que llamar.

JORGE (esquivando los golpes como puede)- ¿Te quieres estar quieta, niña?

BEA- ¡No me da la gana!

MANU- Oye, deja en paz a mi hermano.

MARGA- ¡Bea, para ya!



BEA, a pesar de que sigue enfadada, deja de golpear a JORGE. Pausa.



BEA (abrazando a MARGA, llorosa)- Estoy muy asustada.

JAVI- Menuda histérica.

MARGA- No te pases. Todos nos hemos asustado.

JAVI- Pero ella se ha puesto como loca.

JORGE- Está cagada de miedo.

MARGA- No es verdad.

BEA- Sí es verdad. Estoy muerta de miedo. (Se echa a llorar) Lo siento, me gustaría ser más valiente. Pero no puedo. (a MARGA) Os estoy dejando en ridículo.

MARGA- No digas eso.

MANU- Yo también tengo miedo.

JORGE- ¿Pero qué dices?

MANU- Es la verdad. A ver si ahora esta pobre va a pensar que es la única.

JAVI- Manu, no tienes por qué ayudarla. Fueron ellas las que se pusieron chulas y nos retaron a pasar aquí la noche. Y encima se reían porque decían que no seríamos capaces.

JORGE- Y no es de nuestra pandilla.

MANU- ¿Y qué? (a BEA) ¿Sabes qué me hacía mi madre cuando era pequeño y me portaba mal?

JORGE- Manu…

MANU- ¿Qué pasa?

JORGE- ¡Que no lo cuentes!

MANU- ¡Lo contaré si me da la gana! (a Bea)- Me encerraba en una habitación oscura. No mucho rato, sólo cinco o diez minutos, pero con eso ya hay de sobra para cogerle miedo a la oscuridad. Una vez mi madre me dejó ahí media hora porque la llamaron por teléfono y se olvidó de mí.

JORGE- ¡Vale ya, Manu!

MANU- ¡No quiero! ¡Tú, cuando hacías algo malo te escondías bajo la cama y no salías hasta que a mamá le pasaba el cabreo!

JAVI- ¿Y tú por qué no te escondías bajo la cama?

JORGE (a Javi, mosqueado- ¡Eso, tú hazle hablar!

JAVI- ¿Qué pasa? ¿No puedo preguntar?

MANU- Él no dejaba que me metiera. Decía que entonces mamá también le vería a él y nos encerraría a los dos en la habitación.

JORGE- Pero esa vez de la media hora fui yo el que te abrió la puerta para que salieras.

MANU- Claro, porque mamá estaba colgada al teléfono en la otra punta del piso y sabías que no te pillaría.

MARGA- Bueno, bueno, no hace falta que os peleéis.

BEA- Gracias por contármelo, Manu.

MANU- De nada.

JAVI- ¿Entonces habéis sido vosotras las que habéis hecho el aullido ése?

MARGA- ¿Nosotras?

JAVI- Sí (Pausa. Se miran) ¿No habéis sido vosotras? (Silencio)

BEA- ¡Ay, madre!

MARGA- Nosotras no hemos hecho nada. Pensábamos que habíais sido vosotros.

MANU- ¡Ay, madre!

JORGE- Pues no, no hemos sido nosotros.



Pausa. Todos se miran inquietos y empiezan a mirar a su alrededor.



MARGA- A lo mejor han sido Ana y Merche.

JORGE- ¿También han venido?

MARGA- Sí. Se han ido por ahí. (Señala la derecha)

JAVI- Pero nosotros veníamos precisamente de allí.

JORGE- Sí, y no hemos visto nada.

MARGA- ¿Habéis subido al piso de arriba?

JORGE- No.

BEA- Pues ellas querían ir al piso de arriba.

JORGE (a Javi)- ¿Lo ves? No eran fantasmas.

MARGA- ¿Fantasmas?

BEA- ¡Ay, madre!

JORGE- Es que Javi ha oído un ruido en el piso de arriba y ha dicho que eran los fantasmas de la casa. Dice que hemos mosqueado a las almas en pena.

MARGA- ¿En serio?

JAVI- Sí. Y puede ser muy peligroso.

MARGA- ¡Venga ya!

JAVI- Sí, sí, tú ríete. Pero todos hemos oído un aullido y ninguno de nosotros lo ha hecho.



Pausa breve



TODOS (menos JAVI)- ¡Ay, madre!

MANU- A lo mejor deberíamos irnos.

BEA- No sería mala idea, yo ya hace rato que lo digo.

JORGE (desde el extremo derecho del escenario)- ¡Os digo que no son fantasmas! ¡Pero si aquí no hay nadie! ¡A ver si os enteráis! ¡Nadie!



Entra MERCHE por el extremo derecho del escenario.



MERCHE- Hola.



JORGE grita, asustado, y se aparta de un salto. JAVI, MANU, MARGA y BEA ríen. Detrás de MERCHE llega ANA.



MERCHE- ¿Qué pasa?

MARGA- Nada, que Jorge estaba diciendo que aquí no había nadie...

BEA- Y de repente apareces tú y.... Es que me parto.

JORGE- Bueno, ya vale con el cachondeíto, ¿no?

MERCHE- Perdona, no quería asustarte.

JORGE- No me has asustado.

ANA (a los chicos)- ¿Cuándo habéis llegado?

JAVI- Hace un rato. ¿Es éste el sitio que habéis escogido para pasar la noche?

ANA (desafiante)- Sí, ¿qué pasa?

JORGE- ¿No hay un sitio mejor?

ANA- Si quieres sube arriba y míralo.

JORGE- Eh, eh, conmigo no te pongas chulita, ¿vale?

ANA- Yo me pongo como me da la gana.

MERCHE- Ana...

ANA (a JORGE)- No tienes narices para subir tú solo, ¿verdad?

MERCHE- Ana, no empieces.

JORGE (a ANA)- ¡Pues claro que tengo!



JORGE va a salir por la derecha pero MERCHE lo detiene.



MERCHE- No pierdas el tiempo, aquello es muy grande, pero las habitaciones son muy pequeñas, no cabríamos todos.

MARGA- ¿Quieres que durmamos todos en el mismo sitio?

MERCHE- No sé... Será más seguro, ¿no?

ANA- ¿En serio pretendes que durmamos con estos idiotas al lado?

MERCHE- Así les controlamos. Imagínate que en mitad de la noche, aprovechando que estamos dormidas, se quieren ir a casa con su mamá porque están muertos de miedo.

JORGE- ¿Pero qué dices?

JAVI- ¿Cómo quieres que nos vayamos? ¡Perderíamos la apuesta!

JORGE- Paso de vosotras, nosotros nos vamos al piso de arriba. (a Manu y Javi) Vamos, chicos.

JAVI- ¿Y sin son ellas las que se largan en mitad de la noche aprovechando que nosotros estamos arriba?

JORGE (pensativo)- Tienes razón. Mejor nos quedamos y así las vigilamos.

ANA (burlona, a Jorge)- Espero que no ronques.

JORGE burlón, a Ana)- Y yo que tú no te tires pedos.

ANA (mosqueada)- ¿Serás...?

MERCHE- ¡Bueno, vale ya! Preparadlo todo deprisa, a ver si se les van a acabar las pilas a las linternas.



(JORGE, MANU y JAVI se quitan las mochilas y las dejan en el suelo. Sacan el saco de dormir y los extienden en el suelo.)



BEA (a Manu)- ¿Y tu padre no hacía nada?

MANU- ¿Cuándo?

BEA- Cuando tu madre te encerraba en la habitación a oscuras.

JORGE (que ha estado pendiente de la conversación) – Mi padre no podía hacer nada porque se había tenido que ir a la guerra con los demás. Por eso mi madre estaba tan nerviosa. Pero cuando la guerra terminó papá volvió a casa y todo volvió a ser como siempre, ¿verdad, Manu?

MANU- Sí.

BEA- Mi padre también fue a la guerra. Le dieron una medalla y todo.

MANU- ¿Ah, sí?

BEA- Sí. Mi madre dice que fue muy valiente y que mató a muchos enemigos.

MANU- ¿Y en qué bando estaba?

BEA- No sé. ¿Eso es importante?

MANU- En las guerras siempre hay dos bandos.

BEA- ¿Cuáles?

MANU- Pues... el de los buenos y el de los malos.

BEA- Mi padre seguro que luchaba en el de los buenos.



Además de los sacos, todos empiezan a sacar otras cosas de las mochilas: cepillo y pasta de dientes, cantimploras, mantas, etc.)



MARGA (a ANA y MERCHE)- ¿Habéis encontrado algo interesante?

MERCHE- Nada. Todo está hecho polvo. Y muy sucio.

ANA- La madera del suelo está medio podrida. Ha habido un momento en que ha crujido tan fuerte que pensábamos que el suelo se iba a hundir.

MERCHE- Pero es muy grande. ¿Alguien sabe qué había sido antes este edificio?

JORGE- Un balneario. Pero lo abandonaron nada más empezar la guerra.

MERCHE- Ahora entiendo por qué hay tantas habitaciones.

JAVI- ¿Habéis subido al desván?

ANA- Sí, y no había nada. Sólo agujeros en el techo. Y entraba mucho frío.

JAVI- ¿Y no habéis gritado en ningún momento?

MERCHE- No. ¿Por qué?

MARGA- Aquí abajo hemos oído como un aullido. ¿No habéis sido vosotras?

ANA- No.

MANU- Son los fantasmas.

MERCHE- ¡No son fantasmas! ¡Los fantasmas no existen!

MANU (más asustado aún)- Pues a lo mejor son zombis.

MERCHE- ¡Estoy harta de vuestras historias de miedo! ¡Todo tiene una explicación lógica!, ¿entendéis? Así que dejad de pensar como críos.

JAVI- Todo el mundo sabe que este sitio está embrujado.

JORGE- Es verdad. Nadie quiere acercarse por aquí cuando hay luna llena. Se oyen gritos y lamentos.

JAVI- Y llantos.

MARGA- Tienen razón, Merche. Y hasta cuando no hay luna llena, pasan cosas raras. Toda la gente que ha estado aquí dentro cuenta cosas que te ponen los pelos de punta.

ANA- ¿Te acuerdas de Andrés, el dueño del restaurante? Pues una vez, buscando setas, se perdió en el bosque, vino a parar aquí y tuvo que quedarse para pasar la noche, porque además llovía mucho. Pues al día siguiente, cuando volvió al pueblo, estaba asustadísimo y decía que se le había aparecido la Muerte.

JAVI. Y esa misma noche le dio un infarto en su casa que por poco lo mata.

MERCHE- Andrés tiene mal el corazón, todo el mundo lo sabe. Además, si es tan peligroso venir aquí... ¿Por qué habéis querido venir aquí a pasar la noche, y precisamente hoy, que es luna llena?

MARGA- Merche, no empieces otra vez.

ANA- Ya lo sabes, Merche, teníamos que demostrar a estos atontaos...

JORGE- ¡Eh, eh!

ANA- ... que no somos unas pánfilas, a ver si así dejan de decir chorradas sobre nosotras y se dan cuenta de que tenemos más narices que ellos.

JORGE- Eso aún está por ver, niña, que la noche es muy larga. (A MERCHE) Y tú no te quejes que la idea de venir a pasar la noche aquí fue vuestra, no nuestra.

MERCHE- ¿De verdad pensáis que estáis demostrando algo con esto?

JORGE, MARGA, ANA y JAVI (al mismo tiempo)- ¡Sí!

MERCHE (a BEA y MANU)- ¿Y vosotros qué? ¿No decís nada?



Durante la conversación anterior BEA y MANU se han metido en sus respectivos sacos y ahora duermen muy cerquita la una del otro.



MARGA- No me lo puedo creer. ¡Se han dormido!

ANA- Con lo asustados que estaban.

JORGE- Oye, que mi hermano no es ningún piltrafilla, ¿eh?

JAVI- ¡Qué morro! ¿Y por qué no se lo dices a la cara?

JORGE- Para que no se lo crea demasiado.

MERCHE- Pues si ellos se han podido dormir, nosotros también. Venga, a los sacos y a dormir.

JORGE- Oye, a nosotros no nos des órdenes.

MERCHE- Pues haced lo que os dé la gana.



MERCHE, ANA i MARGA se meten en los sacos de dormir. JORGE y JAVI se miran, indecisos.



JAVI- ¿Qué hacemos?

JORGE- Pues... meternos en los sacos. Pero porque queremos, no porque ellas nos lo ordenen.



JAVI y JORGE se meten en sus respectivos sacos de dormir. JORGE empieza a buscar algo en su mochila.



JORGE (contrariado)- Vaya.

JAVI- ¿Qué pasa?

JORGE- Me he dejado la manta en casa.

JAVI- ¿Y qué vas a hacer?

JORGE- Fastidiarme. ¿Qué quieres que haga? A ti no te sobrará una, ¿verdad?

JAVI- No.

MARGA- A mí sí me sobra una.

JORGE- ¿En serio?

ANA- Marga, ¿qué haces?

MARGA- Echarle una mano. Yo he traído dos mantas por si hacía mucho frío, pero no hace tanto.

JORGE (orgulloso)- Tranquila, no me hace falta.

MARGA- Vas a tener frío.

JORGE- Da igual.

MARGA- No seas tonto, hombre, cógela.



MARGA le ofrece la manta. JORGE duda. Finalmente la coge.



JORGE- Gracias. (se tapa con la manta) Estooo... que duermas bien, Marga.

MARGA- Igualmente.

ANA- Tengo hambre.

MARGA- ¿No has cenado?

ANA- No.

MARGA- ¿Pero no dijimos que había que cenar en casa, antes de salir?

ANA- Ya, pero entonces no tenía hambre.

MARGA- ¿No traes comida?

ANA- No. Pensaba que tú traerías.

JAVI- Yo tengo galletas.

ANA- ¿Galletas?

JAVI- Sí. Y salchichón. Espera.



JAVI busca en su mochila.



ANA (mientras JAVI busca)- Oye, que no hace falta, en serio, puedo aguantar tranquilamente sin comer hasta...

JAVI (ofreciéndole las galletas)- Toma, son de mantequilla. No encuentro el salchichón.

ANA (cogiéndole rápidamente las galletas de la mano)- Gracias, da igual.



ANA empieza a devorar las galletas con muchas ganas.



JAVI- Buenas noches.

MARGA- Buenas noches. Ana, no apagues tu linterna. Es mejor que dejemos una encendida.

ANA (con la boca llena)- Vale.



JORGE, JAVI y MARGA se acomodan para dormir. ANA sigue comiendo hasta que se terminan las galletas. Entonces se tumba en el suelo, dispuesta a dormir, y justo en ese momento se oyen golpes en la pared de la izquierda. ANA se levanta de un brinco y grita, asustada. Los otros se despiertan sobresaltados preguntando “¿Qué pasa?”, “¿Qué has visto?” o bien se ponen a chillar)



ANA- ¿¿Lo habéis oído?? ¡¡Eran golpes en la pared!!

MERCHE- Tranquilízate.

ANA- ¡¡Sonaban muy fuerte!! ¡¡Como cuando estás muy enfadado!!

JAVI- ¡Bueno, ya vale!



Busca en el interior de su mochila. Saca un vaso y una bolsita y se dirige al centro del escenario.



JAVI- Dejadme sitio.



Los otros obedecen, desconcertados.



JORGE- ¿Qué vas a hacer?

JAVI abre la bolsa y saca pequeños cartones, que va depositando cuidadosamente en el suelo.



JAVI- Haremos una güija. Así sabremos si aquí hay espíritus y si quieren que nos vayamos o dejan que nos quedemos.

JORGE- Estás como una cabra.

BEA -¿Y eso cómo se hace?

JAVI (poniendo el vaso boca abajo en el centro del círculo que ha formado con los cartones)- Es muy sencillo: pones el vaso boca abajo en medio del círculo, pones un dedo encima del vaso y haces preguntas. Si hay un espíritu, moverá el vaso hacia el “sí” o hacia el “no” para responderte. Si le preguntas nombres, aquí están todas las letras. Y si le preguntas números, también están aquí.

MANU- ¿Y funciona?

JAVI- Generalmente sí. Si al espíritu no le importa meterse dentro del vaso, claro.

BEA- ¡Ay, madre!

JAVI- Pero para que funcione todos los que estamos aquí tenemos que poner el dedo así.



Les enseña cómo deben hacerlo. Poco a poco todos, excepto JORGE, van poniendo el dedo sobre el vaso.



MARGA- ¿Tú no, Jorge?

JORGE- ¿Qué dices? ¡Yo paso de estas movidas! No creo en fantasmas.

JAVI- Vale.

JORGE los mira maliciosamente sin que ellos se den cuenta y se esconde tras uno de los muebles que hay por allí, con cara de pillo.



JAVI (al resto)- Es mejor que apaguemos algunas linternas, así saldrá mejor. A los espíritus no les gusta la luz. Así, muy bien. Ahora cerrad los ojos y concentrad la energía de vuestra mente en el vaso. Concentraos... concentraos... (Pausa breve. Con voz solemne:) Si hay aquí algún espíritu, que se manifieste entre nosotros.



De repente JORGE tira un petardo desde su escondite. Todos gritan y chillan, asustados.



JORGE (sale de su escondite retorciéndose de risa)- ¡Qué guay, tío! ¡Qué pasada!



Los otros, al comprender lo sucedido, lo miran tensos. Pausa.



JORGE- Sólo era una broma. ¿No tenéis sentido del humor?



TODOS se lanzan sobre JORGE, enfadados, pero él sale corriendo por la izquierda. Los otros salen tras él persiguiéndolo, con las linternas, insultándolo y amenazándolo. Una vez el escenario ha quedado vacío, se abre una puerta camuflada en la pared, que hasta ese momento había pasado desapercibida. De su interior sale un chico, LUIS, con una vela en la mano. Mira a su alrededor con precaución.

LUIS- Están en el piso de arriba, ya puedes salir.



Sale SARA por la puerta camuflada. Es una chica más pequeña que LUIS. Ambos están sucios y visten de forma andrajosa. Los zapatos, rotos. Incluso pueden ir descalzos. Durante la conversación que sigue, SARA tose ligeramente de vez en cuando.



SARA- ¡Ya era hora!

LUIS- ¿Dónde te habías metido?

SARA- Los quería ver de cerca.

LUIS- ¡Ya sabes que eso es muy peligroso!

SARA- Parecen buena gente.

LUIS- A ti todo el mundo te parece buena gente. Si no fuese por mí vete tú a saber dónde estarías ahora. Te habrían llevado a una prisión o a un campo de concentración. O a lo mejor ya estarías muerta.

SARA- No exageres (tose)

LUIS- ¿Y si te hubiesen visto? Suerte que te he encontrado a tiempo. Y suerte que esta casa está llena de pasadizos secretos, si no nos habrían pillado a los dos. ¿Y sabes lo que nos habrían hecho? ¿O es que no te acuerdas de lo que papá y mamá nos contaron antes de irse?

SARA- No, no me acuerdo. Eres tú quien me lo cuenta, yo era muy pequeña.

LUIS- Yo soy el mayor y tienes que hacer lo que yo diga. “Tú me obedeces...”

SARA- (termina la frase, aburrida) “...y yo te tengo cuando te necesito”. Sí, ya lo sé.

LUIS- Pues demuéstralo. Ya sabes que es muy arriesgado dejar el sótano y salir fuera cuando aquí hay gente.



SARA tose.



LUIS- Te estás resfriando.

SARA- Ya lo sé.

LUIS- Te prepararé una infusión con las hierbas que recogí del bosque.

SARA- Vale.

LUIS- Pero no vuelvas a irte del sótano sin mi permiso.

SARA- Necesitaba salir.

LUIS- ¿Por qué?

SARA- Pues porque ahí abajo hace frío. Y está oscuro y es muy húmedo. A veces subo a mirar por la ventana del desván y veo la...la... ¿cómo se llama eso que brilla tanto en el cielo? No me acuerdo.

LUIS- La Luna.

SARA- ¡Es tan bonita! Y a su lado hay esas luces pequeñitas que parece que le hacen compañía. Las hay por todas partes. Las estrellas. Se llaman así, ¿verdad?

LUIS- Sí.

SARA- “Luna”... “Estrellas”... ¡Qué nombres más bonitos!

LUIS- Bueno, ¿y qué?

SARA- ¿Te imaginas cuántas cosas debe haber ahí fuera que aún no hemos visto? Y todas igual de bonitas. Tú has visto más que yo porque eres quien sale a buscar comida en el bosque. Pero como a mí no me dejas salir...

LUIS- Ahí fuera hay una guerra.

SARA- ¿Por qué no puedo salir?

LUIS- ¡Es peligroso! Ya te he dicho que ahí fuera hay una guerra.

SARA- ¿Y tú cómo lo sabes?

LUIS- Cuando papá y mamá nos escondieron aquí nos dijeron que hasta que ellos no volvieran habría guerra. Y aún no han vuelto.

SARA- Yo de eso no me acuerdo.

LUIS- Porque eras muy pequeña.



Pausa.



SARA- A lo mejor no vuelven nunca más.

LUIS- Eso no lo digas ni en broma.

SARA- Es verdad. ¿Y si les ha pasado algo?

LUIS- ¡No les ha pasado nada!

SARA- ¿Y si los cogieron y los metieron en la prisión? ¿Y si están muy lejos de aquí y no pueden volver o no se acuerdan del camino?

LUIS- ¡Dijeron que volverían!

SARA- Luis...

LUIS-¿Qué?

SARA- ¿Y si se han muerto?

LUIS- ¡¡No!! ¡No puede ser! ¡No se pueden morir! Nos dijeron que volverían. Volverán, ya verás. Y nos iremos todos juntos a una casa muy bonita, en la ciudad. Y podremos salir de día a respirar aire fresco y saludaremos a la gente. Porque entonces la guerra ya se habrá terminado, Sara. ¡Se habrá terminado!

SARA- ¿Seguro?

LUIS- ¡Sí!



Pausa. Se miran.



SARA (resignada)- Pues nos quedaremos a esperarlos. (Suspira) Bueno, ¿y qué hacemos ahora? ¿Les asustamos con las máscaras, como siempre?

LUIS- Sí.

SARA- Vale.

LUIS- Gracias, Sara.

SARA- No, gracias a ti por cuidarme.



Se abrazan y a continuación se ponen unas máscaras monstruosas que llevaban escondidas bajo la ropa.



LUIS- Por aquí los encontraremos antes.



Salen por la derecha. El escenario permanece en la penumbra. Llegan por la izquierda ANA, MARGA, MERCHE, BEA, JAVI, JORGE y MANU. JORGE está muy despeinado y con la ropa revuelta.



JORGE- Os habéis pasado, me habéis crujido a collejas.

MERCHE- ¡Como vuelvas a darnos un susto así te va a doler hasta el ombligo!

JAVI- ¿Seguimos con la güija?

ANA- Yo paso, ya me han dado suficientes sustos por hoy.



De repente se oye el ruido distorsionado de las cuerdas de un piano. Todos gritan, asustados.



BEA- ¿Qué ha sido eso?

JORGE- ¡Viene de arriba!

JAVI (señala la derecha del escenario)- ¡Ahí! ¡Veo una sombra!

JORGE- ¡Vamos! ¡Todos juntos! ¡No os separéis!



De repente entra LUIS por la derecha con su máscara puesta y SARA entra por la izquierda, también con su máscara puesta. Ambos llevan disfraces que les dan aspecto de espíritus monstruosos y aúllan. Los demás se asustan y se disponen a huir, despavoridos, tanto por la izquierda como por la derecha del escenario. De repente SARA empieza a toser. MERCHE, que era la última que se disponía a huir, se da cuenta y se detiene. A SARA le da un ataque de tos.



MERCHE (extrañada)- ¡Chicos, volved, aquí pasa algo raro!



SARA se quita la máscara para poder respirar mejor. LUIS, intentando proteger a su hermana, se lanza contra MERCHE aullando para asustarla. MERCHE se llena de valor y le quita la máscara justo cuando el resto vuelve al escenario. LUIS se queda desconcertado.



MERCHE- ¡Son máscaras!

MARGA- ¡Es verdad, son máscaras!



SARA y LUIS, viéndose descubiertos, intentan huir. Los otros los retienen y los inmovilizan.



JAVI- Entonces... erais vosotros.

MANU- Ya ves, éstos eran tus fantasmas.

ANA- ¿Quiénes sois?



LUIS y SARA no responden.



JORGE- ¿Qué hacéis aquí?



LUIS y SARA no responden.



MARGA- ¿Por qué nos querías asustar?



LUIS y SARA no responden.



BEA- ¿Sabéis lo que habéis hecho a la gente que habéis asustado? ¿Lo sabéis?



LUIS y SARA no responden.



JORGE- ¿Por qué lo hacéis? ¡Nosotros no os hemos hecho nada! (Amenazándolos) ¡Decid algo que os arreo! ¿Eh?

MERCHE- Déjalos en paz. Ahora son ellos los que están asustados. (Se acerca a LUIS) ¿Cómo te llamas? (LUIS no responde) Ya veo que no quieres hablar. (Se acerca a SARA) ¿Y tú? ¿Cómo te llamas?

SARA (algo temerosa)- Sara.

LUIS- ¡No les digas nada!

SARA- Ya estoy harta, Luis. Quiero que todo esto se acabe.

MERCHE- Así que tú te llamas Luis.

LUIS- Sí.

JAVI- Y no sois fantasmas.

SARA- No.

LUIS- Nos llevaréis a la prisión, ¿verdad?

JORGE- ¿A la prisión?

ANA- ¿Por qué os tendríamos que llevar a la prisión?

SARA- ¿Lo ves? Son buena gente.

LUIS- Entonces nos matarán.

SARA (asustada)- ¿Es verdad eso? ¿Nos vais a matar?

MERCHE- ¡Pero qué dices! ¡Para nada!

LUIS- Es lo que se hace en la guerra.

MARGA- ¿Qué guerra?

LUIS- ¡Esta guerra, la que hay ahí fuera! Nuestros padres nos escondieron aquí cuando éramos pequeños y se fueron diciéndonos que no nos moviésemos de aquí hasta que volvieran. Entonces había una guerra. Yo aún era un crío, sólo tenía 8 años, pero me acuerdo de las explosiones, del fuego, de los gritos...



Los otros se miran entre ellos, comprendiendo lo sucedido, desconcertados.



MERCHE- Qué fuerte, aún no se han enterado.

SARA- ¿Qué vais a hacer con nosotros?

MERCHE- Nada.

LUIS- Pero... papá y mamá nos dijeron que si nos cogían nos harían mucho daño.

MARGA- No os haremos daño. (Al resto) ¿A que no?

TODOS- No.

MERCHE- Veréis... Es que... esa guerra se acabó.

LUIS- ¿Qué?

MANU- Se acabó hace mucho tiempo.

BEA- Es verdad, mi padre fue. Y cuando volvió le dieron una medalla.

LUIS- ¿Se ha terminado?

SARA- ¿De verdad?

MERCHE- Ya no hay explosiones, ni fuego, ni gritos. Ya no hay nada de eso.

LUIS- ¿Y hace mucho?

ANA- Bastante.



Pausa. LUIS y SARA digieren la noticia. Finalmente se echan a reír y después a llorar repitiendo “se ha terminado”. SARA, de vez en cuando, también dice “lo sabía”. LUIS y SARA se acaban abrazando y después abrazan a los otros, que también les pueden acompañar en su risa y en su llanto.



LUIS- Pero... ¿y nuestros padres?

MERCHE- Vendréis con nosotros y os ayudaremos a encontrarlos. (A los demás) ¿Verdad que sí?

TODOS- “Sí”, “Claro”, “Ya lo creo”...

MARGA- Habéis estado viviendo con mucho miedo encima.

ANA- Casi como animales.

MANU- Os llevaremos con nosotros.

SARA- Seguro que tenemos un aspecto horrible, ¿verdad?

LUIS- Seguro que sí.



Pausa. Los demás se miran entre ellos y van hacia sus mochilas. Sacan peines, clips para el pelo, colonia, calzado y jerseys. Los peinan, los perfuman y los visten adecuadamente. LUIS y SARA se dejan hacer entre sorprendidos, tímidos y alegres. Cuando terminan de arreglarlos, lo guardan todo en las mochilas y se las ponen a la espalda.



MERCHE- Está amaneciendo, ya podemos irnos.



Todos acompañan a LUIS y SARA hasta el extremo izquierdo del escenario, donde se supone que está la puerta de salida de la casa.



LUIS- Un momento.

MARGA- ¿Qué pasa?

LUIS- Ahora me da miedo salir.

JAVI- ¿Por qué?

LUIS- No sé si lo encontraré todo tan bonito como me he imaginado que sería.

JORGE- Mira, tronco, ahí fuera las cosas no son perfectas, todos tenemos muchos defectos, es verdad, pero aún así mola.

BEA- Sí, la vida es bonita.

ANA- Así que tú tranquilo.

MERCHE- Y estaremos con vosotros. No os vamos a dejar tirados.



Todos miran a LUIS, pendientes de su reacción. SARA, más segura que él, le ofrece la mano. LUIS duda, finalmente le coge la mano y salen juntos de escena. Todos salen con ellos, excepto JAVI y MERCHE.



MERCHE- ¿Lo ves, Javi? Todo tiene una explicación lógica. No existen los fantasmas.

JAVI- ¿Y qué me dices de ese ruido como de cuerdas de un piano que hemos oído?

MERCHE- Lo habrán hecho Luis y Sara para asustarnos.

JAVI- Sí. Seguramente.



Ambos salen por la izquierda. Se oye el chirrido de la puerta de salida, que se cierra. Silencio. Al cabo de unos instantes, se oye el ruido distorsionado de las cuerdas de un piano.



OSCURO

Guión u Obra teatral para niños: Los animales del paraíso

Teatro Infantil

Teatro para niños

Guiones infantiles, guiones para niños, guiones para alumnos de primaria

Obras teatrales para representar o dramatizar con grupo de niños y alumnos


LOS ANIMALES DEL PARAÍSO

Autor: José Luis Marqués Lledó

Acto I

Escena I

Al abrirse el telón aparece un personaje (Narrador I) , que parece estar leyendo un libro (una Biblia). Pasa las hojas hacia delante y hacia detrás con gran nerviosismo, como si buscara algo en concreto. Como no lo encuentra se dirige al público con cara de contrariedad:

Narrador I: - Por más que lo busco no lo encuentro y con esta Biblia, me he leído unas 80, de distintas versiones, confesiones, editoriales, e idiomas y en ninguna cuentan lo que les pasó a los animalitos, después de que el hombre fuera expulsado del paraíso. (Haciendo una pregunta retórica) - ¿Ustedes lo saben? No, claro, naturalmente que no lo saben ¿Cómo lo habrían de saber?

El hombre fue castigado con la expulsión, por el pecado que todos arrastramos, y condenado a ganarse el pan con el sudor de su frente, pero naturalmente, los animales nada habían hecho ¿Por qué no aparece en este libro?

Narrador II: (Saliendo al escenario con otra Biblia en la mano) - Yo sí lo sé.

Narrador I: -¿Quién eres tú y qué es lo que sabes?

Narrador II: (Presumiendo) - Yo soy el verdadero narrador de esta historia y sé perfectamente lo que les pasó a todos los animales del paraíso.

Narrador I: - Imposible, tú eres un impostor. Yo soy el verdadero narrador. Yo he dado tres veces la vuelta al Mundo, me he recorrido 300 iglesias, 80 catedrales 60 basílicas y 2000 bibliotecas y no he encontrado ni una sola referencia a esa historia.

Narrador II: -Porque tú eres solo un humilde Cuentacuentos, llana y simplemente, no eres investigador como yo. -(Con aires de superioridad) – No sabes investigar.

Narrador I: -¡Mequetrefe, presumido! ¿Qué has hecho tú, que no haya hecho yo? ¡Eh! ¡Dinos!

Narrador II: -Lo principal es ir a la fuente de la información, como he ido yo, ir a los lugares donde reside esta historia, pasada de padres a hijos, desde el origen del Mundo. -Anda chúpate esa!

Narrador I: - ¿Adónde has ido tú si puede saberse? (Intentando ridiculizarle)

Narrador II: - Pues mientras tú visitabas iglesias, basílicas, catedrales y bibliotecas y te leías no sé cuantas Biblias, yo visitaba los 5 océanos de la Tierra , 800 mares, 200 selvas, 1256 bosques y 30000 granjas ¿Qué pasa tío? (Con chulería)

Narrador I: - Está bien y ¿has encontrado la explicación? ¿Te han contado lo que sucedió de verdad? ¡Cuéntanoslo de una vez!

Narrador II: - ¿Cómo dices? ¿Qué os la cuente? ¡Así por el morro! Con el trabajo que me ha costado a mí localizarla, os la voy a contar sin más. ¡De eso nada! ¿Dónde están los derechos de autor? ¿Quién me paga mi copyright? ¿Tú? - (Volviéndose de espaldas).

Narrador I: - Venga, no te hagas de rogar, que sabemos perfectamente que te encanta chupar cámara.

Narrador II: - ¡Qué no! ¡Qué te digo que no! Éste es mi secreto y no lo compartiré con nadie. (Gritando)

Narrador I: - ¡Anda monín, comparte tus descubrimientos científicos con nosotros! Te daré mil rupias.

Narrador II: -¡Bah! Por mil rupias ni abro el libro.

Narrador I: -¡Pero qué interesado eres! Dos mil rupias.

Narrador II: -¡Cuatro mil!

Narrador I: -¡Tres mil!

Narrador II: -¡Tres mil quinientas!

Narrador I: -¡Hecho!

Narrador II: -¡Vale! Pero pongo una condición.

Narrador I: ¿Qué condición?

Narrador II: que tú te largues de aquí. Yo tengo que ser el único narrador de esta historia.- (Dándole la espalda y poniendo cara interesante)

Narrador I: -Ya sabía yo que lo que querías era liquidarme, porque eres un presuntuoso. Está bien, yo me marcho y te dejo como único narrador, pero como al final descubra que nos has engañado y que tu narración, no tiene ni pies ni cabeza, te echaré del escenario a patadas. Me voy al patio de butacas y me convertiré en un espectador más, pero te estaré vigilando. -(El Narrador I, baja al lugar que ocupen los espectadores con cara de pocos amigos, gesticulando contra el narrador II)

Narrador II: (Dirigiéndose al público) - Ya era hora. No os aflijáis, amigos míos, era un narrador mediocre, sin personalidad, no tenía categoría para contar esta historia, sin embargo yo… (Presumiendo exageradamente) – Yo soy el más grande, el magnífico, el admirado súper narrador.

Narrador I: (Dando un grito desde el patio de butacas) - ¡Vamos al grano y empieza de una vez!

Narrador II: (Carraspeando) – Bueno, ejem, comencemos. (Abriendo su libro) -Cuando Dios echó a la primera pareja humana del paraíso, puso dos Ángeles en la puerta con sendas espadas llameantes. Naturalmente cada día cambiaban de Ángeles porque tenían que ir al hospital del Paraíso a curarse las quemaduras, pero como tenían muchos Ángeles, pues apenas se notaba…Ocurrió que como los animalitos no habían pecado, pues no fueron expulsados -(Se oscurece el escenario, desaparece Narrador II y comienza la segunda escena).

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Escena II

El Buen Dios: (Voz en Off) Se Reúnen en la explanada del paraíso a todos los animales) - Queridos animalitos, ¿vosotros sabéis por qué he expulsado a esa pareja de humanos que convivían con vosotros? Pues los he expulsado por ignorantes, por lelos y por dejarse tentar. Les prohibí comer del árbol que está en medio de esta explanada ¿Lo veis? - (Señalando a un único árbol que se divisa en esa zona del Paraíso y que se verá con claridad en el decorado)

Todos los animales: - ¡Siii!

El Buen Dios: - ¿Vosotros veis que tenga algo de especial?

Todos los animales: -¡Nooo!

El Buen Dios: - Naturalmente que no, es un árbol como otro cualquiera, que tiene frutas, claro. Ciertamente, unas están bien y otras están mal. Pues ellos entendieron que era el árbol de la ciencia del bien y del mal. Además de tontos, sordos. Se llenaron de avaricia y se pusieron como el kiko a comer manzanas de ese árbol precisamente, cuando las podían haber cogido de los diez mil cuatrocientos manzanos que existen en el paraíso. Naturalmente coger las manzanas de ese árbol, lo tenían prohibido; un simple capricho, pero lo tenían prohibido para que me demostraran su fidelidad y su obediencia. Pues, ¡Hala!, los tuve que largar. Así que ahora os quedaréis vosotros solos disfrutando de estas maravillas.

El cocodrilo: - ¿Y a nosotros no nos pondrás ninguna condición? -(Con voz de lelo)

El Buen Dios: (Con voz de ultratumba o produciendo el Efecto ECO)) - Sí, naturalmente, es mi obligación. Tengo que poneros una condición, pero será muy sencillita. Aquí tenéis todo tipo de plantas, salvajes y amistosas. De todas podéis comer. ¡Hombre, comer un poquito más de las salvajes naturalmente, las otras son amistosas y estaría muy mal que os las comieseis! Les jugaríais una mala pasada. ¡No sería muy ético! Pero bueno, eso lo decidís vosotros. Lo único que no podéis hacer jamás, (pausa) es comeros los unos a los otros. - (Si es posible se debe hacer sonar un trueno)

Todos los animales: (Protestando): - ¡Qué horror! ¡Qué asco! ¡Comerme yo a éste! Con lo soso que es. Jamás, jamás. Me darían arcadas.

El Buen Dios: (Con voz lúgubre) - ¡Está bien! ¡Está bien! ¡Así me gusta que os tengáis respeto! – Bueno, sólo me queda deciros que si alguno de vosotros incumple esta norma, seguirá los mismos pasos de los humanos. Será echado del paraíso. ¿Habéis comprendido?

El León: (Erigiéndose en portavoz) -¡Naturalmente, no somos tontos! - (Dándoselas de listo y mirando a todos)

La cebra: (Cuchicheándole a la Jirafa ): - ¡Éste se las da de Rey! Se le nota en la melena y me da la mosca en la oreja que no me voy a llevar muy bien con él.

Jirafa: - Yo tampoco, no me gustan los engreídos que van por la vida con el cuello estirado. Se lo tiene muy creído.

El Buen Dios: -¡Bien, se levanta la sesión!



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Escena III

(Se oscurece el escenario y comienza la Tercera escena. En ella se encuentran en una rotonda: la pantera, el cocodrilo, el elefante y el oso hormiguero)

La Pantera : - ¡Hay que ver cómo se ha puesto el paraíso! ¡No hay quien dé un paso!

El elefante:- ¡Claro! Como nacemos y no morimos, pues crecemos y crecemos, en número quiero decir- (mirando al oso hormiguero)- y el paraíso está ya saturado. Ya no hay sitio donde aparcar nuestro cuerpo.

El cocodrilo: -¡Vaya! Ni en doble fila

La Pantera :- ¡Ni en triple!

Oso hormiguero: -¿Y el baño? ¿Cómo se ha puesto el baño? Esta mañana de domingo, me he ido con la familia a pasar el día al río Tigris y me he tenido que volver. No se veía ni el agua.

Cocodrilo: -¿Qué me vas a contar? Yo que vivía tan feliz, tan a gusto dentro del agua de los ríos; lo mismo me iba al Tigris que al Eúfrates y disfrutaba chapoteando en el agua con mi mujer y mis hijos y ahora tenemos que vivir en los árboles.

Elefante: - ¡Ah! Pues da gracias, porque yo me he tenido que ir a una ciénaga llena de bichitos, que no nos hacen nada por lo que dijo el Buen Dios, pero son muy molestos. Los mosquitos trompeteros, se pasan la noche tocando la trompeta y como no pueden picar a nadie, pues lo hacen con más mala… ¡Ya me entendéis!

(Aparece la serpiente)

Serpiente: (Silbando en las palabras acabadas en el fonema S) -¡Hola colegas! ¿Estáis confabulando contra el Buen Dios, eh? ¡Qué os he pillao!

Oso hormiguero: - ¡Nosotros! Eso, tú que eres una tentadora. Márchate de aquí, que no queremos nada contigo.

Serpiente: (Silbando en las palabras acabadas en el fonema S) -Pues peor para vosotros, yo tengo la solución a todos vuestros problemas

Cocodrilo: - ¡Cuidado hermanos, que ésta ya nos está tentando!

Serpiente: (Silbando en las palabras acabadas en el fonema S) -¡No! Yo no os tiento, pero sólo pensar en lo felices que éramos al principio cuando sólo había unos pocos animales en el paraíso. Yo sólo os digo que si la población disminuyera a la cuarta parte y el índice de natalidad bajara dos puntos y el de mortalidad, aumentara seis, pues el crecimiento vegetativo no cabe la menor duda que se reduciría drásticamente ¿Me habéis entendido?

Todos (Mirando con la boca abierta): - Nooo

Serpiente (Reptando hacia el interior del paraíso): - No se puede tratar con ignorantes.

Pantera: - La verdad es que al principio, cuando estábamos poquitos, ¡qué tranquilos estábamos!

Elefante (Con nostalgia) -Yo podía caminar por cualquier sitio, sin tropezarme con nadie y no como ahora que debo tener mucho cuidado para no pisar a algún diminuto animalito, y para mí, todos son diminutos, ya que como yo soy el más grande, a todos los veo como enanitos y además soy un poco miope, ¡claro! - pues desde esta altura a algunos ni los veo, y si los piso y los mato aunque sea sin querer, pues ¡Hala! ¡A freír espárragos! ¡Tarjeta roja y expulsión!

Cocodrilo: - Y yo que podía retozar en cualquier río, sin pedir permiso para bañarme, que esto se parece cada día más a Torrevieja.

Oso hormiguero: - ¿Y qué podemos hacer? No se me ocurre nada.

Narrador II (Aparece fugazmente y se dirige al público) - El aguijón de la tentación ya les había picado. La serpiente había logrado su objetivo. - (Con voz misteriosa)

Pantera: - ¡Hombre! A mi se me ocurre que si nos comiésemos a…

Elefante: -¡Ni se te ocurra! ¿No recuerdas la advertencia del Buen Dios?

Pantera: -Pero si lo hacemos con sigilo en lo más intrincado del paraíso.(pensando) -Por ejemplo: Hoy un animalito que me como yo, (pausa) - mañana otro que te comes tú, (nueva pausa), - al otro día otro que se come éste. Pues ¿Quién lo va a saber? No dejamos ni los huesos. Nos lo zampamos y listo.

Oso hormiguero: (retirándose poco a poco) - ¡Qué crueles sois! ¿No tenéis compasión de vuestros colegas?

Todos (Terminando la escena y persiguiendo amenazadoramente al oso)) – Nooo

(Se oscurece el escenario antes de comenzar la cuarta escena)





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Escena IV

Narrador II: - Poco a poco la serpiente fue visitando todos los rincones del Paraíso terrenal. En esta ocasión visitó el rincón de los insectos, fue reptando sigilosamente por un árbol muy viejo que tenía más de cien años - (En el paraíso el tiempo pasaba muy deprisa -), y se dispuso a escuchar la conversación de la araña, la mosca, la mariposa y una mariquita que andaba por allí como si tal cosa, queriendo hacer amigas. En ese momento hablaba la mosca.

La Mosca : - Nosotras no nos merecemos esta vida, chupando la savia de los árboles. ¡Qué comida más sosa!- (poniendo voz ridícula) -Por la mañana savia bruta, por la tarde savia elaborada. ¡Qué aburrimiento! Con lo buena que debe estar la sangre de, por ejemplo, una cebra, un elefante. ¡Se me hace la boca agua!

La Mariposa : - Te pasas la vida protestando, con lo vaga que eres ¿Qué haces tú en la vida para merecer más? Da gracias que el Buen Dios, te deja vivir aquí sin dar un palo al agua y sin pagar alquiler, ¡no te digo!

La Mosca : - ¡Pues mira quién fue a hablar! ¿Qué haces tú de provecho? Todo el día picoteando de flor en flor. Cuando tu vas, yo vengo de allí, cuando yo voy, tú todavía estás aquí. - (Canturreando la canción de Chenoa)

La Mariquita : - ¿A qué me suena eso? (Tararea también la canción de Chenoa) – laralará laralaralá, laralará, laralaralalá

La Mariposa : - Yo por lo menos doy colorido y belleza al paraíso, pero anda que tú.

La araña: - Yo también he pensado mucho en eso. He pensado en ti - (Dirigiéndose a la mosca con voz misteriosa y zalamera) - Me causa mucho placer cuando una mosca, un mosquito o cualquier otro bichito cae en mi tela, pero luego siento una gran pena cuando os tengo que soltar (Con voz compungida). Me tengo que conformar con comerme los restos de hojitas, ramitas y todas los “itas” del paraíso. ¡No me gusta nada esa comida! ¡Qué porquería! - (Poniendo cara de asco)

La Mosca : - Oye guapa ¿Por qué me tienes que coger a mí o a mis hermanas? Aunque nos sueltes después. ¿Es qué no te das cuenta que lo pasamos muy mal cuando nos convulsionamos en esa tela tuya, pegajosa que parece una ratonera? ¿Por qué no te dedicas a otra cosa y no a fabricar asquerosidades? ¡No te digo!

Araña: - Cada una fabrica lo que sabe, peor eres tú que no fabricas nada, ¡No te fasti!

La Mariquita : (Poniendo paz) - ¡Bueno! ¡Bueno! No regañéis, al fin y al cabo, aquí no se vive tan mal ¿no? Tenemos vida eterna, saciamos el hambre y la sed. Debemos dar gracias al Buen Dios.

La Serpiente : (Bajando del árbol) - ¡Gracias al Buen Dios! - ¡Gracias al Buen Dios! - ¿Qué ha hecho Él, por todos vosotros, os ha abandonado a vuestra propia suerte. ¡No hagáis esto! ¡No hagáis lo otro! Y ahí os quedáis, arreglárosla como podáis, comiendo y bebiendo lo contrario de lo que os pide vuestro cuerpo, como vosotras mismas reconocéis. Y no por un día ni por dos, sino por toda una eternidad. - (Todos los animalitos asienten con sus gestos mientras que la serpiente se dirige a la araña) - ¿Cuántos años tienes tú Arañita?

La Araña : - ¡Uf! No lo sé, Cuatrocientos o quinientos años. Aquí como no nos regalan calendarios por Navidad, pues no sabemos ni en el año en que vivimos.

La Serpiente : - Yo sí, porque cambio de camisa dos veces al año. Llevo 1200 camisas, así que tenemos todos 600 años.

La Mosca : - ¡Caray! Si hasta sabe dividir

La Serpiente : - Ya sabéis que yo fui creada por el Buen Dios, como el animal más inteligente, sutil y misterioso de todos, por eso tengo una visión más amplia de las cosas.

La Mosca : - ¡No te tires pegotes! Yo sí que tengo una visión amplia. Yo tengo cientos de ojos, yo tengo unos ojos múltiples que ya, ya. Para sí los quisieran muchos y muchas (Mirando a la serpiente)

La Serpiente : - Tus ojos múltiples como tu los llamas, ven todo lo material, los cuerpos, los objetos, las cosas, sin embargo, los míos - (Cambiando la voz y poniendo mucho misterio e ella) -ven los pensamientos, las intenciones, la bondad o la maldad de cada uno de vosotros. Y yo os digo que todos los animales del paraíso estáis quejosos. Unos por las aglomeraciones, otros por la comida y otros por aburrimiento, pero todos os pasáis la eternidad protestando.

La Mariposa : - Bueno ¿Y tú que nos propones? No será lo que me estoy imaginando.

La Serpiente : - Pues sí. Es lo que te estás imaginando. Si cada uno de nosotros se guiara por su instinto, las cosas mejorarían. Por ejemplo tú, araña, serías feliz comiéndote a las victimas que caen en tu telita, y de paso harías un favor al elefante que no puede soportar a las moscas y a los mosquitos. - (La mosca se retira del círculo)

La Araña : -(Mirando a la mosca y haciéndosele la boca agua)

La Mosca : -A mí no me mires. ¡Vaya una cosa que le has ido a decir a esta chupona!

La Serpiente : -También te lo digo a ti. ¿No te relamerías con la sangre de la pantera, por ejemplo? o ¿con la de la cebra o la de la jirafa?

La Mosca : -Hombre, pues ahora que lo dices, no estaría nada mal.

Poco a poco, los insectos se van separando entre sí desconfiando los unos de los otros

Narrador II: (aparece fugazmente) – Y así poco a poco, la serpiente, fue engatusando a todos los animalitos del Paraíso.

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Se oscurece el escenario antes de comenzar la quinta escena)


Escena V

La pantera: (vigilando desde un árbol el movimiento de los animales del paraíso) - ¿Por qué tendré yo hoy unas ganas locas de comerme a alguien? Ya sé que está prohibido y que me juego la eternidad, pero hoy especialmente tengo unas ganas…

- Desde que hablamos con la serpiente, cada día noto una atracción especial hacia cualquier animal de los que pasan por aquí. Por ejemplo, aquella cebra, ¡qué buena debe estar! Se me hace la boca agua.

La Cebra : (Amistosamente) - ¡Hola señora pantera! ¡Qué buen día hace hoy para pasear! ¿Verdad? - No sé como se puede pasar usted todo el tiempo dormitando en ese árbol con el día que hace hoy, pero… ¿Por qué me mira de ese modo? Le brillan los ojos de una manera muy especial, ¿está usted enferma?

La Pantera : - No, pero lleva usted razón me brillan de felicidad. En el paraíso debemos estar todos muy felices. ¿Por qué no se pasa por la tarde por mi casa y charlamos un rato?

La Cebra : - Por mí no hay inconveniente, también me gusta charlar con las vecinas y cotillear un poco de los esperpentos que se ven por ahí. - ¿Se ha fijado en los horrorosos lunares que me lleva doña jirafa últimamente?

La Pantera : - De eso, de eso quería hablarle precisamente. ¿Quedamos a las cuatro?

La cebra: - Pero a esa hora todos estamos durmiendo “el letargo”, es muy temprano. ¡A esa hora no habrá ni un alma por el paraíso!

La pantera: (relamiéndose) - Por eso precisamente, así estaremos solas y nadie nos molestará querida.

La Cebra : - Bueno, como usted quiera, a esa hora estaré en su parcela; yo suelo ser muy puntual y sobre todo cuando se trata de oír un nuevo cotilleo. Hasta luego entonces. (Se despide la cebra sin saber lo que la espera)

La Pantera : - ¡Hasta luego! ¡No me falle!

La Cebra : -Descuide, no la fallaré.

La Pantera : (saboreando ya su futuro bocado) - No puedo más, aunque el Buen Dios me eche del paraíso, a ésta me la como, vaya que si me la como. No voy a dejar ni rastro, hasta las rayas de su cuerpo, me voy a comer.

La serpiente: (sacando su lengua en señal de satisfacción) – Huelo a víctima, ésta ya ha caído en la tentación. Ya no se libra ni del mal, amén. Soy única, no se me resiste nadie. Primero, fue aquella ingenua de Eva que se dejaba engatusar con diez de pipas, y luego el cándido de su marido, de Adán, que a cambio de un besito de su mujercita, toma manzanazo y expulsión. Y ahora van a caer todos estos, empezando por la tonta de la pantera. Y luego a llorar cuando los echan, pero si es que os lo vais buscando, so lelos, os lo vais buscando, vosotros solitos.

La Cebra : (Llamando) - ¡Señora Pantera¡ ¡Señora Pantera! ¿Dónde se ha metido?

La Pantera : - ¿Qué donde me he metido? Estoy aquí, en el árbol encima de usted y creo que está usted hoy estupenda (relamiéndose)

La Cebra : - ¡Qué cosas tiene usted, señora pantera! ¡Qué cosas tiene usted! Bueno ¿por qué quería verme a estas horas?

La Pantera : - Por eso, para estar solas.

La Cebra : -¿Por qué me mira intensamente con esos ojos tan grandes? (Con voz entrecortada)

La Pantera : - Para verte mejor, querida

La Cebra : - ¿Y por qué estira usted tanto sus enormes orejas? (Con voz entrecortada)

La Pantera : -Para escucharte mejor, querida



La Cebra : (Bastante mosqueada) - ¿Y para qué saca usted esas enormes garras? (Con voz entrecortada)

La Pantera : (Con voz cada vez más amenazadora) – Para sujetarte mejor, querida.

La Cebra (Con un mosqueo que ya no se tiene en pie) – Recuerdas las palabras del Buen Dios ¿verdad? - (Tartamudeando y sospechando ya lo que la va a pasar)

La Pantera : -Pues parece que se me han olvidado un poquito.

La Cebra. (Por último) - ¿Y por qué tienes esa boca tan grande? – (Con voz cada vez más amenazadora)-

La Pantera : - Pues para que va a ser, ¿No te sabes el cuento? ¡Pues para comerte mejor...Grrrr! (Se lanza sobre el cuello de la cebra y en pocos minutos se la come)

La Pantera cae en un profundo sueño y se queda dormida en el escenario

La Serpiente : (Frotándose las manos) - ¡Otra que ha caído!

Se apagan las luces y después aparecen la araña, la mosca, la mariposa y la mariquita.

La araña: (Canturreando) - ¡Mariquita! ¡Mariquita! Ponte el velo y vete a misa, mariquita, mariquita…

La Marquita : - Ya está bien de tanto bacile. (Imita a la araña) Arañita, arañita.., ¿Por qué no vas tú solita? Ya estoy harta de esa cancioncita ridícula que me cantas cada vez que me ves… - (Con voz enfadada)

La araña: - Ven aquí, mujer, no te enfades; era sólo una broma. ¡Cómo te pones!

La Mariquita : (Se va acercando hasta que cae en la tela que previamente ha tejido la araña) – Pero… ¿Esto qué es? Suéltame de una vez. ¡Qué asco todos estos hilos están pegajosos.

La Mosca : - No se apure señora Mariquita, yo la sacaré de ahí. Esta araña es una bromista muy pesada.

La Araña (Riéndose estrepitosamente) – No me digáis que no es divertido.

La Mosca : (Empieza a tirar del cuerpo de la marquita, pero al final se queda ella también atrapada). – Divertido lo será para ti, - ¡gamberra!- no te digo. (Con autoridad) - ¡Venga sácanos de aquí de una vez! Ya te has pasao de graciosilla.

La Araña : - ¡No! Todavía no, todavía tienen que caer esas presumidas que revolotean por ahí, las mariposas. Mirad, mirad, que pote se dan, simplemente porque tiene unas alas con colorines, que el día que se las laven y se les destiñan, van a ser el hazmerreír del paraíso. Esas también tienen que caer.

La Mosca : - Pero, bueno. Se puede saber que es lo que te divierte. Ver a unos pobres insectos abatiendo sus alas dentro de tu tela hasta caer exhaustos. Eso es una crueldad.

Al momento, también caen las mariposas, que agitan sus alas desesperadamente desprendiendo todo el polvillo multicolor de sus alas.

Todas: - ¡Hala! ¡Hala! Moved las alas para otro lado que mira como nos estáis poniendo

La Mosca : -A mí me has embadurnado de color verde. Una mosca verde. Bueno, no estoy del todo mal.

La Mariquita : - Y a mí me han coloreado de rojo con puntitos negros.

La Araña : -Yo, menos mal que estoy aquí arriba del árbol y no me ha salpicado; las tontas éstas, parece que tienen el baile de san vito.

La Serpiente : - (Con voz zalamera) - ¡Araña, arañita! ¿A qué esperas? Ya los tienes atrapados. ¡Zámpatelos!

La Araña : (Poniendo cara de buena) - ¡Hombre, eso no! Son mis amigas. Yo me divierto con ellas, pero comérmelas, comérmelas… (Empieza a sentir el regusto de la tentación viendo circular la sangre por el interior de los cuerpos de sus amigas)

La Serpiente : - No me digas que no están apetitosas ¿eh? Mira a la mosca te la puedes comer de un solo bocado y está exquisita.

La Araña : (Dirigiéndose a sus víctimas, se relame y abre una boca grande enseñando dos poderosos colmillos.). – Venid, venid, dejad de moveros que me vais a romper mi obra de arte.

La Mariquita : - ¿Qué vas a hacer? ¡No lo hagas! ¡No lo hagas, que te pierdes! Tarjeta roja y expulsión. ¿Recuerdas?

La Serpiente : -¡Ni caso! Ésa es una ignorante, pero está muy buena. ¡Zámpatela! ¡Zámpatela!

La Araña : (Ataca a sus tres amigas y se las come) -¡Qué buenas están! Esto sí que es un manjar. ¡Uf! Qué sueño me está entrando, me dormiré un rato la siesta en la parte superior de mi tela mientras hago la digestión.

La Serpiente : - Otra que ha caído. Y luego dicen que el León es el rey del paraíso. Yo soy la verdadera reina. Todos me obedecen. (Regodeándose)





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Escena VI

No muy lejos de allí se encontraba el cocodrilo caminando hacia el río Tigris

Cocodrilo: - Hoy no he visto ni a la Pantera , ni al elefante ni al oso hormiguero, así que me voy yo solo al río a ver si hoy puedo encontrar un hueco y bañarme tranquilo. - Últimamente noto que los parásitos que eran antes mis inofensivos compañeros, ahora pican de lo lindo. Verás como los vea el Buen Dios.

La Serpiente : - ¡Mira cocodrilo!, - ¡mira cuantos animales están dentro del río Tigris! Y el río Eúfrates, está igual o mejor. Tú que buceas tan bien, que eres el mejor buceador de todo el paraíso, lo tiene a tiro para zamparte al que quieras con total impunidad. ¡Mira! ¡Mira cuantos Ñus van a cruzar el río! - Son tan tontos que siempre lo hacen por el mismo sitio y en las mismas fechas y son un manjar. Yo te lo garantizo. Ahí tienes comida segura para ti y para tus congéneres. No te cortes, a por ellos.

El Cocodrilo: - Pero eso no lo puedo hacer si lo hago el Buen Dios me expulsará a mí y a toda mi familia.

La Serpiente : - ¿Y cómo lo va a saber? ¡Eh! Si tú te los vas a zampar debajo del agua, nadie te verá, ni siquiera el Buen Dios que no sabe bucear.

El Cocodrilo: (Cada vez más decidido) – Hombre, visto así. La verdad, es que ya estoy harto de castañitas, algarrobas, manzanitas pasadas y maíz, demasiado maíz.

-Todo eso se me queda en un diente.

La Serpiente (Insistiendo) – Pues por eso, tonto. Ahora es tu oportunidad. ¡Adelante!

El Cocodrilo: (Introduciéndose lentamente en el agua) - ¡Caramba, qué fría está! Aquí no se ve nada, con el jaleo que arman esos Ñus, han revuelto el fango del fondo y no veo nada. -Allí parece que veo unas patas. ¡Caray! No eran patas, eran algas fétidas. Me iré para el otro lado.

La Serpiente : - Venga ya los tienes; ahí delante de ti. ¡Estás cegato! - Abre tu bocaza y trinca de una vez a ese Ñu que tienes delante.

El Cocodrilo: - ¡Caramba! Esto es más difícil de lo que yo creía. Ya me han atizado diez coces y veinte topetazos y aún no he podido comerme ni a uno solo. (Pausa) - Hombre, por fin, gracias a que éste se ha resbalado, lo he podido atenazar con mis poderosos dientes. ¡Ya no te escapas! ¡Qué rico está! ¡Cómo le crujen los huesecitos! ¡Y este riñoncito está exquisito! ¡Lo qué nos hemos perdido durante la eternidad!

La Serpiente : (Muerta de risa) - Je, je. Tú si que has caído. A otro que le van a sacar tarjeta y expulsión. ¡¡¡Qué mala soy!!! (Se va frotándose las manos)

Se oscurece el escenario, mientras se retiran los animales y entra el Narrador II









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Escena VII

Narrador II: (Dirigiéndose al público) - Y así, la serpiente fue tentando a todos y a cada uno de los animalitos del Paraíso Terrenal, sin quedar ni uno.

- De repente todo el paraíso terrenal. Se quedó a oscuras. ¿Qué había pasado? ¿El Buen Dios no había pagado la factura de la luz? ¡No! Nada de eso, se había producido un eclipse de Sol; el primer eclipse de Sol de la historia, y como los animalitos no sabían que era eso, pues se asustaron muchísimo, y se escondieron rápidamente en sus cuevas, nidos o madrigueras. En ese preciso instante se oyó la voz profunda del Buen Dios:

El Buen Dios: (Voz en off) - ¿Dónde estáis? (Formando eco) - ¿Dónde estáis?, estáis, tais, tais ¿Por qué os escondéis? Escondéis, escondéis, deis, deis ¡Decidme por qué no os levantáis! Levantáis, tais, tais

Todos los animalitos: (Canturreando la canción de Mecano, mientras se levantan perezosamente con posturas exageradas) (Un verso cada animalito)

Hoy no me puedo levantar,
el fin de semana me dejo fatal.
Toda la noche sin dormir,
bebiendo, comiendo y sin parar de reír
hoy no me puedo levantar.

Nada me puede hacer andar,
no sé que es lo que debo hacer.
Me duelen las piernas, me duelen los brazos, me duelen los ojos, me duelen las manos.
Hoy no me puedo concentrar



El Buen Dios: (Sale al escenario e interrumpe la canción) - ¿Cómo qué no os podéis levantar? El que tiene cuerpo para juergas y cachondeos, lo debe tener para arrimar el hombro al día siguiente. Así que andando; todo el mundo en pie o mando a mis Ángeles guardianes a por vosotros.

Todos los animales: ((Lanzando imprecaciones) - ¡Jo, que fastidio! ¡Con lo bien que se estaba en la madriguera! ¡Qué querrá ahora!

El Buen Dios: -Os he reunido aquí a todos porque me faltan animales; hoy mismo mis ángeles, que son los que llevan mi contabilidad, han hecho el balance y no les cuadra; Faltan más de ochenta animalitos en el paraíso. Así que “largando” venga. ¿Dónde están? ¿Dónde los habéis escondido? O mejor dicho ¿Quiénes se los han comido? Porque no pueden desaparecer sin más.

El Cocodrilo: (Mirando para otro lado y soltando la frase). – A lo mejor se han escapado, a lo mejor estaban hartos del Paraíso Terrenal, a lo mejor se han cansado de vivir eternamente. (Disculpándose). – No lo digo yo, son murmuraciones del Paraíso. -Lo han dicho también en el programa “Sucedió aquí” del programa “El Paraíso en directo”

El Buen Dios: - ¡Sí eh! Con tal de mentir, no sabes que inventar, cocodriliano. ¿Desde cuándo tenemos una televisión en el Paraíso, eh? (Pausa) Así ¿qué esas tenemos? Pues el que quiera marcharse que se marche, pero que sepa que luego no puede volver a entrar.

La Serpiente : (Muy respetuosa y pelotillera) - ¡Señor, Señor! Yo creo haber visto algo.

El Buen Dios: - ¿Tú? ¿Qué has visto dime? De ti no me fío ni un “ pelo” de mi cabeza.

La Serpiente : - Bueno ese secreto tiene un precio señor.

El Buen Dios: (Escamado) - ¿Un precio? ¿Qué precio? ¡Habla!

La Serpiente : (Jactándose) -Me nombraréis Reina de la Creación

La Jirafa (Dirigiéndose al elefante) – Ya te decía yo que esta tenía muchas pretensiones.

El Buen Dios (Medita durante unos segundos) - ¡Esta bien! ¡Concedido! Dime lo qué sabes.

La serpiente: - Pues que en tu maravilloso paraíso, que no es tan maravilloso, se han cometido varios crímenes, mejor dicho muchos crímenes, tantos crímenes que todos estos animalitos son unos criminales.

Todos: - (Abuchean a la serpiente y la llaman “chivata”)

El Buen Dios: (Con cara de espanto) - Eso no puede ser, Yo lo sabría.

La Serpiente : - Pues no te has enterado ni del NODO.

El Buen Dios: - Está bien Habla. ¿Qué crímenes se han cometido?

La Serpiente : - Bueno pues (titubeando) -¿Por quién empiezo? Bueno empezaré por la pantera, por tu pantera favorita que se comió a una cebra. ¿Qué te parece?

Todos los animales: (Exclamando y mirando a la pantera) - ¡oooh!

La Pantera : - ¡Chivata! ¡Acusica! ¡Arrastrá! Que eres una arrastrá.

El Buen Dios: -¿Quién más? ¡Habla!

La Serpiente : - También ese ser tan inteligente que creaste, la araña, se zampó a la mosca, a la mariquita y a todas las mariposas que pasaban por allí. A todas de un solo bocado.

Todos los animales: (Exclamando y mirando a la araña) - ¡oooh!

La Araña : -- ¡Chivata! ¡Acusica! ¡Arrastrá! Que eres una arrastrá.

El Buen Dios: (Indignado) -¡Continúa!

La Araña : - Podría contarte muchos casos, pero ya sólo me referiré al cocodrilo, sí ese que se pasa la eternidad llorando sin saber porqué. Ese ser inocente que arrastra su enorme panza por el suelo. Ése se comió a un despistado Ñu que pasaba por allí. Lo atacó a traición escondiéndose en el fondo del río.



Todos los animales: (Exclamando y mirando al cocodrilo) - ¡oooh!

El Cocodrilo: - ¡Chivata! ¡Acusica! ¡Arrastrá! Que eres una arrastrá.

El Buen Dios: -¡Esto es increíble! Cada uno ha utilizado las cualidades que yo les concedí: la astucia, el ingenio, la sagacidad, para lo malo, únicamente para lo malo.

- Está bien, tenéis hasta la puesta de Sol, para recoger vuestros bártulos y largaros de aquí todos inmediatamente; si no lo hacéis, mandaré a mis Ángeles, para que os echen del Paraíso a patadas. ¡Vamos, ya estáis tardando!

La Serpiente : - Mi Buen Dios y yo, - ¿cuando empezaré a reinar en tu Paraíso?

El Buen Dios: - Reinarás, como te prometí, pero lo harás en el reino de los animales inmundos y despiadados, donde habitan los traidores. ¿Es qué crees que no sé lo que hiciste el último verano?

La Serpiente : - Cumplir mi oficio de tentador

El Buen Dios: -Por eso, por eso. Tentaste a los humanos y aunque te eché una buena bronca y te dije que no se volviese a repetir. Tú ¡hala! En cuanto has tenido ocasión ¡A tentar se ha dicho! Y además a lo bestia. Antes eras al menos un poco más sutil. Así que todos fuera.

El Buen Dios saca un pequeño micrófono y da la orden.

El Buen Dios:- ¡Ángeles! Cumplid la misión (Como si llamara a los Ángeles de Charlie)

Tres Ángeles: - ¡A sus órdenes, señor! -(Se retiran como si fueran a buscar a los animales que deben regresar con ellos) -

Todos los animales: (Exclamando) - ¡Vaya fastidio! ¡Con lo bien que vivíamos aquí! Y todo por la chivata esa. ¡Ojalá se quede sin patas para el reto de su vida!

Narrador II: - Y dicho y hecho, la serpiente, perdió las cortas patas que le sevían para caminar de prisa; el resto de su vida lo tendría que hacer arrastrando su panza por el suelo.

Todos los animales van saliendo con grandes sollozos y exclamaciones del escenario. La última en salir debe ser la serpiente, que lo hará arrastrándose por el suelo. Detrás de ella, dos ángeles, harán gestos como que cierran la puerta de un castillo (Sería bueno utilizar un efecto del sonido de una cerradura vieja y herrumbrosa)



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Escena VIII

Epílogo



Narrador II: - Y esto es todo, señoras y señores; los animales también sucumbieron a la tentación de la malvada serpiente, la culpable de todos los males que aquejan a los seres vivos. Al salir del Paraíso Terrenal, todos los animales vivieron el tiempo que la naturaleza tenía estipulado para cada especie, según las leyes del Buen Dios.

Narrador I: (Subiendo de nuevo al escenario) -Bueno, basta ya, basta ya de tanta patraña. ¿Cómo hemos podido oír tanta estupidez? En primer lugar ¿Qué es eso de qué los Ángeles custodios se les quemaban las manos? En segundo lugar ¿Cómo es que el Buen Dios no se enteraba de lo que pasaba en su Paraíso si Dios lo ve todo? Y en tercer lugar ¿Cómo es que la serpiente habitaba entre los árboles del paraíso, si Dios la maldijo por lo que había hecho con los humanos y también había sido expulsada?

Narrador II: -¡Todo tiene explicación! ¡Todo tiene explicación! La serpiente, se había vuelto a colar en el Paraíso porque era muy astuta. Los dos Ángeles guardianes custodiaban el Paraíso, sí, pero al menor descuido ¡Zas! Gol por toda la escuadra.

Narrador I: -¡Imposible! ¿Con qué gol por toda la escuadra, eh? -Yo te voy a dar a ti gol por toda la escuadra. Haber, enséñame tus credenciales.

Narrador II: -¿Qué credenciales?

Narrador I: - En primer lugar, enséñame el nombre de la editorial o grupo periodístico al que perteneces.

Narrador II: (Poniendo cara de asombro) - yo, yo, yo, etc. (Titubeando)

Narrador I: Sí hombre, sí. Editorial Anaya, Diario 16, el grupo PRISA, etc. Tú ya me entiendes, La revista HOLA, SEMANA…

Narrador II: Pues no sé. Creo que al grupo editorial “El no va más”, je, je

Narrador I: ¡Qué gracioso! ¿Cómo se titula la colección de libros que representas?

Narrador II: Se titula, La historia interminable

Narrador I: ¡Pues así os van las cosas, sin poderlas terminar! ¿Tú sabes a quién represento yo?

-Pues yo represento ni más ni menos que a la Biblia. ¡Enséñame la tuya. (La observa detenidamente) ¡Ya lo sabía yo: APÓCRIFA!

Narrador II: (Poniendo cara de asombro) ¿Apo qué?

Narrador I: - Apócrifa, es decir falsa, más falsa que un billete sin estampas. Mira la mía. ¿Qué pone ahí? LA BÍBLIA , SAGRADAS ESCRITURA. (Presumiendo)

Narrador II: - Bueno ¿Y qué? Eso también lo puedo poner yo, pero ¿Y el libro eh? En qué libro cuenta la historia verdadera?

Narrador I: -¡Mira! Aquí, ¡Berzotas, aquí! Léelo tú mismo, ignorante.

Narrador II: (Leyendo) GÉNESIS. Aquí pone “Génesis”

Narrador I: Efectivamente. En el Génesis viene toda la narración que el Buen Dios nos quiso transmitir. ¿Qué título pone en la tuya? ¿Y el autor? ¡Dime! ¿Quién es el autor de tu historia?

Narrador II: Pues pone. Espera que no me he traído las gafas de ver de cerca; Creo que pone: La historia envidiable o la historia inevitable, ¡Ah no! La historia interminable. Y el autor, creo que pone: Michael Andreas Helmut Ende ¿Y en el tuyo?

Narrador I: ¡Ah, listo! En mi historia el autor, está bien clarito y además es bien conocido. Se llama, o mejor dicho, se llamaba Moisés. ¿Te suena? A qué sí, no como el tuyo, que no lo conoce ni su padre.

Narrador II: -Sí, algo me suena. Fue el primer navegante ¿no?

Narrador I (Poniendo cara de incredulidad) -¡Con qué, navegante, eh!

Narrador II: -Sí, navegó en una cesta de mimbre, pero por poco tiempo porque lo cogió una princesa que se enamoró de él.

Narrador I: -Está visto que no tienes ni idea. Moisés, fue el autor del libro del Génesis, so mameluco. ¡Anda quítate de mi vista, y no vuelvas a pecar! Digo a dudar.

Narrador II: (Se retira, con las manos en posición de oración y pidiendo perdón al Narrador I) -¡Perdón, perdón, perdón!…

Narrador I: Sí, disculpen a ese ignorante. Todo lo que os ha contado es una patraña; os ruego que lo perdonéis.

-La verdadera historia es la que yo os he contado. (Se queda escuchando como si le hablaran por un audífono) - ¡Ah perdón!, me dicen por el pinganillo, que yo no he contado ninguna. ¡Perdonad!, esta memoria mía, va de mal en peor. Bueno la que yo os iba a contar, seguro que la sabéis todos, así que para que os la voy a repetir. Leeros eso del paraíso, Adán y Eva, la manzana, la serpiente, Caín, Abel y todo lo demás y si lo ordenáis todo debidamente, seguro que comprenderéis la historia.

- Yo por mi parte, me voy a descansar, que ya me he cansado bastante con ese ignorante.

(Se va discutiendo con una imaginaria serpiente) – Qué te digo que no! ¡Qué mi jefe se daría cuenta! ¡Ya! ¡Ya sé! qué sólo son unos cuantos euros, pero que yo no me pringo por tan poco, ¡tía!

¡Será pesá la serpiente ésta! ¡Qué lleva todo el día detrás de mí!. ¡Ya te podías haber quedado en el Paraíso para siempre, guapa!



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(Se cierra el telón)

FIN

Guión u Obra teatral para niños: La Cerrillera

Teatro Infantil

Teatro para niños

Guiones infantiles, guiones para niños, guiones para alumnos de primaria

Obras teatrales para representar o dramatizar con grupo de niños y alumnos


Adaptación teatral: José Luis Marqués Lledó

Escena I

Sale al escenario el narrador o narradora, parece que lee un libro o un periódico y está entusiasmado con la lectura. Muestra un rostro lleno de felicidad. De repente, levanta la cabeza y mostrando una cierta sorpresa, se encuentra con el público. Le ilumina solamente un foco o cañón de luz; el resto del escenario debe permanecer en penumbra. En esa penumbra estarán los personajes que ambientan le primera escena, sin moverse, como paralizados.

Narrador: Hombre, ¿Están ustedes aquí? Pues me alegro mucho, Ante todo, ¡FELICES NAVIDADES!. Venía observando, en este periódico, los anuncios navideños, y me alegro mucho por haberles encontrado, pues nadie mejor que ustedes, para comentarlos.

Pasado mañana (Se contarán los días que faltan) se celebra en el Mundo, primero la Nochebuena y después la Navidad. Pero, según lo que observamos, cabría preguntarse: - ¿qué es la Navidad?- Es la celebración del nacimiento del niño Jesús, me dirán ustedes. Algo así como su cumpleaños. Sí claro, pero ¿y qué más? - Hombre, pues la alegría de que Jesús ha nacido. Bueno, eso viene a ser lo mismo. En definitiva, la gente habla del espíritu navideño en estas fechas ¡Qué bien nos queda esa palabra! ¿Y eso qué significa? Me pregunto yo. A lo mejor ustedes tienen la respuesta.

¿Tal vez amor, paz, fraternidad? ¿Es eso … Pero yo sigo viendo a mi alrededor: guerras, hambre, miseria, enfermedades, catástrofes, sufrimiento, rencores, envidias, crímenes…¿Dónde está entonces el espíritu de la Navidad?

Y además, aunque ese día fuéramos muy felices. ¿Ustedes creen, que en el supuesto caso de que Jesús hubiese venido al Mundo a traernos la felicidad, se conformaría con traérnosla, solamente para un día? ¿El veinticuatro de Diciembre? No, yo creo que no. Algo falla aquí, y yo quiero que todos vosotros reflexionéis conmigo sobre este asunto tan serio. ¡No!, no os preocupéis, no os voy a preguntar por vuestras conclusiones; esas quedan para vosotros.

Mirad, en el siglo XIX, un gran escritor de cuentos: Hans Cristian Andersen que nació en la ciudad de Odense, en Dinamarca, un 2 de abril de 1805 , ya tuvo una visión, bastante realista de lo que era al principio la Navidad y en lo que se había convertido en sus días. Su profunda reflexión, le llevó a escribir un hermoso cuento que muchos conoceréis: “La vendedora de cerillas”, también conocida posteriormente como: La cerillera”. Pero podía haberse llamado:”El mendigo que nunca conocí” o “Mi vecino es muy pobre” o “El país de los necesitados”, por ejemplo.

En este cuento, se analiza en profundidad “El espíritu de la Navidad” y el “Egoísmo humano”. Así que, mis queridos amigos, niños y niñas, padres, madres, abuelitas o abuelitos, profesoras y profesores y cualquier persona que esté ahora mismo sentada aquí y contemple el cuento, va a presenciar uno de las más hermosas historias que jamás se hayan escrito, pero además, debéis saber, que este cuento, nunca se escribió con la intención de distraernos, divertirnos o hacernos pasar un buen rato, no, se escribió para, hacernos pensar. La conclusión que saquéis cada uno de vosotros, será sólo vuestra. Y también será solo vuestra, la reacción que provoque en vuestros corazones.

(Se oscurece el escenario y desaparece el narrador. Música de fondo)

(Se enciende el escenario de nuevo, y los personajes cobran vida. Se debe oír un villancico de fondo. Los personajes deben ir cargados de regalos y deambular de un lado del escenario a otro. En medio una niña con aspecto harapiento, está intentando vender cajas de fósforos o bengalas)

Señora con niña: ¿Qué te ha dicho Papá Noel? ¡Bah! Lo que me dice todos los años. Qué si he sido buena, que si he sacado buenas notas, Qué que me he pedido. Ya me lo sé de memoria, no entiendo como me sigues trayendo aquí todas las Navidades, “mamuchi”.

La Cerillera (Tiritando de frío) ¡Señora, señorita! Cómprenme un fósforo de la suerte, para adornar la alegría de la Navidad, por favor.

Niña: ¡Qué sucia y harapienta vas! No sé como sales así a la calle en un día como hoy. ¡Afeas la Navidad!

La Cerillera: Lo siento señorita, pero es que no tengo nada mejor que ponerme. Para colmo, he perdido las zapatillas que me dio mi papá, porque me venían muy grandes.

Señora: Lo siento niña, ya hemos gastado mucho en regalos y no vamos a gastar más en… ¡bengalitas!

La Cerillera: Pero si sólo cuesta un penique.

Señora: No, niña, ya te he dicho que no, no seas pesada. (Madre e hija siguen caminando y desaparecen del escenario)

Un caballero: Feliz Navidad, señor, tengo unos fósforos que proporcionan la felicidad a quien los enciende y se ven cumplidos sus deseos. ¿Quiere comprarme alguno, señor?

Un caballero: ¡Bah! Paparruchas, nunca creas esas tonterías, niña, ni se las hagas creer a los demás. Eso son cuentos de hadas.

La Cerillera: ¡Es verdad, Señor, estas cerillas son diferentes; pruébelas y lo comprobará. Me las dio mi abuela, hace tres años, poco antes de morir. Yo no las quería vender, pero mi padre me ha obligado. Somos muy pobres.

Un caballero: Lo siento criatura, pero yo no voy a comprar algo inservible; en la vida hay que ir a lo práctico. Yo sólo compro lo que necesito. No vivo de ilusiones vanas. (Agachándose y poniéndose a su altura). - ¿Sabes lo que sería muy práctico para ti en el día de hoy, querida? Recoger tus cerillas y regresar a tu casa; allí al menos estarás calentita.

La Cerillera: Pero yo no puedo hacer eso, señor, mi padre me pegaría, me ha dicho que no regrese hasta que no las venda todas y sin faltarme un solo penique, Señor.

Un caballero: En tal caso, lo siento, pequeña, debo irme, a mí sí me espera en casa, mi familia con una suculenta cena en la mesa. No tengo tiempo que perder. Lo siento.

(Un grupo de mozalbetes, rodean a la cerillera, y entre empujones y risas la tiran al suelo y le cantan esta canción)

A esta calle hemos llegado

Todos juntos y en tranvía,

Y nos hemos encontrado

A esta niña sucia y fría.

Ande, ande, ande,...

La Cerillera: (Se levanta como puede, pero sin llorar) - ¡Niños!, ¡niños! – Les llama -¿Me compráis un fósforo de la felicidad? Por favor… (Corre detrás de ellos, pero, los niños, ya no la escuchan)

Mendigo: (Se acerca a la niña) - ¿Qué vendes?

La Cerillera: Vendo cerillas de la felicidad, pero nadie me compra y no puedo regresar a casa hasta que no las venda todas.

Mendigo: ¡Pobre niña! Yo hoy he recaudado 8 chelines, no está nada mal para desafinar tanto, con mi vieja guitarra. Pero con lo que he sacado, ya tengo suficiente: Me he comprado un pan relleno de bonito y dos peras de agua. Me sobran aún… (Metiéndose las manos en el bolsillo y sacando unas monedas), 6 peniques, así que puedo comprarte 6 cerillas de la suerte. ¡Venga, aquí tienes a tu primer cliente! Y ahora, te vas a casa con tus 6 peniques, y le dices a tu padre que no has podido vender más o que se te ha perdido el resto y si no, que venga él.

La Cerillera: Muchas gracias, tienes un corazón de oro, pero yo no puedo aceptar eso de ti. Tú eres tan pobre como yo, y también lo necesitas.

Mendigo: ¡Qué va! Eso son los ricos, que por mucho que tengan, siempre necesitan más. Si tienen un coche, necesitan uno mejor y si ya tienen uno mejor, desean otro mucho mejor y como no tienen límite, nunca son felices. Viven de las apariencias, pero nosotros no, pequeña. Nosotros somos felices con vivir un día más y somos felices con lo necesario: un plato de comida y una casa que nos cobije, ¡ese es nuestro tesoro! Así que toma los seis peniques, que a mí me sobran, pero me tienes que dar seis cerillas, un trato es un trato.

La Cerillera: (Con lágrimas en los ojos, le da las gracias y le besa la mano) Adiós, feliz navidad, siempre me acordaré de ti. Eres el alma más generosa que he encontrado jamás. Tú eres el verdadero espíritu de la Navidad

Mendigo: Y tú también, querida, y tú también. Por favor vete para casa, ya casi no hay nadie por la calle y te vas a congelar. Hazme caso. Tu padre lo comprenderá.

La Cerillera: Gracias, muchas gracias, pero voy a aguantar un poquito todavía, a ver si tengo suerte. Me cobijaré en aquel soportal y esperaré a algún transeúnte que pase por aquí; todavía no es tarde.

Mendigo: Bueno, como quieras, ya no te insistiré más. Feliz Navidad, pequeña.

La Cerillera: ¡Feliz Navidad, Señor!

Narrador: (Voz en off) La cerillera, se fue quedando sola, sola por completo, le ofrecía sus cerillas a algunos de los pocos transeúntes que pasaban, pero ellos rechazaban una y otra vez la oferta, hasta que ya dejó de pasar gente por la calle. Fue entonces cuando la chiquilla, se recostó sobre el quicio de un portal, sentada en una escalinata y se intentó cubrir con su raída toquilla para resguardarse del intenso frío.

(Se va apagando el escenario poco a poco, hasta quedar a oscuras. Se echan cortinas)

Como sugerencia, se podrían representar las escenas siguientes, proyectándolas con diapositivas, mientras la cerillera ocupa un rincón del escenario, bien con una bengala o con una linterna de tubo.

Si no tenemos proyector se tiene preparada una mesa con platos, un árbol navideño y un fondo con papel continuo blanco. Cada cosa para una escena. La estufa, se puede hacer con una caja grande pintada imitando ladrillos y dentro papel celofán rojo y amarillo.

Escena II

(Se abren cortinas y se enciende un foco que alumbra a la cerillera)

La Cerillera: (Tiritando y frotándose las manos) Si pudiese abrigarme con algo. – Debo encender un fósforo, al menos me calentará un poquito mis ateridas manos. « ¡Ritch!». ¡Qué calorcito! ¿Y qué es lo que veo? Una mesa, repleta de manjares: pavo, cordero, pescado de varias clases y confituras, todo tipo de confituras y pasteles; se me hace la boca agua.

El padre: Queridos, feliz Navidad. Ya podemos comenzar. ¡Águeda, comience a servir ya la cena! Todo tiene muy buena pinta, ¿verdad niños?

Niño: (Poniendo voz de niño mimado) A mi no me gusta el pavo, ni el cordero, ni el pescado, ya lo sabes. Yo sólo quiero pasteles, turrón, y polvorones.

El Padre: Ernesto, tienes que comer de todo. No únicamente los dulces.

Niño: (Comenzando una pataleta) No, no y no, he dicho que no quiero.

Niña: Pues yo tampoco; todo eso engorda mucho y luego mis amigas me dicen que estoy hecha una vaca.

Niño: (Se ríe de su hermana, mientras ésta le echa una mirada furibunda)

Madre: ¡Cuantos niños, en el Mundo, no tienen nada que comer y vosotros despreciáis la comida que nos otorga nuestro Señor.

Niña: ¡Que pesada mami! Siempre estás con eso: ¡Que si otros niños no tienen nada! ¡Que si no comen! Pues que coman. ¡A mí que me cuentas! (Se levanta bruscamente, tirando la silla y desoyendo, las recomendaciones de sus padres.)

El Padre: Estamos educando muy mal a estos niños; son muy caprichosos.

La madre: Yo ya no sé que hacer con Elizabet, tiene unos dieciséis años inaguantables.

(Se apaga la cerilla)



La Cerillera: ¡Qué pena me dan! No saben valorar lo que tienen! Yo sería feliz con el trozo de pan que se le ha caído a la niña al levantarse, o con el hueso que se está comiendo el perrito. ¡Qué rico debe estar!

Debo encender una nueva cerilla, el frío es muy intenso. (Dicho y hecho, la niña enciende una nueva cerilla) ¡Qué maravilla! Qué chimenea, cuantos leños ardiendo al mismo tiempo. ¡Que calentito se debe estar ahí! - (Dentro se debe observar a la misma familia anterior) - Voy a arrimar mis manitas a la ventana, a lo mejor me llega algo de calor.

(Al intentar arrimar las manitas, se le cae el fósforo y se le apaga quedándose a oscuras, encontrándose de nuevo ante la fría e inhóspita calle.)

(Temblándole la voz) - Tengo que encender un nuevo fósforo y ver si me puedo calentar en esa maravillosa estufa. «¡Ritch!» (Se ilumina una nueva estancia)

¡Oh! Qué árbol de Navidad! Es como los que aparecen en los escaparates de los grandes almacenes. ¡Cuantas luces! Todo lleno de colgantes brillantes, estrellas, figuras navideñas y bajo él… ¡Cuántos regalos! (La misma familia)

La madre: Comencemos a abrir los regalos, niños.

Niño: Yo primero, que para eso he llegado antes.

Niña: ¡De eso nada, yo primera, que soy la mayor!

Niño: ¡de eso nada, lista! Tú siempre quieres ser la primera en todo. ¡Egoísta!

Niña; ¡Egoísta tú. Niño mimado, que eres el mimado de la familia.

Niño: ¡Papa! ¡Mamá! Mi hermana me está insultando.

El Padre: ¡Bueno, ya está bien! Un día como hoy y ¿también os vais a pelear? No tenéis arreglo. Ahora los vamos a abrir primero, tu madre y yo.

La madre: Bueno, déjalos, querido, que ya se van a portar bien. ¡Venga Ernestito, coge tu primer regalo.

Niña: ¡Claro! Él, el primero como siempre. El niño, es el niño.

Niño: Y la” repipi” de mi hermana, la segunda, ¡fastídiate!

Madre: ¡Ya está bien! ¡A qué cerramos la habitación y aquí no coge sus regalos nadie! ¡Pues vaya unos niños más desobedientes! (Siguen discutiendo mímicamente)

La Cerillera: No entiendo nada: Tienen unos padres maravillosos, les dan de todo, una hermosa casa, no les falta nada de comer, tienen unos regalos increíbles, y no son felices, porque no lo son, de lo contrario, no se pelearían continuamente.

¡No lo entiendo! ¡De veras que no lo entiendo! - (Entre lágrimas) - Sólo el cariño de esos padres, me harían sentirme enormemente feliz, aunque no tuviese regalos. ¡Oh! Otra vez, se me apaga la cerilla. Cada vez duran menos. - (La cerillera se echa a llorar)

Voz en off del narrador: La cerillera se encontró de nuevo en la calle y como único techo, el cielo estrellado

La Cerillera: - (Mirando al cielo) - ¡Oh que maravilla! Una estrella fugaz. Mi abuelita me contaba que una estrella fugaz, representa a una persona que acaba de morir en este momento, y su alma va al encuentro del Señor. ¡Ojala fuera yo! - (La cerillera se dio cuenta entonces, que había gastado casi toda la caja de fósforos; tan solo le quedaba uno)

Encenderé el que queda o me congelaré. « ¡Ritch!»., - La cerilla ardió en todo su esplendor, y al hacerlo se iluminó una preciosa estancia blanca con las paredes cubiertas de tules del mismo color.)

¡Qué espectáculo tan precioso! Esto parece el Cielo, que luz más intensa, qué paz y serenidad. Aquí me siento muy feliz. ¡Dios mío, déjame en este lugar. Aquí no se pasa frío; ya no me quedan más cerillas para calentarme y no puedo volver a casa sin ellas. ¡Pero qué veo! Es mi abuelita, mi abuelita querida. ¡Cuánto te he echado de menos, abuelita! ¡Qué sola me quedé cuando me dejaste! ¿Por qué me dejaste, abuelita?

La Abuela: Te dejé mi querida nieta, para preparar un lugar en este sitio para las dos, querida. Aquí ya no pasaremos más frío, ni hambre, ni soledad. Ya nada nos separará. Estaremos juntas y felices para siempre. Aquí sólo encontrarás almas caritativas, almas gemelas a ti, cariño, almas que no ambicionaron nunca nada en la vida, que no envidiaron nada de nadie, que fueron felices en lo poco, que eran ricas en generosidad con los demás, como tú querida, por eso son ángeles, igual que tú. (La abuelita se va acercando poco a poco a la cerillera mientras pronuncia las anteriores palabras, hasta agacharse y ponerse a la altura de la niña)

La Cerillera: ¡Qué buena eres abuelita. Yo sé que estás prolongando mi sueño y mi felicidad antes de volver a la frialdad de la noche, pero yo sé muy bien, mi querida abuelita, que, por desgracia, en cuanto se apague mi último fósforo, volveré a la realidad: al frío, al hambre, al desprecio de los demás. (Aquí debe hacer una pausa, como si reflexionara consigo misma) Aunque, es muy curioso, abuelita, no siento ningún rencor hacia nadie, yo los perdono a todos, porque sus pobres corazones están cerrados, están ciegos. No son felices con nada. Me dan mucha pena.

La abuela: No, nietecita, ya no volverás más a ese mundo, ese mundo ya no te pertenece. Tú, residirás para siempre junto a mí en este lugar, y serás muy feliz, ya lo verás. Me guiarás en lo sucesivo, porque tú eres un Ángel, un Ángel muy grande.

La Cerillera: Pero, ¿y papá y mamá? Debo volver y explicarles lo que me ha ocurrido, aunque sé que papá se va a enfadar mucho conmigo, lo sé.

La abuela: No, cariño, tú ya no volverás allí. Ellos sabrán arreglárselas perfectamente sin ti. Tú ya les has servido bastante, ahora que se busquen a otra. Pero si podrás ayudarles desde aquí, haciéndoles comprender la sinrazón del egoísmo humano

La Cerillera: ¡Qué buena eres abuelita! Pero mi fósforo está a punto de apa…

La abuela: (Interrumpiéndola) - Mira tus manos, ¿qué ves?

La cerillera: No tengo ningún fósforo en ellas, abuelita, y no ha desaparecido mi sueño y…Pero qué es esto? ( Se apagan las luces del escenario o se echan cortinas) Que maravilloso vestido blanco. ¿De donde ha salido? Esto no puede estar ocurriendo, seguro que sigue siendo un sueño. Pero si parezco un ángel. (Se dará un tiempo con las luces apagadas, para que la niña pueda ponerse encima un vestido blanco)

La abuela: Eres un ángel. Te lo has merecido, tu bondad te ha elevado a la categoría de Ángel. Sólo los seres como tú lo son. Por eso todos están en el Cielo, en la Tierra, no hay ninguno. Recuerda, Jesús dijo: Mi Reino no es de este Mundo, y ese Mundo del que hablaba Jesús, era la Tierra, de la que tú vienes.

La Cerillera: Entonces, abuelita, ¿esto es el Cielo?

La abuela: Si querida, esto es el cielo. Aquí no hay hambre, ni dolor, ni frío, ni muerte, Aquí sólo existe la felicidad. ¡Anda ven conmigo que yo te enseñaré todas estas maravillas!

Narrador (Voz en off) La abuelita cogió de la mano a la cerillera, a su nietecita querida, y se la llevó a conocer la felicidad, después de las penurias pasadas.

Escena III

(Aparece la misma calle concurrida de la primera escena)

Dos señoras: Aquella niña parece dormida, se va a congelar. Vamos a despertarla para que se vaya a su casa.

Una señoras: ¡Dios mío, está fría como el hielo! ¡Está muerta! ¡Esta niña está muerta! ¡Socorro! ¡Socorro! Qué alguien nos ampare. Llamad a un médico.

La otra señora: No, no es necesario, está muerta. Hay que llamar a la policía para que localice a su familia.

(Poco a poco la gente se va arremolinando)

Un señor: Juraría que esta niña, era la que anoche nos vendía cerillas, y yo la aconsejé que se fuera a su casa.

Señora con niña: (Tapándole los ojos a su hija). Sí, esta niña estaba anoche por aquí. ¡Qué padres más desaprensivos!

Otra señora: ¡Qué barbaridad! Dejad a una niña sola en mitad de una noche como ésta.

Otro señor: ¡Mirad! Pobre chiquilla, ha consumido todos sus fósforos para poderse calentar. ¡Qué ingenuidad! Esta noche, han dicho que hemos estado a doce grados bajo cero, ¡querer calentarse con unos pocos fósforos!

Mendigo: ¡Vergüenza! ¿No les da vergüenza? Anoche, esta niña estaba junto a ustedes. Sí, ahí mismo, donde está usted. La podían tocar con las manos y ni siquiera la vieron. Algunos de ustedes no notaron su presencia, pero lejos de arrepentirse, culpan a otros para descargar sus conciencias. Les vendía unos pocos fósforos, unas cerillas, por un simple penique. ¿Qué es para usted un penique, señor? - (El señor agacha su cabeza sin contestar) - ¿Y para usted? ¿Cuánto ha gastado en regalos superfluos estas navidades señora?- (Nadie contesta) - Ella sólo pedía un penique, un simple penique, y no para regalos, ni para juegos, como lo malgastan ustedes en caprichos innecesarios, sino para poder regresar a su casa y poder comer una sopa caliente con su familia.

(Todos guardan silencio avergonzados y bajan la cabeza; todos menos uno)

Joven: Más culpa tendrán sus padres. ¿No?

Mendigo: No, joven, más culpa no, la misma. Ellos por explotar a una niña en su propio beneficio, y todos nosotros por ignorarla y no ayudarla. ¿Han pensado cuántas personas necesitadas como ella, pasan por nuestro lado, o nos piden una pequeña limosna y las ignoramos? Todo esto debe caer sobre nuestras conciencias y hacernos reflexionar. La Cerillera ya no puede vivir, pero desde el Cielo, se lo agradecerá. Háganlo por ella.

- (A continuación el Mendigo, se va lentamente del escenario, siendo observado por todos los demás a quien ha dejado con la boca abierta)

(Mientras tanto, dos enfermeros vestidos de blanco, cubren con una sábana el cuerpo yacente de la pobre niña. Después, lo levantan entre varios y lo retiran. A la vez se va apagando el escenario, que va quedándose con luces rojas o azules y todos los transeúntes, vuelven a quedar paralizados en la escena)

Fin